La firma del asesino (La firma del…1) Capítulo XXIV — Fiesta de cumpleaños
93%

Capítulo XXIV — Fiesta de cumpleaños

Después de una larga semana por fin ha llegado el domingo. Nunca he sido mucho de eventos sociales, pero incluso me apetece desconectar en el cumpleaños de la mujer de Ramos.

Comida, risas, hablar de chorradas, un poco de aire libre en su jardín, un respiro para mi cerebro.

Naiara se ha maquillado demasiado para mi gusto, pero hace tiempo que no me meto en cómo va. Se ha ganado mi confianza. Según entramos en casa de Ramos sale corriendo con Rocío y María.

Me acerco a la mujer de Ramos que está rodeada de gente.

—Laia, gracias por venir. — Me dice sonriendo.

—Gracias a ti por invitarme, ¡Felicidades! — Respondo.

—Muchas gracias guapa. Mira déjame presentarte, este es mi hermano Andrés, mi hermana Almudena y mi sobrino Isaac. — Dice presentándome a todo el mundo.

Me muero de vergüenza conociendo gente nueva así de golpe, soy rara y lo sé, pero bueno sé fingir, poner cara de póker, es lo bueno de ser poli.

—Toma Silvia, te he traído una chorrada. — Le digo dándole el regalo.

—Pero mujer, no tenías que haberte molestado. — Dice

cogiendo el regalo.

Cuando lo abre alucina, parece que le gusta, lo mira, me mira, lo mira, me vuelve a mirar… es un colgante de una hadita en plata, Ramos siempre habla de lo que le gustan a su mujer.

—¿Cómo lo has sabido? Es preciosa, muchas gracias. — Me dice Silvia y me abraza.

—Una que escucha, y tu marido que no deja de hablar de ti. — Le digo sonriendo.

Alguien la reclama, le digo que vaya tranquila. Me doy una vuelta por el jardín y saludo a los compañeros que están hablando, Beka, Karim, Maite, Biel, la jefa todavía no ha llegado.

—Cuando te arreglas pareces otra Aduriz. — Me dice Karim.

—Sí, estas to pibonazo. — Añade Beka cogiéndome de la cintura.

—Venga va, que me voy a poner roja zumbaos. — Les respondo.

—Para una vez que te pones algo de base para no parecer tan blanca… deja que te piropeen mujer. A veces he visto cadáveres menos pálidos que tú tía. — Me dice Maite con una confianza que jamás le he dado.

Me quedo pillada… y en silencio.

—Perdónala que lleva dos cerves y ya es otra persona. — Me dice Beka excusándola.

Más tarde busco a Naiara y las chicas, María me enseña una foto del noviete nuevo que tiene, me pide que no se lo diga a su padre.

Que ya ha descubierto lo de las bragas y la ha echado una bronca de órdago.

Prometo no decir nada, pero le sugiero que se lo cuente ella antes de que se entere, será mejor.

Vuelvo a la parte de abajo y veo que Alma está entrando, viene acompañada de una chica de unos veintidós años. Morena, ojos claros, muy guapa, buena figura, lleva un vaquero gris oscuro, una chaqueta de cuero, no sé si tipo motera, no soy muy de modas, pero le queda como un guante.

—Aduriz ven aquí. — Me dice Alma cuando me ve.

—Buenas jefa, ¿Qué tal todo? — Le pregunto al acercarme.

—Bien, mira te presento a mi niña, Vega, se acaba de graduar en la academia de Ávila. — Me explica rompiendo el misterio de la acompañante.

—Encantada, ¿Aduriz? — Dice la chica confusa.

—Encantada Vega, me llamo Laia, Aduriz es el apellido, ya sabes cosas de policías. — Le aclaro.

—Encantada Laia. — Dice dándome dos besos.

Tras una charla breve nos sentamos a comer. Ramos ha hecho canapés refinados, muy pijos, que no le pegan nada. Blinis de salmón con salsa de eneldo. Mini tartaletas de steak tartar con mostaza Dijon. Brochetas de caprese al pesto. Canapés de hummus, granada y menta. Cosas muy raras para mí.

La fiesta sigue su curso. Conversaciones cruzadas, niños corriendo, música baja. En un momento dado siento que alguien me observa. Es Vega. Se acerca cuando me quedo sola.

—Eres muy joven para ser subinspectora. ¿Qué tienes, dos o tres años más que yo? — Me dice sin rodeos.

—Joven sí, pero me lo he currado, no sé cuántos años tienes tú, yo tengo veinticinco. — Le contesto.

