Capítulo XXII — La cuarta víctima
Cuando llegamos al hotel de concentración ya está todo acordonado. Dos patrullas en la entrada, la seguridad del hotel nerviosa, directivos del club hablando por teléfono sin parar y varios periodistas intentando colarse por cualquier rendija.
Los primeros agentes han hecho bien su trabajo, nadie ha entrado ni salido y la habitación permanece intacta a la espera del equipo forense.
Subimos a la habitación. El jefe de seguridad en la puerta monta guardia para que nadie entre, a su lado un par de agentes, están conversando.
Karl Ulrich no respondía a las llamadas ni a los golpes en la puerta. Un compañero del equipo, el que supuestamente dormía con él, fue a buscarlo. Al abrir la habitación se encontró el percal.
Maite y el equipo forense abren la puerta. Juran que nadie ha tocado nada, a simple vista parece ser verdad, la imagen es idéntica a la de las dos primeras víctimas, misma posición, mismos elementos, mismo corte, la bandeja ha vuelto, perfecta, colocada, mandando un mensaje.
El asesino ha vuelto a tomárselo con calma tras Llorens, con el que tuvo que hacerlo de manera atropellada
rompiendo el patrón que seguía hasta el momento.
El chico me da pena, estaba realmente acojonado cuando hablamos con él, si es verdad que no participó, esto delata que a ojos del asesino es igual de culpable.
—Todo parece encajar con el modus operandi, es idéntico al de Juninho y Barrios, la bandeja parece impecable de nuevo, cero huellas, parece que también ha podido ser sobredosis, mandaremos las muestras al laboratorio y esperaremos a la confirmación, pero la firma es inequívoca. — Nos explica Maite.
Esto es como el jodido Día de la Marmota, un cuerpo, igual, mismos patrones, hablamos con la gente, nadie ha visto ni oído nada, el asesino se nos escurre como agua entre los dedos… y ya van cuatro muertos.
La gente del hotel nos ha dejado una sala de reuniones.
El jefe de seguridad ha traído al compañero de Ulrich, Santi Albelda, ya está más tranquilo, le han dado algo para que se relaje, ha estado hablando con los psicólogos de la policía desplegados en el hotel. Como no, un abogado pegado a él.
—Nos han dicho que estaba establecido que compartiríais la habitación ¿Por qué no te encontrabas en la
habitación? — Le pregunta directamente.
—Porque me cambiaron de habitación. — Responde el chico. — Me llamaron de recepción anoche al poco de llegar.
El jefe de seguridad mira extrañado y nos dice:
—Por protocolos de seguridad no se suelen hacer esos cambios, y en tal caso se nos notifica para saber quién está en cada planta, y habitación.
Está claro, el asesino ha realizado esa llamada para dejarle aislado y despejarse el camino.
Después de que el chico preste declaración y nos responda a las preguntas, bajamos a la sala de seguridad mientras científica termina.
Allí está esperando el gerente del hotel, nos dicen que no hay registro de ningún cambio, no hay llamadas registradas en el sistema, que podrían haberse borrado una vez han sido realizadas, comienzan a revisar las cámaras desde la llegada del equipo al hotel, siguen a Ulrich con ellas reconstruyendo todos sus pasos.
El gerente en una de las imágenes reacciona.
—Vuelve atrás, esa chica, no trabaja aquí. Hace meses que no contratamos a nadie y no encaja con la complexión de las chicas de planta. — Dice el gerente.
El vigilante de seguridad sigue a la chica con las cámaras,
uniforme del hotel. De espaldas. Camina por los pasillos con paso seguro, como si supiera exactamente a dónde va. En ningún momento se le puede enfocar a la cara.
—Tiene que ser ella, es la única persona que no debería estar aquí, busca en la planta de la habitación del jugador. — Dice el gerente al jefe de seguridad.
Pincha la grabación en la pantalla central, y sobre las dos y cinco de la madrugada aparece la misma mujer, con un carro, como si llevara la cena, algo normal.
