La firma del asesino (La firma del…1) Capítulo XVI — Los futbolistas
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Capítulo XVI — Los futbolistas

Alma lleva días tratando de conseguirnos una forma de hablar con los futbolistas. Apenas ha salido del despacho.

En paralelo sigue tratando de dar con los sitios de apuestas que siguen proliferando para cubrir el hueco dejado por la red de drogas que desmantelamos en la operación con la Europol.

A Ramos y a mí nos ha dicho que nos centremos en los asesinatos mientras el resto de la unidad se encarga de los otros frentes. Por eso intenta hacer todo lo posible por conseguirnos una citación con esos futbolistas que Inés nos dijo y salen en el informe del caso de Ibiza.

Alma nos ha citado en su despacho. Ramos y yo entramos. Está al teléfono y nos indica con la mano que nos sentemos.

Tras unos minutos de frases cortas, formalidad, cuelga.

—He hablado con los abogados de los futbolistas. Ellos, como era de esperar, no estarán dispuestos a venir a Madrid sin una citación oficial. La única forma de hacer esto rápido es que os desplacéis hasta sus ciudades, los clubes nos facilitarán el contacto

discretamente. — Nos informa Alma.

—¿De verdad no hay otra manera? — Pregunta Ramos.

—No si queremos que sea rápido. Pau Llorens, Karl Ulrich y Raúl Alarcón ya están al tanto de que los llamaremos para una declaración. El club de Pau Llorens está dispuesto a organizar la cita de forma discreta en las instalaciones del club, en Barcelona, en dos días.

No me gusta nada la idea de tener que irme y dejar a Naiara sola. Es verdad que está más calmada, centrada, que ha dejado atrás toda la rebeldía… pero no sé si puedo fiarme al cien por cien.

—¿Y la prensa? — Pregunto.

—No tienen por qué enterarse. — Responde Alma, levantando la vista.

— Todo se manejará de forma discreta. Ellos ya saben que esto es grave.

Los abogados están informados y los futbolistas no querrán complicar más sus vidas.

Lo haremos en instalaciones de los clubes, vosotros no vais uniformados, entraréis en las instalaciones y os conducirán a donde estimen oportuno que es el sitio más discreto.

Alma nos agradece que lo hagamos aunque aún no hemos aceptado, no nos deja opción.

—Entonces, está claro. — Digo, levantándome. — Nos vamos mañana.

Cuando llego a casa Naiara está dormida y no puedo comentarle que me tengo que ir.

Ahora toca hacerla ver que la mejor opción es que se quede con Jorge, no le va a gustar. Es hora de dormir.

Cuando despierto ella sigue sobando, creo que se está poniendo mala, lleva días con tos, pero no quiere ir al médico la cabezona. Tengo que ducharme y preparar todo para el viaje.

Cuando salgo de la ducha está desayunando tranquilamente. Cuando está calmada parece hasta una niña buena, pero tiene el fuego de la mala hostia de su madre ardiendo constantemente.

—Buenos días, tía. — Me dice con la boca llena.

—Nai, no hables con la boca llena, es de mala educación. — Le reprendo.

—Lo siento. — Dice dejando chorrear leche por la comisura de la boca aposta.

—Que tía… tengo que contarte algo. En el curro me mandan fuera, tengo que hacer unos viajes, estaré en torno a una semana fuera, puede que algo más, depende de cómo vaya la cosa. Quiero que te quedes con Jorge, estaría más tranquila. — Le suelto la bomba.

—No, tía, no. Allí no tengo mis cosas, aquí sí.

Sé que no me lo he ganado, pero confía en mí, por favor, déjame quedarme aquí.

Te prometo que no la liaré, que no traeré a chicos, si acaso solo a las hijas de Ramos, y te cogeré el teléfono cada vez que me llames, por favor.

—Me dice con cara de perrito abandonado.

—Solo con una condición, que el tío venga una vez al día para controlar que todo esté bien. ¿Hay trato? — Digo extendiendo la mano.

Naiara acepta. Le tengo que dar un voto de confianza, no puedo estar constantemente detrás de ella. Esta será la prueba de fuego de su redención, a ver si ha dejado toda esa gilipollez de niñata definitivamente atrás.

Termino de preparar la maleta mientras llamo a mi tío, cojo el arma de la caja fuerte y me preparo para irme.

