Capítulo II — Arrancamos
Ramos se sienta al volante, yo ya me he puesto el cinturón y estoy ojeando el informe, tenemos que ir a hablar con Edson Vieira Dos Santos, alias Vieirinha.
Por lo visto es un futbolista joven, recién llegado a Europa hace cinco meses, es una de las jóvenes promesas del fútbol mundial, hace tres semanas en un partido se marcó un gol en propia puerta, nada fuera de lo normal si no coincidiera con un repunte de apuestas a que ocurriría eso mismo.
El hecho hace sospechar de posible amaño.
El coche avanza por la carretera rumbo a la ciudad deportiva del Atlético Vallecano entre el tráfico de Madrid.
—Bien Aduriz, cuéntame ¿De dónde sales? — Pregunta Ramos rompiendo el silencio.
—Soy madrileña, pero mis padres eran vascos, cuando entré en el cuerpo me destinaron al País Vasco, trabajé como Ertzaina, de los veintidós a los veinticuatro años me especialicé en criminología y narcotráfico, con veinticuatro me hice subinspectora tras aprobar las oposiciones, y he trabajado como tal unos meses hasta el traslado a Madrid, a este destino y esta unidad. — Le contesto.
—Ya veo, tan joven, quiere decir que eres un prodigio, yo
no llegué a subinspector hasta los treinta y dos años. ¿Por qué viniste a Madrid si ibas tan bien allí? Las cosas son más difíciles en Madrid. — Me dice.— Motivos personales. — Le digo cortante.
—De acuerdo, lo respeto. Te explico, me gusta hacer las cosas bien, rápido a poder ser y claras, no me gusta que mis subinspectores actúen a mis espaldas, vayan de héroes, esto no es una película americana, esto es España y todo tiene consecuencias, espero que lo entiendas.
— Me dice tratando de validar su rol de macho alfa.
—Sí, lo entiendo, no tendrás problemas conmigo, tranquilo. — Le contesto.
Su rostro mientras conduce es serio y concentrado, no lo ha cambiado pese a la conversación y las preguntas. Por fin llegamos a la ciudad deportiva del Atlético Vallecano y al enseñar la placa nos dejan pasar, aparca el coche y bajamos.
Un miembro de seguridad del equipo viene y habla con nosotros, Ramos le explica que tenemos que hablar con Vieirinha y este nos dice que en veinte minutos terminan el entrenamiento y que entonces podremos hablar con él.
Veinticinco minutos después seguimos esperando.
—Nos están haciendo perder el tiempo, Aduriz. — Dice
Ramos andando de acá para allá nervioso.
—Nos dijeron que terminaban en veinte minutos, han pasado solo cinco más. — Le respondo, manteniendo la calma. Mi primera misión, y ya noto que el trabajo de campo no será tan sencillo si es tan impaciente.
—Ya lo sé, pero es lo peor de este trabajo, las esperas. — Dice algo más relajado.
En silencio, observo cómo los jugadores del Atlético Vallecano continúan con su entrenamiento.
Trato de buscar al tal Vieirinha, cuando lo encuentro le señalo a Ramos dónde está, ahora solo toca esperar a que acaben y hacerle las preguntas.
Cuando terminan diez minutos después, el jugador se acerca a nosotros junto a otro hombre que se presenta como el abogado del club.
—¿Bom dia, tudo bem? — Pregunta el jugador.
—Buenos días, ¿Es usted Edson Vieira? — Pregunta Ramos.
—Sí, soy yo. — Contesta el jugador.
—Necesitamos hacerte unas preguntas. ¿Te importa si hablamos un rato? ¿Nos entiendes bien o necesitas un traductor? — Pregunta Ramos.
—Não falo bem o seu idioma. — Responde.
Veo cómo Ramos llama a un tal Juninho. Otro jugador se acerca hasta nosotros, es de estatura media, diría que en torno al metro setenta y dos, pelo negro, ojos negros, rasgos marcados, mandíbula prominente, cejas perfiladas, barba y pelo perfectamente cortados al milímetro, tatuajes con nombres de mujeres en su antebrazo derecho.
