La firma del asesino (La firma del…1) Capítulo XVIII — Tercera víctima
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Capítulo XVIII — Tercera víctima

Sigo a Ramos por los pasillos de las instalaciones del RCD Barcelona. De repente me suena el móvil, es un mensaje de Naiara, ha sacado un siete en un examen, está súper contenta. Esto es una alegría.

No sé si ha sido por lo ocurrido con el chico aquel, pero el cambio en ella ha sido descomunal. Le escribo lo orgullosa que estoy de ella mientras sigo andando. Al girar una esquina choco con alguien y el teléfono se me cae al suelo.

—Perdona — Dice una mujer con acento extranjero.

Levanto la vista. Cuarenta y muchos, quizá cincuenta. Pelo rubio ceniza, recogido en una coleta baja, piel clara, rasgos duros, centroeuropeos. Lleva un pase colgado al cuello:

“Anna Perisic, Staff médico, masajista”

Detrás de ella van otros tres con el mismo uniforme, llevan un carro con cremas, toallas y un altavoz bluetooth.

—Nada, ha sido culpa mía que iba mirando el móvil sin prestar atención. — Le digo.

Ella se agacha, recoge mi móvil y me lo da, le doy las gracias, me medio sonríe y siguen su camino. Miro el móvil, se ha picado un poco la pantalla, qué putada, no estoy para cambiar de teléfono, espero que no afecte a cómo se ve. Ramos se queda mirando a los masajistas mientras se van.

—Seguro que son unas máquinas. — Murmura cuando nos alejamos. — Estos futbolistas son unos cabrones, están cuidados al milímetro y yo pagando a un quiropráctico de mierda que me deja igual.

— Seguro que sí. — Le respondo.

Salimos rumbo al hotel, cogemos las maletas y nos preparamos para ir al aeropuerto, siguiente parada, Valencia.

En el aeropuerto tenemos que esperar, el primer vuelo es a las seis de la tarde. Es la una, decidimos comer algo allí, por suerte Ramos me invita, porque aquí por un bocadillo te cobran un ojo de la cara.

Mientras esperamos suena el teléfono de Ramos, lo coge y su cara cambia por completo.

—¿Qué pasa? — Le pregunto.

—Pau Llorens, lo han asesinado, lo acaban de encontrar en la sala de recuperación del club. Parece que con el mismo patrón que los otros dos, Alma ha mandado un equipo forense local para que nos ayuden. Tenemos

que ir ya. — Me responde cuando cuelga.

De repente veo el ajetreo del aeropuerto como a cámara lenta, se me acelera el pulso, Llorens muerto, eso quiere decir que después de hablar con nosotros el asesino ha actuado, que incluso puede que estuviera allí a la vez que nosotros, es la primera vez que estamos tan cerca de él, y aun así se ha conseguido asesinar de nuevo y pasar desapercibido. ¿Cómo coño lo hace?

Salimos casi corriendo, alquilamos un coche de nuevo, Ramos le mete prisa a la chica del mostrador, la pobre va todo lo rápido que puede.

Cuando llegamos al club ya hay patrullas de los Mossos, seguridad privada del equipo y un caos contenido a duras penas.

Dentro en una sala, abogados, directivos, el entrenador, jugadores en chándal, el presidente hablando por teléfono, trabajadores del club.

A todos les tienen controlados a la espera de tomarles declaración, no estamos en casa, aquí ellos llevan la voz cantante, pero Alma dice que nos dejaran ayudar.

—Después del entrenamiento algunos jugadores se

quedan en el gimnasio o recuperación. — Explica

atropellado uno de sus abogados. — Masajes, crioterapia, fisioterapia… Pau sufrió una contusión en el último partido. Y hoy tenía una sesión programada.

—¿Quién lo encontró? — Pregunta Ramos.

—Un compañero. Llegó tarde a la rehabilitación y al llegar ya estaba así. — Responde el abogado.

Ramos está impaciente, me dice que él va a la escena del crimen y que yo hable con el testigo. El abogado me señala quién es.

—¿Es usted Ovidiu Chivu verdad? — Le pregunto al chico que me ha señalado el abogado.

—Sí, agente, soy yo. — Me dice.

Está blanco como la cal, sus manos tiemblan, lleva el chándal del equipo lleno de sangre.

—Tranquilo. Respira. Cuéntamelo despacio lo ocurrido. — Le digo con tono suave.

Traga saliva y su mirada se pierde en el suelo brevemente.

—Yo… tenía rehabilitación, pero me llamó mi mujer, problemas en casa… llegué tarde… la luz estaba apagada… pensé que se habían ido… — Me dice hablando entrecortado.

Se le quiebra la voz y sigue:

—Encendí… y estaba… en el suelo…

Cierra los ojos como pudiendo visualizarlo.

—Desnudo. Boca abajo. Con… con un palo… metido por detrás… — Sigue narrando.

¿Un palo? Eso es nuevo.

—Había sangre. Mucha. Pensé que se había desmayado o algo. Le di la vuelta para ayudarle y… y… — Sigue explicándome como buenamente puede.

Se mira las manos.

—Se quedaron… se quedaron ahí… — Repite en shock.

Me hace gestos llevándose las manos a sus partes.

