La firma del asesino (La firma del…1) Capítulo XXV — Una visita inesperada
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Capítulo XXV — Una visita inesperada

Han pasado dos días del suicidio de Alarcón. Fuimos a la escena, el equipo forense la analizó. No había nada que hiciera sospechar que fuera obra del asesino. Ningún nexo con las otras muertes, ningún elemento común.

Aceptamos el suicidio como muerte plausible.

Estamos en la central repasando los datos del caso, todas las pruebas. Ya no sé ni cuántas veces lo hemos revisado todo y no encontramos nada que nos lleve a la asesina.

Solo tenemos unas imágenes en las que nunca se le ve la cara, ni una toma parcial que permita saber cómo es un cinco por ciento de su cara.

Este caso me ha pasado mucha factura, para ser el primero en Madrid me siento frustrada. Mala policía. ¿Cómo es posible que alguien asesine a cuatro personas y no tengamos una mínima pista?

A media mañana un compañero llega con una mujer de unos cuarenta años. Dice que ella sabe algo del asesino y que quiere hablar con la jefa de la investigación. Alma sale como un resorte, baja a buscarla y la acompaña a su despacho.

Toda la sala está expectante. Dejamos de trabajar.

Miramos al despacho de Alma como si así consiguiéramos algo.

¿Será posible que después de tanto investigar, sea una persona de fuera de la unidad la que nos dé una pista?

Pasa el tiempo y la mujer sigue con Alma, la tensión crece por momentos.

Después de unos largos cuarenta y dos minutos Alma sale y nos dice a Ramos y a mí que entremos.

Rápidamente me levanto de mi mesa, él hace igual. Estamos con el ansia de saber qué ocurre.

Al pasar vemos en la mesa restos de algo que no entiendo bien qué es, una especie de silicona, goma, no sabría bien. La mujer ya no tiene el mismo aspecto. Al girar y ver su cara me quedo paralizada. Es Inés Redondo… ¿Cómo es posible?

—¡Inés! — Dice Ramos igual de sorprendido.

—No es Inés. — Dice Alma al instante.

No puedo dejar de mirarla. ¿Cómo que no es Inés? Son idénticas, salvo el pelo. Esta tiene mejor aspecto.

—¿Es una broma? — Me sale solo.

—Es su hermana gemela. — Dice Alma soltando la bomba.

—¡Qué coño! Inés Redondo juró que no tenía familia. — Exclama Ramos.

—Es complicado. Preparad la sala de interrogatorios. Hablemos con tranquilidad, esta mujer tiene mucho que contar. — Dice Alma con tono pausado.

Ramos y yo vamos descolocados compartiendo nuestra perplejidad mutua. Preparamos la cámara, llevamos los cuadernos para apuntar, los bolis, y nos sentamos a esperar impacientes.

Un agente aparece con la gemela de Inés esposada. La sienta delante de nosotros. Alma se sienta a nuestro lado.

—Como ya ha aceptado su declaración, va a ser grabada, pero necesito que deje constancia de que es consciente de que lo va a ser y que ha renunciado a que un abogado esté presente. — Dice Alma.

—He sido informada y acepto ser grabada. No quiero ningún abogado. Acepto hablar libremente conociendo mis derechos. — Dice la gemela.

—Lo primero, debe dejar constancia de su nombre y edad. — Dice Alma.

—Me llamo Sara Alfaro, tengo veintisiete años.

¿Alfaro? No se apellida Redondo como Inés… dijo que era adoptada, si no recuerdo mal. ¿Será eso? Joder que jaleo.

—¿A qué se dedica usted, señorita Alfaro? — Pregunta Alma.

—Soy experta en caracterización para producciones de cine y televisión. — Dice Sara.

En ese momento me encaja en la cabeza lo que vi en la mesa de Alma. Eran restos de prótesis. Por eso entró con un aspecto y al entrar nosotros tenía otro. Era imperceptible a simple vista.

—¿Qué ha motivado que esté hoy aquí declarando y por qué no lo ha hecho antes? — Pregunta Alma.

—Es fácil. Los hombres que debían pagar por la muerte de Lena Dudek y el abuso y condena de mi hermana ya no están vivos. — Dice fría, impasible.

—¿Viene por voluntad propia o alguien la ha presionado? — Pregunta Ramos.

—Vengo por propia voluntad. Nadie me ha presionado. — Dice Sara.

—Si usted se declara como la culpable de las muertes de Juninho Pereira, Sergio Barrios, Pau Llorens y Karl Ulrich se enfrenta a una pena de prisión muy seria. ¿Es usted consciente? — Pregunta Ramos.

—Soy plenamente consciente. — Responde tajante.

Alma, Ramos y yo nos miramos estupefactos.

—¿Qué relación tiene usted con lo acaecido en Ibiza, con Lena Dudek e Inés Redondo? — Pregunta Alma.

