La firma del asesino (La firma del…1) Capítulo IV — Problemas #2
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Capítulo IV — Problemas #2

El instituto es uno público, como cualquier otro, el barrio no es de los peores valorados, así que al menos tenemos eso, no puedo permitirme con mi sueldo pagarle nada mejor.

Veo a los chavales correr, algunos van de mayores, recuerdo cuando pensaba lo mismo y no sabía lo mierda que puede ser la vida, y no hace tanto de eso, que es lo que más me asusta.

En recepción pregunto por la directora y me indican dónde está su despacho, no está lejos, al llegar llamo a la puerta.

—Señorita Aduriz adelante. — Me dice la directora.

La directora es una mujer de unos cincuenta, gafas rectangulares, pelo recogido tan tirante que parece que le duele.

En su despacho están Naiara, sentada con los brazos cruzados, y otra chica con la ceja abierta y un apósito lleno de sangre seca.

A su lado, dos padres con cara de cabreados. Genial Naiara, tú sigue jodiéndome…

—Gracias por venir tan rápido, sé que su trabajo es complicado. — Dice la directora. — Hemos tenido un altercado serio.

Altercado. Palabra elegante para “se han partido la cara”.

Miro a Naiara. Ni me mira. Mandíbula tensa. Orgullo adolescente a tope.

—¿Qué ha pasado? — Pregunto.

—Se han agredido en el patio. Puñetazos. Tirones de pelo. Hemos tenido que separarlas entre tres profesores. Esto es intolerable. Ambas quedan expulsadas una semana. Y al mínimo incidente más, expulsión definitiva, no queremos este tipo de actitud en nuestro centro. — Me explica la profesora.

La palabra “definitiva” cae como una piedra. Asiento en silencio.

—No volverá a pasar, me encargaré de ello. — Le digo.

Me giro hacia los padres y les digo con la mayor cara de arrepentimiento que me sale:

—Lo siento. De verdad.

—Vaya ejemplo debes ser, una madre tan joven. — Me dice la madre de la chica.

—¿Perdone? Para empezar no soy su madre, cosa que a usted no le importa, y para seguir soy policía, no creo que pueda tener mucho mejor ejemplo, y su hija también ha tenido algo que ver, no demos ejemplos morales cuando ambas están aquí. — Le digo tratando de no desatar el demonio que tengo dentro.

La señora se queda en shock, me la suda, no me vengas con tonterías cuando te pido perdón, cojo a Naiara del brazo y salimos fuera del instituto.

Cruzamos la calle hasta un parque pequeño. Se quita mi

mano de su brazo y resopla.

Le digo que se siente en un banco verde desconchado, alrededor, columpios oxidados, chavales fumando a las once de la mañana. El ecosistema natural adolescente.

La miro a los ojos esperando que hable y como no lo hace le pregunto:

—A ti ¿Qué coño te pasa?

—Nada. — Me responde evitando mirarme.

—No me vaciles. — Le digo cabreada.

—Que no pasa nada, joder. — Insiste.

La miro e intento contenerme para no dar rienda suelta a mi lado oscuro, el que me sale cuando me cabreo, el mismo que tiene mi hermana, gracias por esta herencia Papá.

—¿Quieres acabar como tu madre? — Le digo sin anestesia.

Nada más salir de mi boca sé que ha sido un golpe bajo. Pero ya está dicho. Me mira con odio.

—No la metas en esto, nunca seré como ella. — Me dice.

Y ahí pierdo los nervios, nada de respirar hondo.

—Escúchame. — Alzo la voz. — No te voy a controlar cada paso.

No soy tu carcelera. Pero no tolero peleas, ni broncas, ni que te conviertas en una macarra.

Bastante mierda tenemos ya. Tu madre era idéntica a ti cuando tenía tu edad, ella también se creía guay por no seguir las normas y mira cómo coño ha acabado, eligió al capullo de tu padre y el resto ya lo sabes…

tú sigue jugando con fuego y en unos años me cuentas. — Le suelto cabreada.

Se le humedecen los ojos, pero aguanta el tirón sin decir nada.

—Estás castigada toda la semana. Sin móvil. Y te quedas en casa del tío Jorge mientras yo trabajo. — Le digo.

—Tía… — Empieza a decirme.

—No te quiero oír más, solo te pido que por favor pienses lo que has hecho, esta noche hablamos cuando esté más calmada, porque lo que te pueda decir ahora no va a ser agradable y no quiero, y tengo que volver al curro, me estás jodiendo el inicio y ya estoy bastante nerviosa, deberías ser más agradecida, no tenía por qué hacerme cargo de ti y creo que soy mucho más permisiva de lo que te estás ganando, piénsalo.

— Le digo modo hulk activado, tratando de aguantarme las ganas de cruzarle la cara, de nuevo gracias Papá por estos impulsos que tengo que refrenar.

Según me llamó la directora llamé a Jorge, es mi tío, el hermano de mi madre, él vive cerca de mi nuevo piso, le he pedido que viniera para vigilarla mientras trabajo, y él ha aceptado, no quería que se viera afectado por Arantxa y sus decisiones pero no he tenido más remedio.

