La firma del asesino (La firma del…1) Capítulo XIV — La reclusa
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Capítulo XIV — La reclusa

Ramos y yo entramos a Alcalá-Meco.

Mi hermana me ha llamado a primera hora y dice que tiene el nombre de la reclusa. Él observa todo con atención, como si analizara cada rincón. Yo ya no necesito hacerlo, me lo conozco de memoria.

Nos sentamos a la espera de que traigan a mi hermana. Cuando llega tiene una mano vendada.

—¿Arantxa, qué te ha pasado? — Le pregunto.

—Nada, un problema en el patio, tuve que poner a una en su sitio. — Dice tranquila.

—Joder Arantxa, deja de meterte en líos. Lo único que vas a lograr es tardar más en salir. — Le reprendo.

—¿Y este hombretón quién es? — Pregunta mi hermana.

—Soy Hugo, encantado. — Dice Ramos.

—Es mi compañero. — Añado.

—Yo también querría que fueras mi compañero. — Dice Arantxa en tono picantón.

Ya estamos…

—Joder Arantxa… para. — Le digo avergonzada.

—Joder, es un halago… no pasa nada Laia. — Dice ella.

—Tranquila Aduriz, no me molesta. — Dice Ramos.

—Bueno Arantxa, ¿Has conseguido el nombre, no? — Le pregunto.

—Sí, se llama Inés Redondo, está en mi módulo. — Responde mi hermana.

Ramos anota el nombre en una libreta que le han dejado pasar.

—Voy a moverlo. — Dice Ramos levantándose. — A ver si nos dejan hablar con ella ahora.

Me quedo con mi hermana mientras lo gestiona. Arantxa me mira con curiosidad, como si quisiera leerme la cara.

—¿Te lo estás tirando? — Me pregunta.

—¿Qué coño dices tía? — Respondo.

—Pues deberías. — Me dice.

—¿Cómo estás? Tienes que dejar de pegarte y meterte en líos o nunca saldrás joder, piensa en Naiara. — Le digo cambiando de tema.

—Bah, no pasa nada Laia, vamos a lo importante, ¿Qué dijo Naiara después de iros? ¿Está bien? — Me pregunta.

—Sí, está bien. Todos los cambios de la nueva vida en Madrid le costaban al principio, pero ya va asentándose. Al principio no quería venir, no se quería enfrentar a esto, pero dice que se alegra de haber venido al fin. — Le explico.

—Sé que siempre estoy de coña, que parece que no me

importa nada, pero me pongo seria un segundo.

Muchas gracias por todo hermana, sé que no está siendo fácil para ti, a ti nunca te gustaron los niños, y una adolescente son palabras mayores.

Gracias por cuidarla, darle un techo y protegerla.

— Me dice Arantxa lo más seria que la he visto en mucho tiempo.

—No tienes que dármelas, somos familia, es mi sobrina. — Le digo.

Cuando termina el tiempo de poder ver a mi hermana salgo en busca de Ramos. Está terminando de firmar papeles.

—Nos dan media hora. — Me informa.

Llegamos a una sala con mesas y bancos, no tras un cristal como las visitas a mi hermana. Inés Redondo aparece unos minutos después escoltada por unos funcionarios de prisiones.

Mujer blanca, veintisiete años, es guapa.

Demasiado para un sitio como este. Pelo rubio recogido en un moño alborotado, ojos verdes profundos, líneas finas en el rostro mezcladas con la dureza que otorga estar en la cárcel.

Labios carnosos, buen tipo, podría ser modelo fácilmente fuera de aquí.

Se sorprende al vernos y se sienta con expectación.

—Somos inspectores de policía. Aduriz y Ramos. — Dice él. — Estamos investigando unas muertes recientes.

No responde, se limita a observarnos.

—Queremos saber la relación que tenías con las víctimas, Juninho Pereira y Sergio Barrios. — Le digo.

Levanta la vista despacio. Sus ojos están llenos de rabia contenida.

—Ya me juzgaron. — Responde. — Y perdí por culpa de esos cabrones.

Silencio.

—Hemos oído que los conoces y que dices estar aquí por su culpa, ¿Puedes explicarnos eso? —  Continúa Ramos.

Se ríe de manera amarga.

—No digo estar aquí, lo estoy. Yo no hice nada y me pudro aquí dentro mientras ellos siguen con sus vidas. Bueno ellos dos ya no… pero el resto sí. — Dice llena de rabia.

—No queremos juzgarte, solo queremos oír tu versión, nada más. — Le digo tratando de calmarla.

—¿Y de qué sirve? — Pregunta ella.

—Puede ayudarnos a atar cabos, y si eres inocente como

insinúas, puede llevarnos a pruebas que te hagan salir

de aquí. — Le digo a ver si pica y habla.

—Está bien, os lo cuento. — Dice tras unos segundos pensándoselo.