—Nai, ven. — Le digo cuando estoy lista.

—Dime, tía. — Dice viniendo.

—Toma, trescientos pavos, con eso te debería bastar para comprar lo que necesites mientras no estoy. — Le digo ofreciéndole el dinero.

—No, tía, tú lo necesitas más, yo tengo mi dinero de las bragas, con eso me pago mis cosas. — Me dice.

—El tema de las bragas… no es el momento, pero ya lo hablaremos. Está bien, págate lo que sea con ese dinero, pero bueno… ya hablaremos de eso a mi vuelta. — Le digo y me voy para no empezar una conversación para la que no estoy preparada.

Ramos ha venido a recogerme, cargo la maleta y ponemos

rumbo al aeropuerto para ir a Barcelona.

Al llegar nos ponemos en contacto con el club, en el número que nos ha facilitado Alma, nos citan al día siguiente a las doce y media en la ciudad deportiva, después del entrenamiento del equipo. Entonces podremos hablar con Pau Llorens.

Ramos y yo tenemos parte de la tarde y la noche libres. Hemos dado una vuelta por la ciudad y hemos terminado esperando mesa para cenar en un restaurante italiano.

Una vez dentro comenzamos a hablar de todo, de la unidad, los asesinatos, las drogas, Inés, Beka, Alma…

—Aquí tienen, pizza trufada de champiñones y parmigiano para el caballero, y pizza de bacon, gorgonzola y pera con aceite trufado para la señorita. Buen provecho. — Anuncia el camarero.

—Joder, qué pintaza. — Dice Ramos.

—Ya ves, qué hambre. — Digo relamiéndome.

Yo devoro la pizza y acabo antes de que Ramos se haya comido la mitad de la suya. Cuando tomamos el postre, la conversación se vuelve más personal.

—Tengo que reconocerlo, Aduriz. Cuando Alma me informó de que tendría una nueva compañera tan

joven, no me gustó nada. — Me confiesa.

—Lo puedo entender, en Bilbao me pasó lo mismo con mi otro compañero. Los que tenéis más experiencia creéis que los jóvenes no somos suficientemente buenos. — Le digo.

—No es eso, te acostumbras a una forma de trabajar, a una cara todos los días. Desde que perdí a mi otro compañero, el de la foto de mi casa, no fue lo mismo con ninguno. Han pasado muchos por mi lado, eres la primera que dura tanto y es merecido, eres muy buena subinspectora. — Me dice sonriendo.

—Gracias, Hugo, tú tampoco lo haces del todo mal para estar tan cascado. — Le digo guiñando un ojo.

Me mira con cara de que cabrona la niñata esta.

—Aunque el día del cadáver de Juninho me acojonaste, pensé que no valías para esto, pero claro, no sabía lo que había detrás… — Me confiesa.

—Ya, entiendo que para ti fuera una putada, menos mal que todo eso quedó atrás y pude desbloquearme gracias al terapeuta. — Le digo.

Terminamos el postre con una conversación agradable sobre nuestras vidas, nuestros gustos… sus hijas, mi sobrina, y volvemos al hotel. Mañana nos espera el primer interrogatorio.

Me levanto con la baba cayéndoseme de la boca, la barbilla húmeda y la almohada empapada, joder qué asco, parezco una morsa moribunda… pero he dormido de la hostia.

Se nota que este colchón es bueno, he descansado como hace tiempo que no lo hacía, puede que estar fuera de Madrid, del piso, de la central, todo eso haya dado un descanso a mi mente.

Me encuentro con Ramos en el hall del hotel después de hablar con mi tío, ha ido a casa y todo está en orden, eso me da tranquilidad para afrontar la visita de hoy.

Llegamos a las instalaciones del club, pasamos por una zona que da acceso a los futbolistas. Seguridad está avisada y en cuanto enseñamos las placas nos indican dónde parar.

Bajamos del coche y unos tipos trajeados que nos esperan nos conducen al interior.

Pasamos por unas habitaciones pequeñas pero con todas las comodidades, despachos, sala de prensa, y finalmente nos llevan a una zona llena de camisetas enmarcadas, trofeos y una mesa grande.

Nos sentamos, los tipos trajeados se colocan enfrente y nos dicen que su cliente llegará enseguida. Solo queda esperar.