CAPÍTULO 14 — La asamblea extraordinaria #2
—Bazkide maiteak... Compañeros y compañeras socios de trabajo —comenzó el presidente con la voz quebrada por la emoción—.
Damos comienzo a la Asamblea General extraordinaria de Fagor Ederlan convocada con carácter de urgencia máxima.
El orden del día consta de un único punto monográfico: análisis de la situación de liquidez a corto plazo provocada por el vencimiento de la serie de pagarés comerciales del Mercado Alternativo de Renta Fija y adopción de acuerdos societarios para la preservación de la continuidad productiva de nuestros talleres.
Un silencio sobrecogedor cayó sobre el auditorio. Nadie se movió; nadie tosió.
—Como todos sabéis a través de las circulares internas remitidas en las últimas cuarenta y ocho horas —continuó Urretabizkaia secándose el sudor de la frente con un pañuelo de hilo—, la cooperativa afronta una reclamación ejecutiva por importe de ciento ochenta millones de euros derivada de los títulos de deuda comercial suscritos para financiar la modernización de los hornos de inducción de Eskoriatza y las nuevas líneas de mecanizado de automoción.
El consorcio financiero tenedor del setenta por ciento de dichos pagarés ha notificado formalmente su negativa a prorrogar los vencimientos que expiran mañana lunes a las doce del mediodía, exigiendo el desembolso íntegro del principal más los intereses devengados bajo apercibimiento de solicitar la declaración inmediata de concurso de acreedores necesario y la liquidación judicial de nuestros activos industriales.
Una exclamación de angustia contenida recorrió las filas delanteras, donde se agrupaban los veteranos de fundición:
—El Consejo Rector ha agotado durante el fin de semana todas las vías de intermediación con el Instituto Vasco de Finanzas, con el Gobierno Vasco y con las entidades bancarias tradicionales —añadió el presidente con la voz apagada por la amargura—.
La respuesta ha sido unánime: sin una inyección urgente de liquidez o sin una garantía soberana que Lakua no puede otorgar por restricciones de la normativa comunitaria sobre ayudas de Estado, el sistema financiero no asumirá el riesgo de refinanciar una deuda de esa magnitud.
En estas condiciones, el deber fiduciario del Consejo Rector nos obligaría a someter a vuestra consideración la apertura de la fase de liquidación ordenada para evitar responsabilidades societarias personales sobre el patrimonio de los socios.
Las palabras de Urretabizkaia cayeron como una maza sobre la asamblea.
Varios socios mayores hundieron el rostro entre las manos; una ingeniera de producción sentada en la tercera fila comenzó a sollozar en silencio, mientras una marea de indignación y desesperanza empezaba a propagarse por los fondos del anfiteatro.
El inspector Gorka Atxaga descendió del furgón para realizar una última ronda visual alrededor del perímetro del auditorio.
A través del cristal tintado, Ainara observó cómo el veterano policía foral intercambiaba unas breves palabras en euskera con el sargento de la patrulla motorizada estacionada frente a la entrada del Paseo Arizmendiarrieta.
Había una calma tensa en los movimientos de los agentes, esa actitud vigilante que solo se adopta cuando se sabe que el adversario no viste pasamontañas ni porta armas cortas bajo la gabardina, sino que opera con credenciales bancarias de primera categoría y despachos jurídicos capaces de movilizar querellas millonarias en cuestión de minutos.
Ainara se volvió hacia Amets Ibarra, que repasaba febrilmente con un rotulador fluorescente los tres folios del orden del día extraordinario:
—Amets, cuando subas al atril, no te limites a desglosar las cifras de tesorería —le advirtió Ainara con voz suave pero firme—.
La gente que está sentada en esas butacas no necesita que les expliquen lo que es un pagaré o cómo funciona el Mercado Alternativo de Renta Fija.
Llevan cuarenta y ocho horas escuchando rumores de liquidación, de despidos masivos y de quiebra inminente.
Lo que necesitan escuchar de ti es que el modelo cooperativo tiene resortes propios para defenderse sin arrodillarse ante nadie.
Si muestras una sola duda, si dejas que el miedo del presidente del Consejo Rector contagie a las bases, la asamblea se fracturará en diez corrientes distintas y Deschamps tendrá el camino libre para imponer su convenio de dación en pago.
Amets levantó la vista, sosteniendo la mirada de la fiscal con una intensidad que reflejaba la madurez precoz de quien ha crecido entre asambleas de taller y debates sindicales:
—Mi padre pasó treinta y cinco años en la sección de moldes de Eskoriatza, Ainara.