Entonces nos cuenta su historia: estaba de vacaciones en Ibiza con unas amigas, conoce a Raúl Alarcón, un futbolista del Deportivo vigués, en una playa y le habla de una fiesta privada en una villa.

En esa fiesta había futbolistas, actores, influencers, modelos, la jet set que veranea en Ibiza.

Alarcón le dijo que necesitaban chicas guapas para dar ambiente, sin más, nada sexual, que podían divertirse, codearse con famosos y ganar un buen dinero, cinco mil euros por día que estén, la fiesta duraba tres días.

—Mis amigas no querían ir, no se fiaban, decían que sonaba demasiado bonito para ser real. Ojalá les hubiera hecho caso… — Nos dice con los ojos llorosos Inés.

Sigue contando su historia, que finalmente decidió ir, que necesitaba el dinero y ese era dinero fácil.

Dice que al principio todo fue diversión, conocer gente que solo ves por televisión, todos majísimos, charlas agradables, piscina, alcohol, algunos se drogaban, chefs privados preparando delicias, hasta que la noche se torció.

—¿Torciéndose cómo? — Pregunta Ramos.

—Vi una chica claramente drogada. Lena Dudek se

llamaba. Traté de ayudarla, yo también había consumido pero mantenía el control, al menos hasta ese momento.

Un grupo de hombres se la pasaban de mano en mano, la sujetaban, se reían, ella trataba de agarrarse a ellos casi cayéndose.

La metieron en una habitación, yo llegué hasta la ventana, me asomé, entonces lo vi.

La chica está llorando a mares, afectada, traga saliva y continúa:

—Vi cómo abusaban de ella, le daban droga, y ella no estaba para consentir o no a esas alturas.

Quise intervenir, entonces oí unos gritos, alguien dijo algo de un cuchillo.

No lo vi pero quise intervenir, me puse nerviosa y tropecé, hice ruido, me caí al suelo y algo me golpeó la cabeza.

Lo siguiente que recuerdo es estar en la cama con la misma chica, ella muerta.

En mi mano un cuchillo lleno de sangre. Me dolía la cabeza, llevaba un arnés de estos que usan las lesbianas con un pene falso…

y a los pocos segundos entró la policía.

Mi vida acabó en ese momento. — Nos narra Inés.

Ramos me mira, yo le miro con cara de que esto huele a encerrona… pero no sabemos si dice la verdad.

—Llamaron a la policía porque decían que discutimos,

que éramos amantes, que la drogué y aproveché que estaba así para matarla sin que se defendiera. Que ella me golpeó en la cabeza en la discusión… todo mentira. — Dice apretando los labios y los puños de rabia, llorando a mares.

Ramos y yo nos miramos compungidos.

—Si te hicieron eso de verdad, es terrible. — Dice Ramos.

—Claro que me hicieron eso. Y no se quedó ahí. No tenía dinero para un buen abogado y ellos sí, me incriminaron y acusaron de todo… nunca tuve opción de ganar. — Dice Inés con rabia.

—¿Quiénes son esos hombres que viste? — Pregunto.

—Juninho Pereira. Sergio Barrios. Pau Llorens. Karl Ulrich. Raúl Alarcón. — Dice Inés.

—¿Todos ellos participaron? — Pregunto.

—Raúl al principio, luego miraba, Ulrich miraba, el peso lo llevaron Juninho, Llorens y Barrios. — Responde Inés.

Ramos se inclina hacia delante, apunta todos los nombres, dos de esos hombres están muertos, los otros son potenciales víctimas.

—¿Crees que alguien de tu entorno podría querer vengarse por lo que te sucedió? — Pregunta Ramos.

Inés suelta una carcajada breve.

—No tengo entorno. Soy adoptada. Mis padres murieron cuando era pequeña. No tengo pareja. No tengo a nadie, mis pocas amigas al ver que entré en la cárcel me dejaron de lado. Una de ellas vino un par de veces pero nunca más la he vuelto a ver. — Nos cuenta Inés.

Nos mira a los dos con cara de rabia.

—Llevo encerrada dos años y medio. — Añade. — Y no espero salir pronto.

—¿Te alegra que estén muertos? — Pregunta Ramos.

Inés no duda y responde seca:

—Sí, mucho, que paguen por lo que nos hicieron a esa pobre chica polaca y a mí.

El tiempo termina. Le damos las gracias por el testimonio.

Al salir Ramos y yo analizamos todo lo que nos ha contado.

Él llama a Alma para contárselo y que solicite el expediente del caso. Tenemos que verlo.

Por fin tenemos una pista en la que los fallecidos estaban juntos. Cometiendo algo ilegal por lo que alguien querría vengarse de ellos. Y una mujer que afirma estar presa por su culpa, por sus mentiras y abogados caros.

Si se confirma que es verdad esto será la carnaza perfecta para los medios y la presión crecerá como la espuma.