CAPÍTULO 8 — La llamada de Biarritz #4
—No me interesan los recursos de tus abogados suizos, Henri —dijo Sorokin con una sequedad que cortaba como una lámina de hielo—.
Me interesa el calendario de ejecución de los títulos de deuda.
He comprometido doscientos cincuenta millones de euros en la adquisición de los pagarés de las cooperativas auxiliares a través de nuestros compartimentos fiduciarios en Luxemburgo y Fráncfort.
La Comisión Europea y la Dirección General de Competencia en Bruselas tienen preparado el borrador del pliego de condiciones para adjudicar los fondos del proyecto aeroespacial de hidrógeno limpio el próximo 15 de marzo.
Patricia Hagen me ha confirmado desde Fráncfort que si Vandamme Metals no tiene registrada la patente de la aleación de wolframio-grafeno y las licencias exclusivas de las fresadoras CNC de cinco ejes a su nombre antes de esa fecha límite, los consorcios alemanes buscarán otro proveedor en Japón y habremos tirado doscientos cincuenta millones de euros a la basura.
¿Está asegurado el concurso de acreedores el lunes por la mañana?
—Absolutamente asegurado —respondió Deschamps, escuchándose el tintineo sordo del hielo al chocar contra las paredes del vaso de cristal tallado—.
Al precintar la fiscalía los silos de chatarra en Eskoriatza tras la detención de Zubizarreta, la fundición ha tenido que reducir la potencia de los hornos de inducción al mínimo técnico.
No podrán entregar las manguetas de dirección mecanizadas a las líneas de montaje de Volkswagen este fin de semana.
El lunes a las nueve de la mañana, nuestros procuradores en Donostia presentarán la demanda de concurso necesario de acreedores fundada en el impago de los primeros veinticuatro millones de pagarés vencidos de Matricería Elgeta y Tratamientos Térmicos Urola.
Fagor Ederlan no tiene liquidez en sus cuentas de Laboral Kutxa para consignar esa suma en el juzgado mercantil.
El magistrado decretará la intervención judicial de urgencia y nuestro administrador concursal nombrado en Madrid tomará posesión de la sede central de Arrasate antes de las doce.
Desmantelaremos la división de máquina-herramienta, liquidaremos los talleres de forja y pondremos en pública subasta las patentes antes de fin de mes.
—Queda un cabo suelto que me preocupa seriamente, Sylvain —intervino Sorokin, y su tono bajó un semitono, volviéndose más letal, denso y calculador—.
Mis analistas de inteligencia en Fráncfort me advierten de que la portavoz del Consejo Social de Fagor Ederlan, esa ingeniera de materiales llamada Amets Ibarra, no ha acudido hoy a la asamblea informativa convocada por la dirección cooperativa.
Según los informes de interceptación de nuestro equipo en Guipúzcoa, la mujer se ha reunido en secreto con la fiscal Ainara Zubiaga y custodia en su poder un disco duro externo con las copias de seguridad de los ensayos metalográficos de Beloki y los borradores originales de la patente de wolframio.
Peor aún: nuestros contactos en Vitoria me confirman que la fiscal está preparando una moción de urgencia para aplicar el artículo 64 de la Ley de Cooperativas de Euskadi.
Pretenden convocar una asamblea extraordinaria este fin de semana para que los trabajadores aprueben utilizar el Fondo de Solidaridad Intercooperativo para recomprar la deuda con descuento.
Si esa mujer sube al estrado de la asamblea en Arrasate y enseña esas pruebas a los cooperativistas, la asamblea votará unánimemente arriesgar sus reservas colectivas.
Y si recompran su propia deuda con sus fondos mancomunados, perderemos la mayoría en el concurso de acreedores y no podremos subastar la maquinaria ni la patente.
La ingeniería social vasca se basa en que los obreros ponen su propio dinero cuando la empresa peligra; si activan ese resorte, nuestra posición jurídica se derrumba.
Amets Ibarra es hija y nieta de fundidores del valle; no tiene precio ni ambición que podamos comprar con dinero fiduciario.
—Mis hombres tienen localizada la vivienda de la chica en el polígono de San Juan, en Eskoriatza —respondió Deschamps con frialdad implacable—.
Vive sola en una casa unifamiliar a dos kilómetros de la fábrica.
