Capítulo XVII — La madre
—Arantxa. Hola —digo mirándola extrañada.
—Hola, Laia —responde y se levanta.
Comienza a acercarse y no sé qué esperar. Cuando está a medio metro de mí, se queda quieta mirándome y pone cara de arrepentimiento. Me abraza y me aprieta con fuerza. De primeras me quedo tiesa; me ha pillado por sorpresa. Tras el shock inicial, le correspondo el abrazo y me susurra:
—Gracias por todo. Siento haber sido tan hija de puta.
Eso ha terminado. Voy a ser una hermana y madre ejemplar, te lo prometo.
No te merecías esta carga y lo has hecho de diez, hermanita.
Me has criado a una mujer increíble. Nunca podré pagártelo, pero créeme que lo intentaré y empezaré por darte el dinero de lo que ha costado el aborto.
Sé que no andas sobrada de pasta. Te quiero —me suelta al oído, y rompo a llorar sin haberlo visto venir.
—No pasa nada, Aran… —balbuceo con la voz cortada por el llanto—. Yo también te quiero aunque eres un dolor de muelas, cabrona. Y no hace falta que me des el dinero, guárdalo.
—Eso se acabó, te lo juro por Nai —me dice mirándome a los ojos, y por primera vez la creo.
Nos sentamos los cuatro como una familia feliz y hablando de manera civilizada por primera vez en la vida. No me creo que todo vaya así de bien. Parecemos la puta casa de la pradera.
Después de una comida agradable las tres solas —Lucas se fue a casa después de un buen rato aguantando a las tres gallinas cacareando. — Estamos hablando tranquilamente. Nai le cuenta partes de su vida que se ha perdido Arantxa y de repente la cría me deja loca soltando:
—Esto hay que celebrarlo. Laia, líate uno, anda.
—¿Un qué? —digo extrañada.
—Un peta. ¿Qué coño va a ser? ¿O te crees que soy idiota? La casa apesta a grow shop desde hace unas semanas y tú me llevas unos ojillos finos, cabrona. Luego me regañabas a mí por fumar… Qué injusto —me suelta, dejándome a cuadros.
Yo pensaba que lo había ocultado… Y una mierda. No se le escapa una a la niñata.
—¿Ahora eres una porrera, hermanita? —me pregunta Arantxa —la madera porrera.
—¡Qué va! Estaba estresada y no dormía. Solo fumo para dormir —le respondo.
—El otro día llegué a casa por la tarde y estabas dobladísima. Estabas comiendo donettes a dos carrillos. ¿También era para dormir? —me suelta la cabrona de mi sobrina.
—Vale… Algún día puntual también por la tarde —confieso.
—Vaya con la señora agente de la ley… —suelta Arantxa.
En ese momento me suena el teléfono ¡Salvada!, es Ramos. Me meto en la habitación y descuelgo:
—Hola, compi. ¿Pasa algo?—No, tranqui, todo bien. Silvia está de lujo por fin. Solo quería comentarte que me incorporo y me ha dicho Alma que estás de baja. ¿Todo bien? —pregunta.
—Sí, tranquilo. Nai está malucha y tenía que cuidarla, solo es eso —le digo sin dar más datos.
—¿Qué, ha pillado un virus estomacal o algo así? María también está así —me pregunta.
—Algo parecido, sí. Pero eso, que está bien. Me alegro mucho de que vuelvas, tío, te he echado de menos. Prats me desquiciaba, ya lo sabes. Cómo entiendo lo que sentiste al hacerte cargo de mí según llegué. Y el gallego no está mal, pero no eres tú —le confieso.
—Oh, mi Aduriz, yo también te quiero, canija —me suelta con tono burlesco.
—¡Eh, calvorota! Que estás casado, además ese mujerón… Me atrae más que tú, lo siento, machote —le vacilo.
—No, si ya. ¿Qué, crees que no veo cómo la miras y la desnudas con la mirada cada vez? —me suelta siguiendo el vacile.
—Mierda. Lo confieso, agente. Me ha pillado, póngame las esposas. Oh bueno, mejor que lo haga su mujer, ya me entiende —respondo.
Tras un par de vaciles más cuelgo y noto que tengo una sonrisa enorme en la cara. Por fin mi compi vuelve y parece que Arantxa se va a centrar. Las cosas se arreglan poco a poco. Solo me queda pillar al hijo de puta que se carga a las mujeres.
Cuando acaban los días de asuntos propios vuelvo a comisaría. Ramos ya se ha incorporado. Alma me dice que trabajaremos los tres en equipo —Carvajal, Hugo y yo—, pero que hay un asunto del que tenemos que hacernos cargo además de la investigación del asesino.
