Capítulo XVII — Pau Llorens
Mientras esperamos Ramos recibe un mensaje en su teléfono, veo su cara, pasa algo serio. Me lo enseña después de leerlo.
El mensaje es de Alma. La noticia sobre los asesinatos de futbolistas ya ha invadido todos los canales: tertulias deportivas, telediarios, programas de crímenes.
Están llamando al asesino “La mano del diablo”, como si fuera una figura mítica, algo más grande que el propio crimen, en contraposición a la mano de Dios de Maradona.
La prensa no nos da respiro. Y por si eso fuera poca presión, Alma dice que los superiores le están apretando para que demos con el asesino.
—Vaya mierda, Aduriz, cuando los de arriba presionan las investigaciones se van a la mierda, se cometen más fallos por la presión, por las prisas, no podemos permitirlo. — Me dice Ramos susurrando.
Antes de poder responderle por fin hace acto de presencia Pau Llorens.
Tiene treinta y dos años, pelo corto degradado con tupé, cabello marrón claro, barba de un mes con aspecto descuidado, pero no lo está.
Tiene aire chulesco. Es guapo y lo sabe.
Entra en la sala creyéndose por encima del resto, se le nota.
Fuera se quedan dos hombres vestidos de traje, seguridad privada, se les huele a kilómetros.
Llorens se sienta delante de nosotros, con pose relajada, no está tenso. O le han preparado para que no esté nervioso o es que se siente seguro de sí mismo, tanto que no teme ni a la policía.
—Y bien, agentes, ¿En qué puedo ayudarles este hermoso día? — Dice gustándose, saboreando las palabras, sabiendo que es el centro de atención.
—Buenos días, señor Llorens. — Ramos se lanza con voz plana. — Vamos a ser directos, no queremos hacerle perder el tiempo, estamos aquí por la investigación de los asesinatos de los futbolistas Juninho Pereira y Sergio Barrios.
—¿Y qué tengo que ver yo con sus muertes? Que lo siento mucho, eran muy buenos tíos, pero yo ni estaba en la misma ciudad. — Dice con aire desafiante.
Sigue girando la silla de lado a lado, como un crío pequeño.
Este tío es imbécil.
—Estamos investigando unos sucesos ocurridos en Ibiza, en el año dos mil veintiocho, en verano, durante una fiesta a la que usted acudió junto a los fallecidos y otros futbolistas. Allí apareció el cadáver de una chica, y otra, su presunta asesina, fue detenida. — Explica Ramos.
—Presunta no, la detuvieron, la condenaron, testificamos y demostraron que ella lo hizo, ¿Qué más quieres de mí? — Dice cambiando un poco la calma por una leve impaciencia, moviéndose en la silla.
Ramos le mantiene la mirada, trata de intimidarle, ya lo he visto antes y suele funcionar con rateros de poca monta, confidentes o testigos, pero con alguien así será más difícil.
—Sabemos que eran amigos. Queremos saber si usted puede tener alguna pista sobre quién pudiera hacerles daño, si tenían enemigos declarados, algo que pueda ayudarnos a encontrar al asesino antes de que vuelva a actuar. — Dice Ramos calmado.
Pau mantiene su mirada tranquila. Sabía que la pregunta llegaría.
—Sí, yo era amigo de ellos, pero no tengo ni idea de nada de eso.
Yo vivo en mi país, Cataluña, ellos viven en la meseta.
Si se han metido en algo raro, yo no tengo noticias, no sé nada, el asesino no tiene nada que ver conmigo.
Todo lo que sé lo declaré en ese juicio.
Si no tienen más preguntas, ¿Puedo irme?
Mi mujer me espera. — Dice Llorens amagando a levantarse.
Lo dice sin vacilar, quiere tensar la cuerda, que paremos con las preguntas.
—Aún quedan un par de preguntas, siéntese por favor, terminaremos rápido, señor Llorens. — Le digo hablando por primera vez, no quiero que se note que ese aire chulesco me repugna.
Se sienta poniendo caras, mirando hacia arriba y
resoplando. Uno de sus abogados le dice algo al oído.
—¿Sabe usted algo de los amaños de apuestas que están en auge? ¿Ha oído algo de algún compañero? ¿Alguien externo o del propio club que haya pedido a algún compañero o a usted mismo que haga algo cuestionable? — Pregunta Ramos con tono serio, directo.
—Ni idea de qué me habla, agente. Yo no apuesto, nunca he pisado un salón de esos ni quiero saber nada al respecto. — Dice Llorens rebajando el tono.
—Última pregunta, ¿Y por qué después de la muerte de Juninho decidió contratar guardaespaldas, si no tiene nada que ver con lo que les pasó? ¿Teme que puedan ir a por usted? — Le pregunta Ramos.
Él se toca el pelo, bebe agua… Otro de los abogados le dice algo al oído… y habla:
—Es por seguridad. — Responde, algo más serio, pero sin perder su tono relajado. — Si le pasó a Juninho y Barrios, me podría pasar a mí. Yo soy más famoso que ellos y no soy tonto. No quiero morir como ellos, que me pille por sorpresa alguien y me haga esas mierdas
horribles que dicen los periodistas.
—¿No acaba de decir que no tiene nada que ver con el asesino? — Pregunta Ramos incisivo.
—Sí, no lo tengo, pero ¿Quién sabe qué hay en la mente de un zumbado así? Y repito yo soy más famoso que ellos. — Dice gustándose Llorens.
¿Es una justificación lógica o está tratando de desviar nuestra atención?
—¿Más famoso? — Pregunto, mirando fijo a sus ojos.
—Sí, guapa, lo mismo tú no sabes de fútbol. Ciento cincuenta y tres partidos con la selección, más de trescientos partidos con el club, capitán hace cinco temporadas, balón de plata, he ganado Mundial, dos Champions, una Eurocopa. Soy mucho más famoso que ellos. — Me dice tirando de chulería.
—Le pido por favor que me trate de agente, nada de guapa, aunque sea mayor que yo. Un respeto a la placa, señor Llorens. — Digo cabreada. ¡Menudo gilipollas!
No conseguimos sacarle nada más, se remite al informe, ni las chicas, ni las drogas, ni apuestas, ni nada.
Este chulo no va a hablar más, se cierra en banda y los abogados cortan cada intento de ser más incisivos amenazando con denuncias por calumnias.
Yo salgo fingiendo una llamada, si me quedo dentro le cojo del cuello, me está poniendo mala…
Cuando sale Ramos dice que le ha dejado su número por si se acuerda de algo.
—Este tío es más gilipollas de lo que parece en televisión. Y eso es mucho decir. — Me susurra.
—Ya ves, ¿Por qué crees que he salido? Me estaba poniendo mala. — Le confieso.
Hemos perdido el tiempo viniendo aquí a hablar con Llorens, espero que tengamos más suerte con los otros dos, no sé si tengo la paciencia suficiente para tratar con niñatos ricos engreídos tan seguido.