Capítulo XIX — Karl Ulrich
Llegamos a Valencia agotados, frustrados y cabreados.
No estamos evitando muertes, no sabemos ni de cerca cómo es el asesino, más allá del perfil que han redactado.
Estamos fuera de casa, dando vueltas para oír la misma versión que hemos leído en el informe del caso de Ibiza.
Estoy preocupada por Naiara, necesito una pequeña victoria, algo que dé ánimos.
Nos registramos en un hotel barato cerca del estadio, dejamos las maletas, ducha rápida y a buscar algo de comer. El bar del hotel tiene la tele puesta a todo volumen y es imposible escapar del circo mediático en torno al asesino, y las muertes de los futbolistas.
Las tertulias deportivas convertidas en programas de sucesos. Fotos de Juninho. De Barrios. De Llorens.
Un rótulo enorme:
“LA MANO DEL DIABLO VUELVE A GOLPEAR”
Como si fuera una película. Como si no hubiera tres cadáveres de verdad.
Discuten si la liga debería suspender la jornada por respeto. Cinco minutos después están hablando de alineaciones y apuestas. El negocio nunca para.
Ramos mastica en silencio mirando la pantalla.
—Putos carroñeros, les encanta hacer audiencia hablando de la miseria ajena. — Me comenta.
Alma nos llama, nos informa que el club no permite que hablemos con Ulrich hasta después del partido de hoy, que el equipo está concentrado, que cuando termine nos dirán dónde hacerlo.
Después nos da buenas noticias, nos manda refuerzos, catorce agentes más, Garrido y Morales incluidos.
Coordinación con la policía valenciana. El club ha reforzado la seguridad, tendremos más control sobre lo que ocurre, todos conectados.
Por último, nos dice que va a ir a hablar con Inés a la cárcel, todos los de su caso están muriendo, tiene que haber alguien cercano sospechoso y cree que nos mintió.
Cuando llegamos a las inmediaciones del campo ya se nota el cambio. Más uniformes de lo normal. Furgones. Controles de mochilas a conciencia. Seguridad privada pidiendo acreditaciones con cara de pocos amigos.
Nada exagerado, pero sí más tenso. Nadie hace la vista
gorda, hay un montón de cosas peligrosas sacadas de mochilas en carros en la entrada de cada vomitorio, nunca han revisado tanto en un partido en los últimos años. En parte de los asistentes se respira miedo.
Nos ha costado pasar hasta a nosotros.
Dentro nos reunimos con el equipo en una sala pequeña. Plano del estadio sobre la mesa. El jefe de seguridad del club nos indica los puntos más vulnerables. Ramos reparte zonas, agentes de paisano mezclado por palcos, túnel de vestuarios, accesos médicos, zona VIP.
La policía local uniformada cubre gradas y exteriores.
Radio abierta. Si algo pasa, nos enteramos todos.
Ramos y yo subimos a los palcos VIP.
Dentro hay mucha ostentación, comida cara, ropa de marca, perfumes caros, relojes y joyas, futbolistas lesionados o sancionados en sus palcos privados, actores, cantantes, youtubers, influencers, una mezcla de gente conocida pasándoselo bien.
Pocos hablan de la muerte de Llorens, es como si fueran insensibles a lo sucedido.
Antes del partido guardan un minuto de silencio por Llorens, su imagen en las pantallas es un recordatorio más de nuestro fallo, de no haber encontrado un asesino y parado todo antes de la segunda víctima, vuelve la ansiedad, los nervios, la frustración, pero tengo que estar pendiente, atenta, no puedo distraerme.
Todo el estadio guarda un silencio sepulcral, en el centro del campo los jugadores abrazados, Ulrich es el portero titular, se le ve nervioso.
Desde el palco veo el comienzo del partido, me fijo en Ulrich, sale tarde a los balones. Falla un despeje fácil. Le pitan cuando entrega el balón al delantero del otro equipo y encaja el primer gol, está muy nervioso.
Durante los noventa y siete minutos de partido más descanso, no ocurre nada, nada sospechoso.
Las comunicaciones constantes, accesos controlados, no hay nadie que haga ni siquiera algo raro que sea sospechoso.
Pensándolo fríamente, si el asesino estaba en Barcelona para llegar aquí y organizar algo contra Ulrich, si es que es su objetivo real, todo sería muy precipitado.
Aunque ya no sé muy bien qué pensar, en momentos así me siento una mierda de Inspectora, bueno, ni eso, subinspectora.
Los abogados del club nos llevan a la zona de control de antidopaje, casualmente le toca a Ulrich. Pasillos interiores, puertas con llave, personal sanitario. Sitio seguro.
Demasiada gente para que nadie haga tonterías.
En la puerta están sus padres. El padre no para de caminar en círculos. La madre tiene los ojos rojos. Eso ya delata su preocupación.
Ulrich sale en chándal, con el pelo aún mojado. Parece un crío después de educación física, y va directo a la sala del doping.
Un hombre de 50 años, bigote frondoso, pinta de médico entra, le hace las pruebas que hagan para eso, no tengo la menor idea, y nos dice que ya está listo, que no puede irse de allí mientras lo analizan, es el momento de hablar con él.
A Ulrich se le quiebra la voz, entiende muy bien el español y responde de manera coherente.
Dice que él no sabe nada, que no entiende qué está pasando, que los fallecidos eran de los primeros amigos que hizo cuando iba a Ibiza de vacaciones recién aterrizado en España.
Que en aquella fiesta él no participó del acto sexual. Que los demás no hicieron nada raro.
No dice nada que no hayamos leído en el informe, nada que no nos dijera Llorens… es como dar contra un muro de mentira.
Ramos le pregunta si sabe quién podía hacerles daño a ellos, si tenían enemigos que él supiera, si debían dinero, si sabe algo del tema de las apuestas.
El chico a cada pregunta se pone más nervioso, no por esconder algo, sino porque parece que es algo que él ni siquiera se hubiera planteado.
—¿Intentan matarme también? ¿Estoy en peligro? — Pregunta finalmente acojonado.
—No lo sabemos, mientras os cerréis en banda y no nos digáis lo que sucedió de verdad, no podemos ayudaros. — Dice Ramos tratando de quebrarle.
—Agente, le advierto, si sigue presionando así al chico me veré obligado a denunciar por calumnias, acoso, difamación, el chico está afectado por la muerte de sus amigos, tiene miedo, no necesita esto. —Dice el abogado que está presente.
—Lo lamento, solo queremos ayudar. Yo le aconsejaría cuidarse las espaldas, algo pasó allí que no quieren decirnos, y los implicados están cayendo uno tras otro. — Dice Ramos en un tono más duro del habitual, veo que a él también le está pasando más factura de lo que deja ver el caso.
De nuevo salimos de un interrogatorio sin una sola pista nueva, algo que nos haga saber por qué los matan, Ramos llama a Alma para informarla. Escucha en silencio, y dice:
—Vale. Vamos para allá.
Cuelga.
—Raúl Alarcón se ha presentado en comisaría. Dice que quiere hablar. Tenemos que volver ya. — Dice Ramos
Raúl Alarcón es el que faltaba. Nos ahorramos el viaje a Galicia. Pero si ha acudido a comisaría, es que está asustado como Ulrich, quizás por fin alguien hable y nos cuente qué ocurrió realmente allí.