En ese momento veo entrar por comisaría a Ainhoa, la hermana de Ramos.
Es una mujer de una presencia imponente y un magnetismo serio que corta la respiración; aparece con el cabello castaño oscuro recogido de manera informal en una coleta alta que deja caer varios mechones rebeldes sobre la frente.
Viste un traje de chaqueta oscuro y entallado de color gris marengo sobre una camiseta básica blanca de cuello redondo. Camina hacia nosotros con decisión.
—Buenos días —saluda Ainhoa.
—Hola, hermanita —suelta Ramos.
—Buenas, Ainhoa —respondo.
—¿Es tu hermana, Ramos? Guapa rapaziña —suelta Carvajal.
—Si te acercas a ella te corto los huevos, gallego —le amenaza sin ambages Ramos.
—A esto me refería. Estaba empezando a contárselo, Ramos... Bueno, Ainhoa, bienvenida —dice Alma estrechándole la mano.
—Perfecto, traigo el dosier digital del caso. ¿Dónde haremos todo? —pregunta Ainhoa.
—En la sala de reuniones, acompañadme —le dice Alma a Ainhoa—. Vosotros avisad al resto y nos vemos allí en cinco minutos —nos pide.
Le pregunto a Ramos y dice que no tiene ni idea de qué hace su hermana en nuestra comisaría; ella es guardia civil, esto es un asunto serio seguramente.
Avisamos a Naybet, Beka, Morales, Garrido y Guimarães.
Y los tres vamos a la sala expectantes. Nos sentamos alrededor de la mesa de la sala de reuniones.
Beka conecta la pantalla gigante para enseñar el informe de la Guardia Civil mientras Naybet, Morales, Garrido, Carvajal y la nueva, Guimarães, se acomodan en silencio.
Ainhoa habla con Beka, que le explica cómo funciona todo para hacer su presentación.
La pantalla principal parpadea y salta una cascada de imágenes: organigramas criminales, mapas de carreteras secundarias, fotos de registros de armas, fichas de detención, fotos, perfiles y el logo de un club de moteros como nexo común.
—Os voy a exponer un caso de máxima prioridad que llevamos coordinando desde la Jefatura de Información de la Benemérita —arranca Ainhoa—. Tenemos a un agente infiltrado en las entrañas de una de las bandas de moteros más peligrosas de toda España, y la operación está en tiempo de descuento.
Miro de reojo a Ramos, que mantiene el rostro serio. Ainhoa pulsa un botón y la pantalla muestra la red de conexiones.
—Están moviendo toneladas de droga de diseño en las autovías periféricas y, lo que más nos preocupa, controlan el comercio de armas del mercado negro en Madrid y alrededores.
Fusiles de asalto, explosivos militares, munición prohibida...
Todo. Sé que os estaréis preguntando a santo de qué viene esta cultura de bandas repentina en España.
Parece mentira, pero la culpa la tiene la televisión y la inmigración.
Hace unos años las plataformas repusieron la serie Hijos de la Anarquía y el fenómeno tuvo un boom sociológico infinitamente mayor que cuando se emitió por primera vez.
Fue una maldita fiebre. Miles de hombres en este país decidieron que querían apuntarse a esa moda de chalecos de cuero, testosterona y asfalto.
Se fundaron cientos de bandas por toda España, y muchas de ellas pasaron de ser clubes de fin de semana a auténticos cárteles sobre dos ruedas.
Eso, unido a cientos de inmigrantes que llegaron huyendo de la administración Trump en Estados Unidos, hizo que su cultura motera se instaurara aún más.
Ainhoa cambia la pantalla y muestra la imagen de un motero chungo y rudo sujetando una cerveza en la mano.
—Este es nuestro hombre: Antonio Cazorla, alias «Tony», de cuarenta años y con veintidós de servicio —continúa Ainhoa, señalando la imagen y rompiendo mis esquemas—.
Lleva cuatro años viviendo una mentira, durmiendo con un ojo abierto y respirando el mismo aire que esa escoria.
Ha conseguido lo imposible en tiempo récord: escalar en la jerarquía de la banda motera hasta meterse en el núcleo duro de toma de decisiones, usando los medios necesarios, no siempre legales.
Es el momento de detener a toda la cúpula.
Tenemos pruebas de sobra para encerrarlos el resto de sus vidas y, además, hemos asegurado a un testigo protegido que está dispuesto a cantar en el juzgado.
Pero hay que actuar ya, sin vacilar. La banda sabe que tiene un topo en las filas; los mandos están histéricos, paranoicos, y si no reventamos la madriguera esta misma semana, van a descubrir a nuestro agente, le van a pegar un tiro y a enterrarlo en una cuneta.
