La firma del asesino (La firma del…1) Capítulo XX — Raúl Alarcón
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Capítulo XX — Raúl Alarcón

Aterrizamos en Madrid de madrugada. Después de la paliza del viaje estoy deseando cambiarme, ponerme cómoda, comer algo rápido y dormir. Mañana tenemos el interrogatorio con Raúl Alarcón. Las maletas se están demorando mucho.

Al entrar en casa oigo la tele, Naiara está viendo un reality de esos que le gustan. La avisé de que había llegado al aterrizar.

Sobre la mesa veo un plato tapado con papel de plata, un vaso, cubiertos.

—Hola tía, ¿Qué tal el viaje? Te he preparado la cena. — Dice Naiara levantándose a abrazarme.

—Gracias sobrina, pues una mierda, largo, aburrido, cosas de policías. — Le digo.

Le pregunto que qué tal ha estado sola, si ha liado alguna. Me jura que no, que Jorge ya me ha llamado para informarme, y que no ha hecho nada más que estudiar, ver la tele y quedar con las hijas de Ramos.

Parece que por fin ha dejado definitivamente atrás el mood Adolescente rebelde enfadada con el mundo, y eso me da

cierta paz mental.

Después de cenar me acuesto, por fin mi cama, cómo la echaba de menos.

A la mañana siguiente la comisaría es un avispero.

Parte de la unidad va y viene, preparando redadas contra centros de apuestas ilegales. Órdenes cruzadas, teléfonos sonando, pantallas encendidas con mapas y listados.

El ambiente es de urgencia permanente, como si todo pudiera estallar en cualquier momento. Parece que por fin han encontrado algo para poder desmantelar la red de amaños.

En la zona de descanso del piso superior veo a Alma café en mano, Ramos terminándose un Kinder Bueno, qué vicio tiene con eso. Me informan que ya se han puesto al día, que sabe todo de nuestro viaje y las conversaciones con Llorens y Ulrich.

—Ha llegado. — Dice el ayudante de Alma. — Raúl Alarcón está abajo. Ha venido con sus abogados. ¿Les digo que suban?

—Bien. Que pasen a la sala tres. — Dice Alma.

Vamos para la sala y esperamos. Al poco entran Raúl

Alarcón y sus dos abogados.

Está pálido, ojeroso, con la ropa arrugada.

No parece un futbolista de primera división, parece un chaval que llevaba días sin dormir.

Que es justo lo que es, tiene veintitrés años, metro setenta de estatura, buena forma física, fibrado más que musculado, pendiente de brillantes, pelo estrafalario tintado de color azul, rayas rapadas por los lados.

—Antes de empezar. — Comienza uno de los abogados. —Mi cliente quiere dejar claro que está colaborando de manera voluntaria. Esperamos que eso se tenga en cuenta si se pretende inculparle de algo en un futuro.

—Eso dependerá de lo que cuente. — Responde Alma con calma. — No podemos ofrecer nada, sin saber qué nos dirá.

—Yo… quiero protección. Para mí y para mi familia. Y quiero que quede claro que estoy ayudando, que quede claro que no he hablado antes por miedo, me tenían amenazado. — Dice Alarcón.

—No podemos prometerte nada ahora. — Dice Ramos. — Habla. Luego veremos. Para empezar, ¿Quién te tenía amenazado?

—Barrios, Llorens y Juninho. — Confiesa Alarcón.

Hay un silencio denso, él está nervioso, se nota que quiere soltarlo todo, que no soporta más esa carga.

—Lo de Ibiza no fue como salió en el juicio. Yo me

encargaba de buscar chicas para las fiestas. No era la primera vez. Se les prometía una cantidad… que luego no siempre se pagaba entera. Firmaban documentos de confidencialidad. No eran contratos legales, pero ellas creían que sí. Tenían miedo de abrir la boca y así nos cubríamos las espaldas.

—¿Quién te lo pidió? — Pregunto.

—Llorens y Barrios. Juninho se apuntó por primera vez. Ulrich también estaba, pero… él no participó como los demás. — Responde Alarcón.

—¿Quién era Lena Dudek? ¿De que la conocía? — Pregunta Ramos.

Alarcón baja la mirada.

—Una de las chicas que busqué en la playa. Polaca. Se acercó pidiendo más dinero y que estaba dispuesta a tener sexo si era necesario. — Dice Alarcón.