—Yo presencié los hechos. Por eso decidí castigar a esos

hombres. — Responde Sara tajante una vez más.

No muestra nervios. No tiene miedo. No está arrepentida ni asustada. Es fría como el hielo. Me impresiona esa actitud.

—Dice usted ser hermana de Inés Redondo y no tener relación alguna con Lena Dudek. ¿Es correcto? — pregunta Alma.

—Soy la hermana gemela de Inés, como podrán apreciar por nuestro parecido casi idéntico. En cuanto a Lena Dudek, solo tengo el vínculo de quien ha visto la muerte de otra persona. — Responde Sara.

—Su hermana afirma no tener familia, no tener parientes cercanos ni amigos, no tener ningún tipo de persona cercana. ¿Se conocen en persona? — Pregunta Ramos.

—Sí, pero ella no sabe que soy su hermana. Ambas fuimos adoptadas por familias diferentes de niñas y nunca se nos dijo la verdad por lo que he podido averiguar. — Revela Sara.

¿Qué? Madre mía que movida.

—¿Cómo es posible eso? — Pregunto yo tratando de parecer calmada, aunque estoy flipando.

—Fácil. Cuando he ido a visitarla a la cárcel he ido caracterizada siempre, como una monja de edad avanzada. Pueden mirar los registros de la cárcel, nombre Atenea Sánchez. — Revela Sara.

Rápidamente Alma hace un gesto al cristal de la sala.

Detrás nos observan Beka y parte de la unidad. Esa señal es directa para Beka, para que busque esa información y la corrobore.

—¿Por qué nunca le dijo la verdad? — Pregunto.

—No quería que me conociera hasta tener hecha la venganza. — Dice en corto. Rápido, conciso.

—¿Desde cuándo sabía quiénes eran los responsables? — Pregunta Alma.

—Desde ese mismo día. Por casualidad yo estaba en esa fiesta. De lejos vi a mi hermana. Yo no sabía que tenía una hermana hasta ese momento, pero cuando ves a una persona idéntica a ti, sabes que lo es. Quise acercarme para tratar de hablar con ella.

Al acercarme a la habitación donde fue con esos hombres, lo vi todo.

Presencié impotente cómo ultrajaban y abusaban de esa pobre chica polaca y de mi hermana, que acababa de descubrir…

el miedo me paralizó y no pude hacer nada en ese momento.

Por suerte, con el tiempo eso ha cambiado. — Explica como si nada.

Es impasible, está aquí soltando todo como si fuera un robot, suelta palabra a palabra con claridad, sin dudas, sin titubeos y concisamente. ¿Quién es esta mujer?

—¿Qué le llevó a usted a estar presente en aquella fiesta? — Pregunta Ramos.

—Yo trabajaba en una súper producción de Hollywood en ese momento, quizás hayan visto las películas de la trilogía.

Éxodo Z, el diario de Liv se llama. Pues en esa película de zombies yo era la jefa de caracterización, rodamos gran parte en Ibiza, puesto que la historia en parte ocurre allí.

Nos invitaron a esa fiesta los productores. — Nos explica Sara.

—¿Fue totalmente casualidad que diera con su hermana gemela secreta, a la cual no conocía entonces? — Pregunta Ramos.

—Eso es inspector. — Responde Sara.

¿Cuántas posibilidades hay? ¿Cómo es posible? ¿Y ella es la responsable de los efectos de mis pelis favoritas? ¡Alucino!

—¿Por qué decidió asesinar en nombre de una persona que jamás había conocido? — Pregunta Alma.

—Los meses posteriores al asesinato y los abusos, no podía sacarme de la cabeza lo que vi, supe que la habían condenado por los hechos, y eran mentira.

Los futbolistas se fueron de rositas… supe que el sistema estaba corrompido, que daba igual que yo testificara, se librarían igualmente.

Me sentía mal por no haber actuado. Pude haber salvado a ambas y no lo hice. Tenía que arreglarlo. — Confiesa.

Es increíble que estuviera allí viendo todo y no supiéramos nada hasta ahora… esta mujer en realidad es un puto fantasma. Siempre ha estado ahí y no sabíamos nada de ella.

—¿Cómo supo que Karl Ulrich tenía ese vídeo? — Pregunta Alma.

—Porque le vi grabarlo. — Responde rápido.

—¿Fue usted quien sustrajo el móvil de Ulrich una vez fallecido y filtró el vídeo a la prensa? — Pregunto.

—Sí, agente. Después de terminar con la vida del chico me llevé su teléfono. Sabía que no habría borrado el vídeo. Seguro que con él se protegía de los otros. Solo tenía que filtrarlo a la prensa y mi hermana sería exculpada de todo lo que se le acusaba. — Responde impasible.

—¿Por qué decidió usar el vídeo y no entregarlo directamente a la policía? — Pregunta Alma.

—No me fiaba de que los mismos corruptos que han caído a raíz del vídeo no lo interceptaran y se quedara oculto de nuevo. Tenía que dárselo a alguien que no dudara en mostrarlo. Por eso acudí al señor Gastón. — Dice Sara.