El propio presidente del Gobierno está al día de todo y siguió de cerca vuestra implicación en la detención de los implicados en la trama del Ámbar8 y las apuestas deportivas; ha indicado que quiere vuestra participación en el asalto.
Vuelvo a mirar al verde infiltrado. El tipo tiene un físico demoledor, con una estatura imponente, complexión musculosa y unos brazos completamente cubiertos por tatuajes oscuros e intrincados de arriba abajo.
Su rostro tiene rasgos duros, marcados por una mirada fija y desafiante de ojos oscuros, coronado por un corte de pelo estilo mohicano con los laterales rapados y trenzas pegadas en la parte superior.
Lleva una perilla larga y trenzada sujeta con varias cuentas metálicas y unos pendientes de aro plateados en ambas orejas.
En la fotografía aparece posando de pie en mitad de un local de moteros de estética oscura.
Viste una camiseta de tirantes gris oscuro, desgastada, con una calavera pirata estampada con las letras de Marea, el grupo de rock; vaqueros negros rotos en las rodillas con una cadena metálica en el bolsillo y botas altas de cuero negro. Y yo pensando que sería el líder.
—Si me lo cruzara, sospecharía que es alguien chungo —suelta Guimarães.
—De eso se trata, agente. De que sea indistinguible del resto de los monstruos —responde Ainhoa y cambia a unas imágenes de dron—.
El plan es el siguiente. La operación se tiene que ejecutar esta misma madrugada, sin dilación, según nos informan.
Van a recibir un envío de dimensiones gigantescas en las instalaciones de Mercamadrid, camuflado en el doble fondo de unos camiones frigoríficos de pescado.
Traen tanto fusiles de asalto militares como una partida enorme de drogas sintéticas de diseño, la sucesora del Ámbar8.
La llaman «La Joya». Es un cristal similar pero transparente, y deja menor rastro en la sangre que la anterior.
Ainhoa da un paso al frente, apoyando las manos en la mesa de reuniones y mirándonos a todos uno a uno.
—Es el momento perfecto para reventar la colmena y pillar a toda la banda de un solo golpe.
Al ser una operación de tal envergadura, la cúpula entera va a estar presente en el muelle de descarga para certificar la mercancía y coordinar la distribución por los polígonos.
Absolutamente todos los miembros del club van a estar allí reunidos de madrugada, incluido nuestro agente infiltrado.
Tenemos poco tiempo para prepararnos, así que no lo perdamos.
A la hora de la comida estamos en la sala de reuniones analizando todos los pormenores de la operación que tenemos por delante.
Alguien ha pedido comida diversa —chino, japonés, pizzas, hamburguesas…
— y estamos con la cabeza embotada de tanto dato que tenemos que asimilar a toda prisa.
Lo excepcional de la reunión de toda la banda en un mismo punto con la mercancía nos obliga a trabajar a contrarreloj.
De repente, un agente abre la puerta y anuncia algo que jamás esperaba oír:
—Carvajal, tienes visita, una tal Arantxa Aduriz.
—Sí, graciñas , enseguida voy —responde él como si nada.
—¿Qué coño hace aquí mi hermana preguntando por ti? —me sale del alma la pregunta en voz alta.
—Ay, Layiña, nos hicimos amigos. Cuando la saqué de casa de Ramos estuvimos hablando, nos hemos visto alguna vez. Tranquila, que tengo buenas intenciones, ¿eh, rapaza ? —me suelta, descolocándome más aún.
—Emm… Vale —balbuceo.
Se levanta y sale de la sala. No puedo quedarme sentada; tengo que ver qué pasa. Salgo y le sigo. Cuando llega a la altura de mi hermana, veo cómo se comen la boca de manera obscena. ¡¿Pero qué cojones?!
—Eh, ¿hola? No tenéis nada que contarme —pregunto flipando.
—Hola, hermanita, ¡sorpresa! —dice Arantxa después de despegarse de la boca de Carvajal.
—Quise decírtelo, pero no me dejó; ya sabes el carácter de tu hermana —me suelta Carvajal.
—Vale, flipo en colores… ¿Estáis juntos? No entiendo nada —mascullo.
—Sí, estamos saliendo oficialmente desde hace una semana —dice ella.
—Bueno, realmente fueron dos ya, ¿eh? —le corrige
Tras una escueta explicación, seguimos trabajando en la redada nocturna y trato de no descentrarme con la nueva revelación. Esta noche no puedo permitirme un bloqueo o una distracción porque mi hermana se tire a uno de mis compañeros.