La firma del asesino (La firma del…1) Capítulo I — Comienzos
4%
La firma del asesino (La firma del…1)

La firma del asesino (La firma del…1)

Por Javi Katoh

© inepub.com

Capítulo I — Comienzos

Qué bien huele el café recién hecho, si no fuera por este brebaje sería un puto zombie. Ayer me dormí a las dos, ¿O eran las tres? Bueno da igual.

Suena un ruido en la habitación de Naiara, ¿Despierta a estas horas? Qué raro, quizás ha decidido venirse conmigo al final.

Veo cómo la puerta se abre con cuidado, esa no es mi sobrina, ¿De verdad ha tenido los ovarios de traer a un chico? Yo la mato…

—   Pst, pst. Chico, ven aquí. — Le digo al adolescente salido que acaba de aparecer por la puerta de Naiara.—        Buenos días señora. — Me dice.

—¿Señora? Mal empiezas chico. ¿Qué haces aquí? — Le pregunto.

—Na… nada, estábamos estudiando y me he quedado dormido, ya me iba. — Me dice mintiendo claramente.

—Ya, estudiando, venga anda, tira para casa y que no te vuelva a ver por aquí. — Le digo acercándome a la mesa donde tengo la pistola reglamentaria.

—Cla… claro, no se volverá a repetir, buenos días. — Dice el chico asustado antes de salir por la puerta.

Esta chica de verdad… me acerco a su puerta y abro. Está

desnuda subiéndose las bragas, se da la vuelta en tetas.

¿Qué hago con esta chica?

—¿Qué? — Me dice levantando las manos y encogiendo los hombros.

—¿Cómo que qué? Te parecerá normal que me esté preparando un café y que salga un adolescente terminando de vestirse de tu habitación. ¿Lo ves normal? — Le digo tratando de mantener la calma.

—Nos hemos dormido estudiando, no ha pasado nada. — Me responde.

—No tengo tiempo para esto ahora, tengo que ir a ver a Arantxa. ¿Al final vas a venir? — Le pregunto.

—No, ni de coña, no quiero ver a esa mujer. — Me responde mientras se abrocha el sujetador.

—Está bien, como tú quieras. Solo te pido que por favor si vas a traer chicos a casa me informes, no te digo que no los traigas, solo quiero saber quién entra en mi casa, ¿Crees que es mucho pedir? — Le pregunto.

—Está bien, lo siento. — Me dice con un claro gesto de que la deje en paz.

No estoy para estas mierdas hoy, es mi primer día y antes tengo que ir a la cárcel a ver a Arantxa. Voy a beberme el café, una ducha rápida y para allá.

Después de vestirme rápidamente, me dirijo a la cárcel de Alcalá-Meco.

Llevo dos semanas aquí y ya he pisado más este sitio que cualquier otro que no sea mi piso.

Tras media hora de espera por fin me dejan pasar.

—¿Nombre del recluso? — Me pregunta el compañero que da acceso a los familiares y registra las entradas.

—Arantxa Aduriz. — Respondo.

—¿Relación? — Me pregunta.

—Es mi hermana. — Respondo.

—Documentación por favor. — Me pide el compañero.

—Aquí tienes. — Le digo entregándole mi DNI.

—Todo en orden, aquí tiene la llave de la taquilla, están detrás de usted en la pared del fondo, debe dejar allí todos sus objetos personales, solo puede acceder con la llave de la taquilla. — Me dice.

—Gracias, que tengas buen día. — Le respondo.

El gilipollas ni me responde, en fin. Dejo las cosas en la taquilla y me dirijo al arco de seguridad.

Los funcionarios de prisiones me conducen por los pasillos hacia los locutorios, me siento a esperar, solo un cristal blindado me separará de mi hermana cuando la traigan, pero parece un muro de hormigón, por lo visto solo puedo hablar con ella así porque están reforzando por seguridad la sala de los vis a vis familiares.