—¿A drogarse y beber también accedió? — Pregunta Alma.

—Ella ya estaba alegre en la fiesta antes de acercarse, alcohol, fentanilo, coca… y otra cosa. — Responde Alarcón.

—¿Y cómo termina una relación consentida en asesinato con otra chica que aquí aún no aparece? — Le pregunto.

—Inés, eso fue después, iré en orden, no quiero dejarme nada. — Dice Alarcón.

—Adelante. — Dice Alma invitándole a hablar.

Uno de sus abogados se acerca y le dice algo, él hace un gesto de no querer escuchar…

—Le ofrecimos otros cinco mil euros, además de los cinco mil prometidos en origen, ella aceptó.

Fuimos a unas habitaciones apartadas, ya habíamos estado allí otra vez y era buen sitio para tener intimidad.

Ella comenzó a desnudarse, a participar de tocamientos con todos, yo comencé a rayarme, ella dijo que me relajara y me tumbó en un sillón y me realizó una felación, fue breve, pero llegué a culminar.

Rápidamente Llorens, Barrios y Juninho comenzaron a hacer con ella de todo, ella parecía a gusto durante unos minutos, tras eso comenzó el horror… — Narra Alarcón.

Que desgraciados. Me repugna que haya gente así.

—¿Qué sucedió entonces? — Dice Ramos tenso.

—Juninho se enfadó porque ella quería parar, la golpeó en el estómago y le dijo que ahora era nuestra, que habíamos pagado por su cuerpo.

Ella como pudo se zafó y corrió al baño.

Allí habíamos dejado una bandeja del catering, la chica salió con un cuchillo diciendo que la dejáramos irse. — Prosigue Alarcón.

—¿Y ahí se cometieron las heridas del brazo y mano? — Pregunta Alma.

—Sí, Llorens le quitó el cuchillo, en el forcejeo se cortó, entonces Barrios sacó droga zombificada de esa que deja a las chicas sin voluntad, y se la introdujo en la boca mientras Juninho la sujetaba. — Responde Alarcón.

Que hijos de…

—¿Y usted qué hacía en ese momento? — Pregunta Ramos.

—Yo nada, me quedé paralizado, mirando todo como si estuviera viviendo una pesadilla. — Dice Alarcón.

Alarcón se pone a llorar, no parece fingido, no parece una táctica, más bien el relato desgarrador de un hombre que dejó que ocurriera algo terrible y ha cargado con eso durante años. Pero aún no sabemos qué ocurrió con Inés, cómo terminó ahí.

—¿Qué ocurrió a continuación? — Pregunto.

—De todo, abusaron de ella, el chico, Ulrich se fue, dijo que no aguantaba más.

Ellos ni se dieron cuenta, yo no podía salir, estaba mirando como si lo viera desde fuera de mi cuerpo.

Se drogaban, abusaban de ella, introducían de todo por los orificios, en un momento los tres introducían sus…

bueno, ya sabéis en ella. Y en ese momento sonó un ruido fuera…

me miraron y me dijeron que fuera a ver, a gritos. — Narra llorando aún más Alarcón.

—¿Era Inés Redondo? — Pregunta Alma.

—Sí, la chica se había tropezado, estaba aterrorizada, cogí

una maceta y la golpeé en la cabeza, por instinto, me había visto la cara y estaba dentro con ellos. No lo pensé, actué. Llorens salió y me vio, me dijo que buen trabajo y la metió dentro, yo entré después. — Dice Alarcón.

El otro abogado hace un gesto incómodo, pero no lo interrumpe, simplemente se limita a decirle algo que no puedo escuchar.

—Después… todo se descontroló. — Continúa Raúl.

— A Lena le hicieron de todo. A Inés inconsciente también.

Cuando se dieron cuenta de que Lena no respondía, que estaba catatónica entraron en pánico, eran futbolistas famosos, no podían caer por eso, según sus propias palabras.

Llorens propuso que pareciera un asesinato, la chica estaba mal, pero no muerta, si hacían parecer que Inés la había acuchillado, luego extendíamos el rumor de que estaban liadas y hacíamos parecer que fue algo pasional que se fue de mano por las drogas y alcohol nos libraríamos.

Quisiera decir que puse alguna pega, pero estaba acojonado y accedí. — Narra Alarcón.