Murió hace tres años con los pulmones castigados por el polvo de sílice y el humo de la fundición.
Nunca pidió un aumento individual ni exigió privilegios sobre sus compañeros de turno.
Cuando Fagor Electrodomésticos cayó en dos mil trece, él fue de los primeros en votar a favor de reubicar a los socios excedentes en Fagor Ederlan y en Copreci, aceptando rebajarse el anticipo laboral durante cuatro años consecutivos para que ninguna familia del valle se quedara sin pan en la mesa.
Esa es la cultura que Deschamps y sus fondos buitre no entenderán jamás.
Para ellos, una empresa es un limón que se exprime hasta sacarle la última gota de rentabilidad antes de arrojar la cáscara a la papelera.
Para nosotros, esta fábrica es el patrimonio común que nos dejaron nuestros abuelos y el único futuro que podemos legar a nuestros hijos.
No voy a titubear en ese estrado, fiscal. Te lo juro por la memoria de mi padre.
♦ ♦ ♦
Antes de que el presidente del Consejo Rector pudiera dar la palabra al secretario para la lectura técnica de los balances de liquidación, las puertas dobles de roble del acceso noble del auditorio se abrieron de par en par con un estruendo metálico que hizo que mil doscientas cabezas se volvieran al unísono hacia el fondo de la sala.
Por el pasillo central avanzaba una comitiva de siete personas que caminaba con la seguridad insolente de quien se sabe dueño del dinero y de las voluntades ajenas.
Al frente marchaba Sylvain Deschamps. El gestor fiduciario de Atalante Capital vestía un abrigo de cachemira gris marengo sobre un traje a medida de Savile Row de raya diplomática azul noche, con camisa blanca de cuello italiano y corbata de seda burdeos sujeta por un pasador de platino.
Su porte esbelto, su cabello rubio peinado hacia atrás con gomina cara y su sonrisa gélida y desdeñosa contrastaban de manera insultante con los jerséis de lana basta y las chaquetas de faena de los trabajadores que abarrotaban las butacas a ambos lados del pasillo.
Flanqueaban a Deschamps cuatro socios principales del bufete mercantil madrileño Garrido & Asociados, ataviados con abrigos oscuros y portando maletines de piel repujada con cierres dorados de combinación numérica.
Cerraban la comitiva dos corpulentos escoltas privados con auriculares de espiral transparente y chaquetas abultadas en el costado derecho, cuyos ojos de halcón escrutaban las gradas con una hostilidad profesional mal disimulada.
El murmullo de los cooperativistas se transformó en un zumbido ensordecedor de reproches y abucheos.
—¡Fuera! ¡Fuera de aquí! —gritó un forjador corpulento desde la quinta fila, poniéndose en pie con el puño en alto—. ¡Buitres! ¡Ladrones de guante blanco!
Deschamps ni siquiera se molestó en mirar hacia las gradas.
Siguió caminando con paso firme y ceremonioso sobre la moqueta roja del pasillo central, ascendió los cuatro peldaños de madera que conducían al escenario presidencial y se detuvo a menos de dos metros de la mesa del Consejo Rector, clavando su mirada de acero azulado en el rostro descompuesto de Joseba Urretabizkaia.
Uno de los abogados madrileños dio un paso al frente, extrajo una carpeta de tafilete negro y alzó la voz con un tono procesal impostado que resonó en los altavoces de la sala:
—Señores miembros del Consejo Rector: comparece en este acto don Sylvain Deschamps, en su condición de consejero delegado de Atalante Capital Partners y presidente del comité director del sindicato de acreedores tenedores del setenta y uno coma cuatro por ciento de los pagarés de Fagor Ederlan en circulación.
En ejercicio de las facultades que le confieren los artículos mil ciento veinticuatro del Código Civil y los estatutos de emisión registrados ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores, solicita formalmente el uso de la palabra para trasladar una comunicación ejecutiva de carácter indeclinable a este plenario.
Joseba Urretabizkaia titubeó, buscando con la mirada el auxilio de los letrados de la cooperativa, quienes permanecían mudos y paralizados en sus asientos:
—Esta es una asamblea soberana de socios de trabajo, señor Deschamps —balbuceó el presidente con escasa convicción—. Su presencia no está autorizada en el orden del día.
Deschamps sonrió con una frialdad casi compasiva, dio un paso adelante y apartó con un leve movimiento de sus dedos enguantados el micrófono de Urretabizkaia, acercándose a la solapa el micrófono inalámbrico que uno de sus letrados acababa de conectar a la megafonía tras intervenir la toma auxiliar del estrado.