—Lo que yo decía, tengo veintidós. Mi madre habla muy bien de ti. Tenía ganas de conocerte en persona. — Me suelta de repente.

—Vaya, espero que no diga toda la verdad… — Le digo medio en broma.

—Yo espero que sí, y eres más guapa de lo que me había imaginado. — Me lanza así sin más.

No sé qué decir. Siento calor en la cara, seguro que me estoy poniendo roja. No estoy acostumbrada a que me piropeen y hoy van dos veces ya. ¿Qué está pasando?

— Gracias, tú también lo eres. — Murmuro.

Me excuso diciendo que tengo que buscar a mi sobrina y me alejo antes de parecer un tomate.

Naiara me mira con media sonrisa cuando me acerco.

—¿Y esa carita roja? Te estaba tirando los tejos, le ha faltado pegarte un bocado. — Me dice la cabrona de mi sobrina.

—No digas tonterías. — Digo, ahora sí que sí, roja como un tomate.

—Es verdad, le gustas mogollón. Ya va siendo hora de que te dejes llevar un poco. No todo va a ser trabajo. Deja que te cuiden alguna vez, y si tiene que ser una chica pues mira… ¿Te gustan las chicas tía? ¿Has probado el rollo bollo alguna vez? — Me pregunta.

—Eeeh… Naiara… vete un rato a… hablar con tus amigas, déjame tranquila. — Le digo conteniéndome.

—Vale, vale, usted perdone señora ligona. — Me dice riéndose mientras se va.

Voy al baño. Hago pis, me cambio el tampón, intento tardar lo máximo posible. Estoy fuera de lugar ahora mismo, no sé cómo actuar, llevo mucho tiempo fuera del mercado. Mi exnovio, el último, lo tuve antes de hacerme policía, algún rollo he tenido pero nada serio, no lo quería.

Me lavo la cara, las manos, me refresco para bajar mis calores internos y vuelvo al jardín.

Después de la tarta y cantar el cumpleaños feliz a Silvia, busco a Vega.

—Perdona por lo de antes. — Le digo. — No soy muy hábil con estas cosas, no sé aceptar halagos.

—No pasa nada. — Responde. — Igual he ido demasiado directa.

Me coge la mano. Con un boli me apunta su número y me dice:

—Por si algún día te apetece un café.

La fiesta se va apagando poco a poco. Naiara se queda a dormir en casa de Ramos y Silvia. Yo me despido y vuelvo sola. En el camino no dejo de pensar en Vega. En su manera de hablar. En su naturalidad, en que era muy guapa. Me sorprendo mirando su número en mi piel varias veces.

Cuando llego a casa marco su número sin pensarlo demasiado.

—¿Te apetece venir? — Le pregunto.

Dice que sí. Rápidamente me depilo, me pego un duchazo y pongo a enfriar cervezas.

Cuando llega está guapísima, se ha cambiado y lleva un rollo distinto, más sexy con transparencias.

El corazón se me acelera, le ofrezco algo de beber, me pide un vaso de agua, cuando me giro para llevárselo está detrás, me coge la mano del vaso, con la otra me acaricia la cara y me besa.

Tiene los labios suaves, delicados, besa bien.

Cuando despierto al día siguiente Vega se ha ido, me ha dejado una nota breve y clara:

“Gracias por una buena noche agente Aduriz, un beso, Vega”

Al verla sonrío como una quinceañera, no sé qué es esto, si es una cosa puntual o el inicio de algo, pero siento algo que pensaba que estaba enterrado en lo más interno de mi ser.

Me preparo un café y enciendo la televisión. Siguen hablando del caso, de Inés Redondo, de Juninho, Barrios, Llorens, Alcácer, Ulrich… los jueces, policías… todo lo del caso… de repente la presentadora de la tertulia matinal

dice que tienen una noticia de última hora.

—El futbolista involucrado en los sucesos del vídeo viral de los abusos ha sido encontrado en su domicilio sin vida.

Las primeras hipótesis apuntan a un suicidio.

Habría dejado una nota pidiendo perdón, arrepintiéndose de todo lo sucedido.

El joven jugador español que llegó a ser uno de los jóvenes con más proyección de futuro según la revista France Football…

— Informa la presentadora cuando apago la televisión.

Otra víctima, esta vez no ha sido la asesina, el chico no pudo más, en comisaría ya parecía sobrepasado, los acontecimientos que vinieron al publicarse el vídeo le habrán minado aún más y empujado a quitarse la vida, qué triste todo esto.