Sabe perfectamente dónde están las cámaras y no se descuida ni un segundo.
A las 2:38 sale de la habitación como si nada, de nuevo sin dejar ver su cara, saliendo de espaldas.
—Ahí tuvo que actuar. — Dice Ramos.
—A esas horas en el hotel solo hay personal básico, es fácil que se moviera sin levantar sospechas, podría no cruzarse con nadie en todo el recorrido. — Dice el jefe de seguridad.
—Busca los registros de entrada de empleados. — Pide el gerente al jefe de seguridad.
Al revisar las entradas del sistema, un nombre nos llama la atención, Lena Dudek.
El jefe de personal niega con la cabeza casi de inmediato.
—No hemos contratado a nadie con ese nombre. Ni en los
últimos meses ni antes. No hay chicas polacas, solo
españolas, latinas o rumanas. — Dice el gerente.
—Ese nombre es de alguien relacionado con el caso, está claro que quería dejar un mensaje. — Dice Ramos, quizá revelando más de lo que debería.
Ahora mismo no caben dudas, los asesinatos están relacionados con el caso de Ibiza, y el asesino que habíamos presupuestado que era un hombre aún con la duda de la limpiadora del piso vacío, es una mujer, o eso parece por la figura de las cámaras.
Pedimos que nos envíen todas las grabaciones y regresamos a comisaría cuando los forenses terminan.
De camino hemos confirmado que el equipo que vigila a Inés no la ha visto salir del piso en ningún momento, ni ha contactado con nadie.
Ya en comisaría esperamos con Beka a que lleguen las imágenes del hotel. Cuando por fin llegan las revisan los informáticos, no hay forma posible de sacar ni una imagen parcial del rostro de la asesina. Revisan las grabaciones del exterior, del parking, nada, ni rastro de cómo ha entrado.
—No actúa por impulso, lo tiene todo controlado, seguro que estudia el terreno a conciencia y sabe de sobra
cómo pasar desapercibida. — Dice Beka.
—Joder, como no cometa un error no la vamos a pillar en la vida. — Dice Ramos.
—Tranquilo Hugo, siempre cometen un error tarde o temprano. — Dice Alma.
Seguimos revisando todas las imágenes, frustrándonos por minutos al ver que es un puto fantasma imposible de cazar.
—Jefa, están hablando del caso en las noticias. Dicen que el asesino ha contactado con un colaborador del programa ese del Canal 3 que siempre es tan cínico. — Dice uno del equipo informático.
Beka busca en el ordenador el portal online del canal y accede a la televisión en directo.
Es ese famoso programa de la tarde donde los tertulianos discuten de lo que esté de moda, los rollos de famosos, lo que ocurra en España, siempre buscando el morbo y la audiencia a través de la miseria de otra gente y su dolor, cada vez que veo algo así en la tele lo quito, me dan asco.
Un colaborador está explicando a la presentadora que el asesino le ha contactado sobre la hora de comer, que tenía la voz distorsionada y que le había dicho que si quería saber por qué la mano del diablo mataba a esos futbolistas en concreto tenía un vídeo que esclarecía los motivos.
La presentadora abre los ojos de par en par, parece que no
lo sabía pese a ser la directora del programa, el colaborador se ha guardado su as en la manga…
Sigue contando que el asesino le ha hecho ir al cementerio de la Almudena, el más grande de Madrid.
Que le dio una ubicación exacta de uno de los nichos, allí dejaba escondido un pendrive con las imágenes.
La presentadora le dice que si ha traído las imágenes, él dice que claro, que las tienen en control, pero advierte que él las ha visto, y que son duras, pueden herir muchas sensibilidades, pero que su derecho es informar.
Tras varias preguntas de otros colaboradores tratando de tirarle de la lengua el hombre advierte que en ellas se ven abusos sexuales, drogas, alcohol y el asesinato de una chica que según ha podido confirmar se trata de Lena Dudek.