Eso no te hace menos culpable. Me estoy revolviendo con cada parte que cuenta.

—¿Y el cuchillo cómo tenía las huellas de Inés si estaba inconsciente? — Pregunta Alma.

—Se llevaron el original con el que forcejearon. Creo que

fue Barrios. Luego cogieron uno del catering, de los cocineros, eran los mismos. Con una servilleta. Pusieron la mano de Inés en el mango… y la apuñalaron sujetando su mano.

La sala queda en silencio, los abogados están claramente incómodos, mientras el acaba de admitir que ha encubierto un asesinato premeditado a sangre fría y ha estado callado todo este tiempo.

—¿Quién llamó a la policía? — Pregunta Ramos.

—Ellos. Ya tenían el plan hecho. Dijeron que las chicas estaban liadas, que discutieron.

Pusieron porno alto. Se dejaron ver por la casa, repitiendo la hora en voz alta.

La gente iba tan drogada que luego juraban haberlos visto a todos en otros sitios a esas horas.

Con gente tan drogada repetir algo así se queda grabado en su subconsciente. — Responde Alarcón.

—¿Y los abogados cómo consiguieron que no se os imputara por violación? — Pregunta Laia.

Raúl suelta una risa amarga y dice:

—Eso fue lo más fácil. Dinero. Presión. Amenazas. Inés no tuvo ninguna opción. Ni siquiera quisieron oír que a ella también la habían violado, Llorens tenía unos abogados muy buenos, él se encargó de mover hilos, dijo que no necesitábamos saber más.

—¿Cómo se llama ese abogado? — Pregunta Alma.

—Gerard Gaspart Hernández. — Responde Alarcón.

Se hizo otro silencio. Alma apoyó los codos en la mesa, en su libreta se gastaban las páginas, la cámara grabando la confesión.

Por fin sabemos qué ocurrió exactamente en Ibiza, esto cuadra mucho más que el informe.

¿Hasta dónde llega la corrupción del sistema? ¿Por qué resulta tan fácil que gente con dinero salga indemne de cosas así?

Es algo que jamás quieres aceptar como policía, pero inevitablemente pasa, y eso me asquea y me hace dudar de mi profesión a veces.

Luego pienso en que hacen falta policías honestos y que no se dejan comprar, como Alma, Ramos y yo.

Si no todo iría mucho peor y los ricos y poderosos gobernarían aún más el mundo saliéndose con la suya.

—¿Por qué hablas ahora? — Pregunta Ramos.

Raúl levanta la vista, los ojos enrojecidos.

—Por miedo, antes no lo hacía por miedo a ellos, me tenían amenazado, decían con razón que yo también era cómplice.

Pero llevo todo este tiempo mal, mi juego ha decaído, ya no soy ni una sombra del futbolista que era porque la culpa me carcome.

Ahora que están muertos no tengo que tenerles miedo y si al asesino, y no aguanto más. — Reconoce Alarcón.

—¿Seguro que no participaste en las violaciones? — Pregunta Ramos, directo.

—No. — Raúl niega con la cabeza. — Ya he dicho antes, solo me realizó una felación Lena. Del resto solo fui testigo, y ya bastante malo es haber estado quieto sin actuar en el momento ni todo este tiempo.

Uno de los abogados interviene:

—Mi cliente está colaborando plenamente. Creemos que eso debe quedar reflejado y en caso de que se emprendan acciones contra él sea del menor impacto posible.

Alma lo mira fría, tensa, sé que no le gustan los abogados, y se nota.

—Quedará reflejado todo. También lo que acaba de admitir no se preocupe. — Responde con calma.

Alarcón se derrumba totalmente, los abogados se lo llevan.

Alma, Ramos y yo nos quedamos comentando que esto será un testimonio clave, que ahora todo encaja bien, no como en ese informe de mierda que nos querían hacer colar por real.

Pero seguimos teniendo cuatro víctimas. Lena Dudek y los tres futbolistas. A Inés Redondo encarcelada, y sin un entorno que quiera vengarse por ella. Eso nos deja algún asistente a la fiesta que viera esto y no dijera nada… o Inés miente.

Pero tenemos cero información real del asesino, solo conocemos su firma, y que puede que sea una mujer en base a la mujer que apareció en el domicilio de Barrios como limpiadora y que tenía un piso alquilado donde no encontramos nada.