Tras unos minutos en silencio en aquel parque, con Naiara con cara de súper ofendida, y yo mordiéndome la lengua por fin llega mi tío.

—Tranquila, yo la vigilo, y mis hijos harán que se distraiga. — Me dice Jorge cuando llega.

—Muchas gracias tío de verdad, a ver si es verdad y se le pega algo de tus hijos, que ellos sí que están bien educados. — Le digo, le doy un beso y me voy.

Mientras espero un taxi pienso.

Perfecto, Laia. Inspectora modelo. Tía del año. Has empezado tu nueva vida coronándote.

Cuando llego a la base, el ambiente ha cambiado.

Gente moviéndose deprisa. Café por todas partes.

En la zona de informática les veo acelerados.

Beka está rodeada de sus cachorros, como ella los llama.

Me acerco porque no veo a Ramos.

—Hemos localizado a la mayoría de asistentes. — Dice sin saludar siquiera. — Redes sociales. Historias. Directos. La gente es idiota, se graban cometiendo delitos como si nada, toda su vida segundo a segundo.

En una pantalla veo vídeos de la fiesta donde murió Juninho, champán volando, música, cuerpos semidesnudos.

—Estamos cruzando metadatos. — Continúa. — Hora exacta de subida, geolocalización, triangulación con antenas. Si a las cinco de la mañana alguien ya estaba en su casa, lo descartamos. Si el móvil seguía en la finca, se queda en la lista de sospechosos.

—También estamos pidiendo a operadoras volcados de posicionamiento. — Añade uno de su equipo. — IMSI, registros de celda, todo.

—Pero hay cincuenta terminales mínimos, esto va para largo. — Dice Beka.

Ramos aparece a mi lado tomándose un refresco.

—¿Qué tal en el instituto? — Me pregunta.

—De lujo, no podría haber ido mejor. — Respondo irónica.

—Te repito, si quieres hablar, aquí me tienes. — Me dice.

—Vengo cabreada, prefiero no decir mucho hasta que me calme, pero gracias. — Le respondo.

Paso el rato revisando imágenes, viendo la depravación de los ricos y esas fiestas que solo había visto en películas hasta el final del turno.

Ya en casa veo que es tardísimo, tengo la nevera vacía, en cuanto llegue la cría tendré que pedir algo de comida.

Al poco llega Jorge a mi casa con Naiara y unos tuppers en una bolsa.

—Tu tía os manda esto. — Me dice con una sonrisa.

—Muchas gracias tío, mañana, cuando me vaya la dejo en tu casa, dale las gracias un beso a la tía. — Le digo.

Naiara ha entrado como un rayo, ha tirado la mochila en su habitación y se ha tumbado en la cama.

—Lávate las manos, y a cenar ya. — Le digo.

Me hace caso, más le vale después del día que me ha hecho pasar… la veo entrar al baño, mientras caliento la cena, saco las bandejas, cubiertos y el agua…

Cuando terminamos de cenar, ya más calmada, intento hablar con ella de nuevo.

—Me vas a decir ¿Qué coño ha pasado? — Le pregunto.

—Que esta guarra me ha llamado zorra y me ha cogido del pelo, yo solo me he defendido joder, y encima pago yo el pato. — Me dice enfurruñada.

—¿Por qué te ha llamado zorra? — Pregunto.

—El chico que viste… es su novio. — Me dice con una

sonrisilla malévola.

—Joder Nai… mira, a mí me da igual que vayas de quita novios, que hagas lo que te salga del coño, me da igual de verdad, solo quiero que cumplas unas reglas sencillas, que a mi casa no traigas a nadie sin que lo sepa, que la respetes porque es mi casa, también la tuya, pero hay unas normas.

Y que estudies y no te metas en líos, no pido más de verdad, el resto, haz lo que quieras, cuando cumplas dieciocho si no te gusta estar conmigo te piras si quieres, haces que tu vida se arruine, lo que tú veas, pero si quieres tener un futuro, una familia, ya que nos queda tan poca, tendrás que hacerme un mínimo de caso y respetarme. No pido más que eso. — Le explico.

Me mira fija a los ojos, no sé si está a punto de estallar o está procesándolo.

—Vale tía, lo siento, de verdad, ya sabes que es duro encajar en un sitio nuevo y todo lo de mamá. — Me dice bajando los humos.

—Sí, claro, pero si haces esas cosas todo irá a peor, y yo no puedo faltar al curro porque me llamen cada dos por tres porque la lías, al final me echarán y no podré pagar este piso. — Le explico.

—Lo siento, intentaré comportarme mejor. — Me dice.

—No te pido más. — Le digo.

Vemos un rato la tele juntas tapadas con una manta, nos gusta ver programas de cantar, de humor, series chorras…

es nuestro momento, es una adolescente y da problemas, pero en el fondo no es mala chica, pero carga con los genes de la zumbada de su madre y su abuelo, mi padre, todos los Aduriz tenemos esa mala hostia en el interior que si no canalizas te mete en problemas muy gordos.