Ahí tiene razón… visto lo visto fácilmente podrían haber ocultado el vídeo si lo hubiera entregado.

—¿Cuándo decidió que las víctimas debían morir? — Pregunta Alma.

—Cuando vi cómo mi hermana pagaba por algo que no era su culpa. Cuando vi a esos hombres seguir con sus vidas como si nada, siendo adorados por miles de borregos que desconocen la basura humana que eran en verdad. Había que darles un mensaje a los ricos y poderosos. — Dice Sara.

—¿Cuál era ese mensaje? — Pregunto.

—Que no sale gratis abusar y drogar a las mujeres. — Dice Sara concisa.

Que ovarios tiene, está admitiendo todo, sin el mínimo arrepentimiento.

Me gustaría estar más cabreada, pensar que lo que ha hecho es horrible, pero en parte, como mujer lo apoyo…

no en la forma… pero ¿Qué otra opción le daba un sistema corrupto?

No sé qué pensar, tengo que tener cuidado de no decir esto en voz alta.

—¿Por qué entregarse si no hemos logrado dar con usted? — Pregunta Ramos.

—Fácil. Matar está mal, lo sé. No lo he hecho por gusto, no me da ningún placer hacerlo. Solo quería justicia. La que se le negó a mi hermana. A Lena Dudek. Quería castigarlos. Sabía que lo podía llevar a cabo y así lo he demostrado.

Pero no quiero huir toda mi vida. No quiero cargar con el peso de mis actos sin recibir el castigo que merezco.

Nadie está por encima de la ley. Eso es lo que defiendo.

Y en consecuencia, me entrego porque la he incumplido a sabiendas.

Ahora estoy a su disposición para que se me juzgue y recibir el castigo que merezca. — Explica con total tranquilidad.

Hemos conseguido todo lo que necesitábamos, y aun así no tengo sensación de victoria.

Tenemos a la asesina. El caso se cierra en cuanto la juzguen, cosa que harán con esta declaración…

pero me da pena que haga todo eso por su hermana, que ni siquiera la ha conocido tal y como es, y no vayan a poder tener una relación ahora que Inés va a ser libre.

—¿Me puedes aclarar una curiosidad? — Pregunta Ramos.

—Claro, inspector. — Responde Sara.

—La preparación de la escena, esa composición. ¿Por qué? — Pregunta Ramos, sé que le ha dado muchas vueltas y puede que obtenga su tan ansiada respuesta.

Sara se toma unos segundos para beber agua por primera vez en todo el rato.

—Es fácil, es una recreación de lo que vi, drogas, abusos, sexo.

¿Por qué firme así mi venganza? Primero porque merecían morir, pero no tenía la sangre fría para hacerlo mientras estuvieran conscientes, por eso los seducía, drogaba y aturdía, en ese momento cuando ya estaban a mi merced, preparaba todo.

Les daba una dosis mayor, hasta que morían.

El dildo en el recto es por la violación continua de esas dos mujeres, Lena y mi hermana. — Comienza a explicar Sara.

—¿Por qué no hacerlo con ellos conscientes si quería vengarse? — Pregunta Alma.

Claro, si quería hacerlos pagar, con ellos conscientes habría sido peor.

—No tenía el estómago para sodomizar a esos hombres y que reaccionaran a eso, no quería que pareciera algo sexual para mí, solo un castigo sexual como el que ellos infligieron.

Por eso lo introducía sin más. En cuanto a la cercenación del miembro, es fácil, mostrar a los hombres que su tan adorado miembro es fácilmente desmontable por así decirlo, que si abusas de alguien, se puede volver en tu contra. — Nos explica Sara.

El resto de la confesión son preguntas técnicas, modus operandi, ¿Cómo se infiltró? ¿Cómo conseguía esconderse?

Confirma que llevaba años planeando todo y hasta que no tuvo todo cerrado, ensayado, no procedió a perpetrar su venganza. Tenía todo medido al milímetro.

El día siguiente a la declaración hay una sensación de victoria en la unidad. Yo no la tengo. Ayer nos dio las señas de un trastero donde tenía todo el material con el que se caracterizaba. Ramos y yo estamos delante del cierre. Lo abre. Hay tantas cosas que va a llevar días clasificarlo todo.

—¡Hostia puta! ¿Qué es todo esto Aduriz? — Dice Ramos sorprendido.

—El santo grial del maquillaje y caracterización. — Le respondo.

Dentro todo tipo de prótesis, máscaras, pegamentos,

pelucas, heridas falsas, verrugas y lunares falsos, uñas postizas, pestañas, moldes de nariz, de oreja. Increíble.

Todo con un realismo increíble. Así en la vida la íbamos a pillar.

Cuando llega el equipo forense alucina, van a echar sus buenas horas revisando todo y catalogándolo.