CAPÍTULO 6 — La línea de suministro #2
—Xabier Beloki le escribió un correo el jueves pasado a las siete de la tarde —dijo Ainara, levantando una hoja impresa con el membrete corporativo y mostrándola hacia la cámara de grabación—.
Y no hablaba de variaciones de cuchara. Decía literalmente: «Imanol, los resultados de la espectrometría de absorción atómica del cargamento que descargaron ayer de madrugada son inadmisibles.
El fósforo supera el cero coma cero sesenta por ciento y el azufre triplica el umbral de seguridad.
Si metemos eso en las manguetas del eje delantero, el hierro nodular pierde toda la resiliencia al impacto a temperaturas bajo cero.
Se formará esteatita frágil en los bordes de grano y las piezas se partirán en las curvas de las autopistas alemanas, provocando accidentes mortales.
No autorizo la descarga y mañana por la mañana subo este informe al Consejo Rector y a la fiscalía».
El silencio que cayó sobre la sala de vistas fue denso como el plomo derretido.
La respiración entrecortada de Zubizarreta era el único sonido perceptible, compitiendo con el zumbido suave del transformador eléctrico en la pared y el golpeteo de las gotas de lluvia contra las vidrieras góticas del palacio judicial.
—Beloki escribió eso a las diecinueve horas —recalcó Ainara con una lentitud implacable, midiendo cada sílaba—.
A las dos de la madrugada de ese mismo día, alguien manipuló el autómata programable Siemens S7 del horno tres para forzar el ciclo de colada en vacío, golpeó a Beloki en la nuca con un objeto contundente y arrojó su cuerpo dentro del crisol a mil cuatrocientos cincuenta grados.
Y usted, señor Zubizarreta, a las siete de la mañana siguiente, antes incluso de que la Ertzaintza precintara la nave, firmó la orden de recepción definitiva de las trescientas toneladas de Helvetia Metals .
—¡Eso no demuestra nada! —gritó el letrado Murua, poniéndose en pie y golpeando el respaldo de su silla con la palma extendida—.
Son conjeturas circunstanciales basadas en coincidencias temporales que carecen de sustento probatorio.
Mi mandante cumplía sus obligaciones administrativas para evitar la parálisis de la producción.
La gestión de residuos y el mantenimiento mecánico de los hornos corresponden al área de ingeniería, no al departamento de compras.
Si la fiscalía pretende convertir una discrepancia sobre calidades industriales en un indicio de asesinato, está forzando una imputación insostenible que recurriremos de inmediato ante la Audiencia Provincial.
Ainara no se inmutó. Mantuvo la vista fija en los ojos aterrados de Zubizarreta, que temblaba de pies a cabeza bajo la gabardina húmeda.
—Tiene toda la razón, letrado. Por sí sola, la incompetencia logística no constituye asesinato ni cohecho. Pero los movimientos bancarios internacionales no mienten jamás. Pasemos a la página setenta y cuatro del anexo financiero.
♦ ♦ ♦
La sala de vistas número uno parecía haber encogido bajo el peso de los legajos.
Las molduras de escayola del techo, ennegrecidas por décadas de humo de tabaco de los juicios del siglo pasado, proyectaban sombras alargadas sobre el estrado como un dosel fúnebre.
Afuera, la campana de la parroquia de San Pedro dio las diez campanadas con un tañido grave que vibró en los cristales.
El frío exterior comenzaba a filtrarse por las junturas de madera de las ventanas antiguas, combatiendo el calor sofocante de los radiadores.
Ainara extrajo del legajo principal una carpeta azul con el sello en relieve de la Unidad de Cooperación Judicial Internacional de Eurojust y el membrete de la Fiscalía Federal de la Confederación Suiza en Berna.
Era la documentación bancaria que Mathieu Etcheverry había tramitado de urgencia la noche anterior mediante el canal seguro de enlace con La Haya, activando los mecanismos de auxilio judicial transfronterizo previstos en la Directiva 2014/41/UE sobre la orden europea de investigación y la Ley Federal Suiza de Asistencia Internacional en Materia Penal.
El fiscal federal suizo Marco Rossi, alertado por Eurojust sobre la gravedad de un homicidio con nexos societarios en Ginebra, había levantado el secreto bancario helvético en menos de seis horas de reloj.
—Señor Zubizarreta, le exhibo en este acto el documento sellado por la Autoridad Suiza de Supervisión de los Mercados Financieros, la FINMA —dijo Ainara, deslizando el pliego frente a los ojos del letrado y del investigado—.
Se trata del expediente de apertura y movimientos de la cuenta corriente cifrada número CH78-0024-0388-9102, radicada en la sede central de la banca privada Banque Pâris la segunda, el 15 de septiembre; la tercera, el 20 de noviembre; y la cuarta, el pasado lunes 2 de febrero, apenas veinticuatro horas antes de que el horno tres de Eskoriatza fuera encendido con el señor Beloki en su interior.
Trescientos mil euros netos. El ordenante de los fondos no era una acería alemana en liquidación ni un intermediario de materias primas.
El dinero procedía de una cuenta matriz en el Banque Internationale à Luxembourg , a nombre de Atalante Capital Partners , la firma de inversión domiciliada en el Gran Ducado que preside don Viktor Sorokin y cuyos poderes notariales en España ostenta el abogado Sylvain Deschamps.
Las transferencias se canalizaron a través de cuentas puente de correspondencia en Fráncfort para eludir los controles automáticos del Banco de España, enmascaradas bajo el concepto de honorarios por asesoría técnica de mercado.
—Dios mío... —susurró Zubizarreta, con las lágrimas resbalándole entre los dedos ennegrecidos por el grafito—.
Dios mío, Maite no sabía nada... Ella solo firmó los papeles que yo le llevé a casa...
Le dije que era un plan de pensiones privado para asegurar los estudios de los críos... Ella no tiene la culpa de nada...
—¡Cállate, Imanol! —le espetó su abogado con aspereza, tirándole con fuerza de la manga de la gabardina—.
¡No respondas a nada sin que yo examine los certificados originales de la comisión rogatoria!
¡Exijo la suspensión inmediata de la vista para estudiar la admisibilidad de esta prueba extranjera!
—Su cliente ya ha respondido, letrado —intervino Ainara con voz acerada, señalando con la pluma la luz roja de la cámara judicial—.
Y si continúa aconsejándole silencio ante una evidencia bancaria de esta magnitud, lo único que logrará es que el señor Zubizarreta entre esta misma tarde en el centro penitenciario de Martutene en calidad de coautor de un delito de asesinato con alevosía y precio.
Porque cuando un directivo cobra trescientos mil euros de un fondo extranjero para introducir veneno metalúrgico en una fundición, y ese veneno culmina con el asesinato del ingeniero que lo iba a denunciar, la imputación ya no es cohecho pasivo impropio: es complicidad necesaria en asesinato.
¿Revisó el saldo de esa cuenta suiza en su teléfono móvil el martes por la mañana, señor Zubizarreta, mientras los bomberos y la policía rescataban la hebilla calcinada del cinturón de Beloki del crisol del horno tres?
Zubizarreta apartó bruscamente el brazo de su abogado, empujando la mesa hacia adelante. Su rostro descompuesto, bañado en sudor frío y lágrimas, se alzó hacia el estrado. Su mirada, desprovista de cualquier defensa, se clavó en la credencial judicial de la fiscalía sobre la mesa.