—¿Qué ocurre, todo bien? — Pregunta el tal Juninho.
—Sí caballero, inspector Ramos, ella es la subinspectora Aduriz, necesitamos hablar con su compañero pero dice no entendernos bien, ¿Puede usted actuar como traductor? — Le pregunta Ramos.— Por supuesto agente. — Responde Juninho.
—Gracias por su colaboración. Hace dos semanas en el partido de la jornada veintiuno del campeonato nacional de fútbol ustedes se enfrentaban al F.C.
Badalona, un partido seguido en todo el mundo, que finalizó con tres a uno a su favor, en dicho partido el gol del Badalona fue marcado en propia puerta por usted. — Le expone Ramos.
Juninho le traduce a Vieirinha y este se ríe y le comenta algo.
—Dice que fue un error, un mal despeje, y que no fue relevante para el resultado final. ¿Qué cual es el problema para que venga la policía? — Pregunta Juninho.
—El problema caballero viene si ese gol fortuito se sospecha que está relacionado con amaños deportivos y con apuestas, justo en ese gol en propia puerta del caballero hemos detectado un volumen anómalo de apuestas vinculadas a esa jugada en concreto, si se demuestra que no fue un error, y fue cometido a sabiendas por el señor Edson eso podría traer problemas futuros con la justicia. — Le explica Ramos.
Juninho de nuevo le traduce y la cara de Vieirinha cambia totalmente, empieza a gesticular nervioso, hablando rápido, atropellado.
—Dice que él no apuesta, que nunca lo ha hecho, que no pueden demostrar algo que es irreal. — Dice Juninho.
—No decimos que él haya apostado directamente, pero sí ha podido ser contactado por terceros para meter ese autogol y al hacerlo estaría colaborando con los amaños, si ha sufrido presiones para hacerlo, es el momento de contarlo, si sabe él o usted de compañeros que hayan cometido tales actos o hayan sufrido presiones para cometerlos sería encubrimiento de delito, nosotros podemos ayudarles si colaboran. — Dice Ramos.
Juninho le traduce y Vieirinha cada vez está más nervioso…
—Nosotros no tenemos conocimiento de amaños en nuestro equipo, yo como capitán pondría la mano en el fuego por cualquiera de mis compañeros agente. — Dice Juninho.
—Si recuerda algo, aquí tienen mi número, si colaboran será mejor que si por lo que sea descubrimos una implicación que se ha ocultado. — Dice Ramos dándole una tarjeta.
—Ya está bien, mi cliente ha dicho que no saben nada del tema inspector, deje de atosigar al chico. — Dice el abogado cortando la conversación.
Tras la breve entrevista, Hugo se da la vuelta, de forma natural, nada dramática, sabe de sobra igual que yo que no van a hablar, esta gente se cree superior a los demás, están endiosados.
Ambos nos dirigimos al coche, y Hugo, molesto, comenta:
—¿Ves? Esto es lo que me molesta de este trabajo. Demasiadas puertas cerradas, demasiados rodeos.
Si seguimos así, nunca vamos a conseguir nada, esta gente no va a hablar, y sus abogados les salvan el culo siempre. — Dice Ramos.
—Lo sé, pero hay que hacer las preguntas igualmente. — Le digo.
Yo me quedo pensativa, mientras Hugo conduce de vuelta a la comisaría. Sé que las respuestas no serán fáciles de obtener, pero algo me dice que no decían la verdad.
A medida que llegamos a la comisaría, veo algo que no me
esperaba. Naiara, mi sobrina, en un parque cercano, con un cigarro en la mano, rodeada de un par de chicos.
—Para el coche, por favor. — Le pido a Ramos.
—¿Ocurre algo? — Me pregunta.
—Un tema personal, para por favor. — Le pido de nuevo.
Me acerco tranquilamente por su espalda y veo que Naiara tiene un porro en la mano, no un cigarro, los chicos que están con ella me ven, pero como voy de paisano no piensan que sea nada más que alguien que pasea.
—Naiara ¿Qué coño haces aquí? — Le digo, usando un tono firme. Naiara se pone tensa al instante sorprendida.