El revuelo se monta al no saber nada de ese nombre hasta el momento, preguntas capciosas, preguntas de incredulidad, sospechas de que es algún idiota buscando fama y un vídeo de mentira.
El colaborador contactado por la asesina dice que aparece otra chica en el vídeo pero que aún no ha podido confirmar su identidad aunque está cerca de saberla.
Tras unos breves momentos debatiendo si deberían mostrar algo así convencen a la presentadora.
El vídeo comienza, hay zonas difuminadas para evitar que
se vean las imágenes más sórdidas, pero ahí están claramente, Juninho, Barrios, Llorens, Alcácer y Lena Dudek en la habitación de Ibiza, el día que murió, todo empieza a suceder como contó Alcácer.
Se ve como la grabación está hecha con un teléfono y el sujeto que graba sale de la habitación pero sigue grabando desde fuera a escondidas, un golpe fuerte suena, la grabación se mueve hasta girar una esquina ahí se ve a Alcácer con una maceta en sus manos, Inés Redondo en el suelo inconsciente, Llorens sale por la puerta y la arrastra dentro, todo tal y como había contado Alcácer.
Ahora no hay dudas al respecto, estaba grabado y no lo sabíamos, seguramente ellos tampoco.
Justo después de arrastrar a Inés dentro de la habitación, se oye un jadeo de susto de quien graba y en un momento dado el teléfono cae al suelo, se ve como Ulrich lo recoge, él es quien ha grabado todo.
—Joder, esto confirma todo. — Dice Ramos.
—Falta la parte del asesinato. — Dice Alma.
La cámara vuelve a enfocar la habitación, y tal como contó Alcácer, abusan de ambas durante un rato, ven cómo Lena Dudek no está muerta, pero no despierta, se ponen nerviosos y urden el plan, Barrios sale en busca del cuchillo y vuelve con él más tarde envuelto en una servilleta.
Lo colocan en la mano de Inés Redondo con cuidado, Llorens sujeta la mano de Inés inconsciente y la servilleta y el cuchillo y se ve como atraviesa el pecho de Lena Dudek.
Acto seguido todos colocan la escena que está descrita en el informe policial que vimos y salen de plano, entonces la grabación se corta.
De vuelta al plató los tertulianos están desencajados, y eso que no se ha visto todo nítido, algunos tienen cara de rabia, a otros se les saltan las lágrimas, algunos parecen entender que eso es oro y les va a hacer ganar en audiencia.
Comentan que es un gran documento y una prueba que delata porqué el asesino está castigando a los que participaron en eso.
—Es cuestión de tiempo que sepan quién es Inés Redondo y empiecen a agobiarla. — Digo en voz alta.
—Pobre mujer, después de pasar por eso, la inculpan, la justicia le falla, se come años de cárcel que no le corresponden y en cuanto sepan quién es, la van a agobiar de la hostia. — Dice Beka.
Alarcón decía la verdad. La pobre Inés, no puedo dejar de pensar en ella, no se merecía nada de esto, dio con los tipos menos adecuados en el momento menos adecuado… y sin comerlo ni beberlo su vida se convirtió en un infierno por tratar de ganarse la vida.
Necesito desconectar esta noche, no pensar en esto, estoy
asqueada, frustrada, esta parte de mi trabajo me deja agotada. Ver cómo inocentes sufren así, que los malos se salen con la suya me hace querer dejar este trabajo, aislarme y no tener que ver la cara oscura del ser humano.
—¿Estás bien Aduriz? — Me pregunta Alma.
—No jefa, para nada, la pobre chica… — Respondo.
Alma nos manda a casa, a la espera de los resultados forenses, mientras siguen analizando las grabaciones.
Al llegar a casa me doy una ducha larga, lo necesito. Cuando salgo no tengo ganas de nada, me hago un ovillo en el sillón y me pongo música en los cascos, no quiero pensar, necesito ruido constante para no llorar.