Dos agentes de la Ertzaintza vigilan la entrada principal desde un coche camuflado, pero el patio trasero colinda con una vaguada de huertas sin iluminación que permite el acceso a pie sin ser detectados.
—No podemos permitir que esa mujer llegue viva al lunes, Sylvain —ordenó Sorokin con una naturalidad escalofriante, como quien dicta una instrucción ordinaria de compraventa de futuros en el mercado de materias primas—.
Pero no quiero otro escándalo como el de Beloki en el horno de fundición.
No podemos permitir que la policía sospeche de otro homicidio violento en la misma semana; eso daría argumentos a la fiscalía para solicitar medidas cautelares excepcionales ante la Audiencia Nacional y movilizar a la opinión pública vasca en defensa de su industria.
Un mártir obrero más y el Gobierno Vasco pondrá dinero público sobre la mesa.
—¿Cuáles son sus instrucciones exactas, señor Sorokin?
—Que parezca un accidente de tráfico fortuito en las curvas del puerto de Arantzazu antes de que llegue el amanecer —sentenció el oligarca desde Dubái con voz monocorde y precisa—.
La chica suele subir a primera hora de la mañana a los laboratorios de ensayo de materiales que la universidad tiene en el campus de Oñati.
El equipo de Nikos que tienes acampado en el jardín de tu villa sabe exactamente cómo manipular los latiguillos del circuito de frenos hidráulicos de su utilitario: un corte longitudinal en bisel de dos milímetros en la goma sintética reforzada del tren delantero.
El líquido de frenos DOT 4 se mantendrá estanco mientras el coche ruede por el llano a baja velocidad y baja presión, pero en cuanto alcance las pendientes del ocho por ciento en las curvas de herradura del desfiladero de Arantzazu y pise el pedal a fondo de forma reiterada sobre el asfalto mojado, la presión del circuito hidráulico superará los ochenta bares y reventará el manguito seccionado por fatiga térmica.
El pedal se irá al fondo de golpe sin resistencia hidráulica, el coche continuará recto por el barranco de roca caliza y se estrellará a ochenta metros de profundidad en el cauce pedregoso del río Ubao.
Muerte instantánea por impacto frontal y aplastamiento de la cabina.
El fuego posterior consumirá los restos de goma en el vano motor, nadie encontrará el corte entre la chapa calcinada y el disco duro de Beloki quedará pulverizado en el choque.
—Nikos y su operativo ya tienen las instrucciones preparadas, Viktor —aseguró Deschamps—.
Tienen las herramientas de precisión listas y conocen las vías de escape hacia la muga.
Saldrán de Biarritz en diez minutos. A las cuatro de la madrugada estarán en Eskoriatza.
Para las seis de la mañana, la señorita Ibarra será historia y el lunes seremos los dueños absolutos del wolframio del Deba.
—Hazlo con la máxima limpieza, Sylvain. Henri, mantén el enlace abierto con los procuradores de Donostia para formalizar la demanda a primera hora. Y mantened los teléfonos satelitales apagados hasta que la radio comarcal confirme el accidente.
La llamada se cortó con un tono sordo. En la pantalla del analizador de espectro, la línea roja en la banda de 1.626 megahercios cayó a cero, dejando solo el ruido blanco de fondo y el rugido lejano del mar Cantábrico contra las rocas.
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En el interior del Peugeot 508, el aire parecía haberse congelado de golpe.
Mathieu Etcheverry se arrancó los auriculares acolchados con una mano temblorosa por la descarga brutal de adrenalina y clavó la vista en el jardín de la Villa Miramar Rose, sintiendo cómo cada segundo que pasaba pesaba como una tonelada de plomo sobre la vida de Amets Ibarra.
La frialdad matemática con la que Sorokin y Deschamps habían planificado el asesinato de la ingeniera superaba cualquier atrocidad burocrática que Mathieu hubiera investigado en su carrera en la OLAF: era el terrorismo del capital desalmado, dispuesto a arrojar a una mujer joven por un desfiladero para apoderarse de unas fórmulas de aleación sinterizada y unas fresadoras industriales.
El fantasma de Isabelle volvía a cruzar por su mente, pero esta vez no había distancia de despacho ni teletipos de agencia: la víctima estaba viva en Eskoriatza y los verdugos acababan de encender los motores en Biarritz.