—¿Qué pasa? — Me responde con una mezcla de desafío e indiferencia. — No estoy haciendo nada malo.
—Pasa que no estás en clase, y te estás fumando un porro cerca de una comisaría de policía… eso pasa, pensaba que eras más lista que esto, eres más lista. — Le digo tratando de mantener la calma.
—No tengo que dar explicaciones de lo que hago, ¿Qué pasa si fumo porros? — Su tono se vuelve más retador.
—A mí me da igual que fumes porros, yo he fumado porros, pero no cerca de una comisaría, un poquito de cabeza Nai, que no quieres ir a clase, perfecto, pero no puedes suspender, no mientras vivas en mi casa. — Le respondo tratando de que comprenda las cosas.
Uno de los chicos se pone a su lado y me mira con cara de
flipado mientras le da una calada al porro.
—¡Pero tía relaja! Eres joven y pareces una señora
amargada. — Me dice uno de los chicos que está con ella.
—Perdona tío, me relajo si me sale del coño, es mi sobrina y tú no deberías meterte en las conversaciones de mayores, además ¿Quieres que me ponga seria? — Digo enseñándoles la placa.
El chico se acojona y pide perdón enseguida. Tira el porro y lo pisa. Después de un par de miradas desafiantes, Naiara me lanza un último comentario:
—Vale tía Laia, nos iremos a fumar a otro lado.
—¿Ves? No costaba tanto, dadme los porros que tengáis anda. — Le digo y tras dármelos a regañadientes vuelvo con Ramos.
Al subir al coche con Hugo, resoplo, es difícil lidiar con una adolescente cuando no tienes edad para imponerte ni eres su madre.
—¿Qué fue eso? — Me pregunta Hugo mientras arranca.
—Eso se llama Naiara, y es mi sobrina. Vive conmigo. — Le contesto con frialdad, sin querer profundizar más en el tema.
—¿Puedo preguntar por qué vive contigo y dónde está su madre? — Me pregunta con calma.
—Su madre no puede encargarse de ella ahora mismo.
Los motivos, si no te importa, cuando tengamos más confianza. — Le digo.
Ramos se queda callado unos segundos, parece que está analizando los datos, como haría yo, defecto de inspector supongo, y entiende que no es el momento para esa conversación.
—¿Te puedo hacer una última pregunta y ya me callo? — Me suelta.
— Sí, adelante. — Le digo.
—La cicatriz de la cara, ¿Cómo te la hiciste? — Pregunta.
—Un maltratador con un cúter al tratar de reducirle. — Le digo.
—Gracias por responder Aduriz. — Me dice.
Al llegar a la comisaría, Hugo me dice que va a informar a Alma, que yo descanse mientras pueda, antes de tener que encargarnos de lo siguiente.
Voy a la zona del café, me preparo uno bien cargado, y me siento a tomármelo tranquilamente mientras miro las notas que he tomado en la declaración de Vieirinha.
Ya casi al final de la jornada, uno de los chicos de la
unidad, Iván, se me acerca mientras me dirijo al baño. Es simpático, guapo, y no pierde el tiempo en lanzarme una sonrisa.
—Oye, ¿Te gustaría salir a tomar algo después del trabajo? — Me pregunta con tono amigable.
No me interesa. No ahora, no en este momento.
—No, gracias. Tengo cosas que hacer. — Le digo secamente.
—Venga mujer, solo una cerveza, yo invito. — Insiste.
—No soy el tipo de chica que quieres en tu vida, y no tengo tiempo de verdad, no es una excusa, tengo que encargarme de mi sobrina adolescente, lo siento. — Digo tratando de ser sincera para que me deje en paz.
Por fin ha terminado el día y estoy en casa.
Naiara llega al poco, apesta a porro, se encierra en su habitación a escuchar música, a la hora de la cena le obligo a salir, en mi casa solo hay una norma, las cenas se hacen juntas, y me tiene que contar qué tal su día, qué tal le van las clases, no quiero ser rígida porque sé que no funciona, en mi hermana nunca funcionaba, pero no puedo dejarla libertad total y que se rebele por todo o explotaré.