—Pula y coaiele. — Dice en rumano.

—El pene y los testículos. — Digo para confirmarlo.

—Sí, no pensé que estuviera muerto. Lo juro. Solo quería ayudar.

—Tranquilo, es un acto instintivo, ¿Tocaste algo más? — Pregunto.

—No, lo juro, en cuanto vi eso, salí a avisar, vomité en el suelo… y ya vinieron sus guardaespaldas. — Dice con la cara desencajada.

Le digo que ya puede sentarse de nuevo, que no hable con

la prensa ni con nadie de lo que ha visto, que espere a que los compañeros Mossos hablen con él para darle instrucciones.

Entro en la sala de rehabilitación.

Esta vez el cuerpo no está en posición genupectoral, porque Raducanu lo ha movido, pero sí está desnudo, genitales cercenados, y un objeto en el recto, esta vez no es un dildo, es un palo de escoba roto.

No hay bandeja, ni recipiente con drogas, no ha podido tomarse su tiempo como con las otras víctimas.

—Ya van tres, Aduriz, joder, y no tenemos nada, hay que hacer que hablen los otros futbolistas como sea. — Me dice Ramos.

—Lo sé, es desesperante. — Le digo.

—Y este, ha sido improvisado, no se ha podido recrear, seguro que como ha contratado los guardaespaldas, no ha podido hacerlo en su domicilio. — Me dice.

—Todo apunta a eso, ahora me siento mal por haber hablado mal de él antes. — Le digo.

—Una muerte es una muerte, Aduriz, siempre da pena, pero que era gilipollas también es verdad. — Dice bajando la voz.

Llega el equipo de científica pocos minutos después.

Una mujer que se presenta como Ada Puyol, al frente.

Se coloca los guantes y empieza a mandar como una directora de orquesta a sus acompañantes.

—Perímetro. Nadie más entra. Fotografía general. Temperatura corporal. Livideces. Pupilas. Muestras de fluidos.

Comienza el baile, la meticulosidad de quien sabe que hay que analizar todo al milímetro con cuidado, y más con la presión mediática que hay detrás a estas alturas.

Cuando terminan de analizar la escena nos llama para darnos el análisis provisional.

—A simple vista posible intoxicación aguda. Pupilas midriáticas, cianosis leve, espuma seca en comisuras. Compatible con sobredosis.

—¿Ámbar8? — Pregunto.

—Lo confirmará toxicología, pero todo apunta a eso según los informes de vuestra forense. — Responde.

Señala el palo.

—Inserción post mortem o perimortem. No hay reacción inflamatoria evidente. La mutilación genital también parece post mortem. Cortes limpios. Instrumento

afilado, al igual que las otras dos víctimas.

—¿Hora de la muerte? — Pregunto.

—Entre las doce y la hora de descubrimiento del cuerpo las dos y media de la tarde. — Responde Ada.

—Nosotros dejamos de hablar con él a las doce y siete minutos, que justo miré el móvil. — Le digo.

Un escalofrío me recorre la espalda, con ese margen, tenía que estar en las instalaciones mientras nosotros le interrogábamos, esperando a su momento.

—Manda una copia del informe a Maite, por favor. — Dice Ramos.

—La tendréis en cuanto nos lleguen los resultados. — Responde Ada.

Salimos en busca de los guardaespaldas, a ver qué excusa tienen para no haber hecho bien su trabajo.

Son dos armarios empotrados, más de metro noventa, fuertes, intimidan, sobre todo para alguien como yo, tan poca cosa.

Se excusan en que Llorens siempre les hacía esperar en la sala contigua a la que él estuviera, que se agobiaba si le seguían muy de cerca.

¿Entonces para qué coño quería guardaespaldas?

Por Wifi no protegen a Llorens… uno de ellos parece más afectado, diría que incluso ha estado llorando.

Les pedimos que nos envíen las imágenes de los alrededores de la casa a ver si vemos algo sospechoso, dicen que hablarán con la familia y si dan su consentimiento lo harán.

Después vamos a hablar con seguridad del club, dicen haber buscado por todo el recinto y no haber encontrado nada sospechoso, a nadie que no conocieran, o no tuviera acceso confirmado.

Que sí que hay un pequeño grupo de gente que no es habitual pero que los papeles están en orden.

Le pedimos la lista con nombres y horas de acceso, las grabaciones, todo lo que podamos llevar a Beka para que haga su magia. Después de varias llamadas, el club accede a enviarlas.

Es frustrante, pero no tenemos mucho más que hacer aquí, y nos espera un vuelo a Valencia a ver si hay más suerte con el siguiente testigo, si no lo han matado cuando lleguemos… visto lo visto el asesino parece un mago omnipresente.

Una vez fuera de las instalaciones del club. Llamamos a Alma desde el coche para informar de que tenemos otro cuerpo y nada más, un leve cambio en el modus operandi, pero no hay sospechosos, si hay ADN o no lo dirán las pruebas forenses. Nosotros estamos fuera

de casa, poco más podemos hacer.

Estoy empezando a desesperarme con este caso.

Me quedo mirando el estadio por el retrovisor mientras Ramos conduce rumbo al aeropuerto de nuevo, con la sensación de haber fallado, de no ser suficientemente buena… vaya mierda.