Al fin la traen, está demacrada, tiene un ojo morado, siempre ha tenido un pelo liso moreno precioso y ahora parece una loca con esos pelos. Me parte el alma verla aquí, pero ella se lo buscó.

—Tenéis cuarenta minutos. — Anuncia el funcionario que la ha traído.

—¿Cómo estás? ¿Y ese ojo? — Le pregunto.

—Estupendamente, ya me ves. El ojo, una zorra del módulo, quería quitarme un libro y he tenido que defenderme. — Me dice Arantxa.

—Joder Arantxa, si sigues metiéndote en líos no vas a salir de aquí antes de los cincuenta. — Le digo enfadada.

—¿Y qué más da? — Me responde, haciéndome hervir la sangre.

—¿Cómo que qué más da? ¿Y tu hija qué? — Le pregunto.

—Eso mismo digo yo, ¿Y mi hija qué? ¿No ha querido venir hoy tampoco? Menuda desagradecida. — Me dice.

—No está preparada, está siendo duro para ella joder Arantxa. — Le reprendo.

—¿Duro? Duro sería si hubiera dejado con vida al hijo de puta de su padre, le estaría dando palizas como hacía conmigo o algo peor… veía cómo la miraba según iba creciendo… duro es lo que paso yo aquí por haberla protegido. Niñata de mierda… ¿Al menos se porta bien contigo? — Me pregunta.

—Sí, no me da problemas, y en clase parece que se está adaptando bien, ya ha hecho una amiga y todo. — Le miento.

—¿Y tú qué? ¿Ya has echado un polvo? ¿O sigues con tu rollo soy la nueva policía mega seria que no necesita divertirse? — Me vacila poniendo vocecitas.

—No he tenido tiempo con la mudanza, y dejar todo listo para empezar hoy en el curro. — Le digo.

—Es verdad, era hoy, a ver si al menos allí das con un buen empotrador que te haga sacar la ranciedad a pollazos. — Me dice demostrando su elegancia suprema.

Siempre hemos sido la noche y el día, ella soez, fiestera, alocada, ahora una asesina confesa y yo la típica empollona, retraída, que no le gusta la fiesta.

Es mi hermana mayor y la quiero, pero me saca de mis casillas, no es normal que tenga ocho años más que yo y parezca una niña de quince años joder.

La conversación deriva hacia otros temas, me confiesa sus ganas de salir e irse de fiesta, siempre igual.

El tiempo se está acabando y voy a tener que irme, estoy nerviosa esperando a que me llegue un mensaje que me diga la hora de presentarme en el nuevo trabajo.

Después de despedirme salgo y recojo mis cosas de la taquilla y veo en el móvil un mensaje:

"Primera reunión de grupo a las once, C/ Hermanos Aday número 1, acudan de paisano”.

Guardo el teléfono y me dirijo rápidamente al edificio de la policía. Tengo una mezcla de nervios y ansiedad.

A pesar de mi experiencia, siempre es raro empezar de cero en un lugar nuevo.

El edificio me sorprende. No era lo que esperaba. Parece una comisaría normal, pero al entrar, me doy cuenta de que es mucho más moderna. Hay pantallas, equipos de tecnología de última generación, incluso áreas de descanso con sillones.

Al dar mi nombre en recepción, me indican que espere.

Mientras espero me fijo en una chica de unos veintiún años, con un estilo peculiar, con rastas y piercings, viste informal, vaqueros ceñidos, botas altas y una camiseta ceñida que deja a la vista que lleva un piercing en el pezón izquierdo.

—¿Tú eres Laia Aduriz? — Me pregunta.

—Sí, soy yo. — Respondo desconcertada.

—Hola, yo soy Beka, acompáñame por favor. — Me dice.

Resulta que es a la que han enviado a buscarme, me choca que alguien con esas pintas trabaje en la policía, debe ser que por fin en el año dos mil treinta y uno las cosas han cambiado un poco.

La sigo por una serie de pasillos largos, cada vez nos alejamos más de la entrada, este sitio es enorme.

Tras diez minutos caminando llegamos a un ala de la comisaría alejada del bullicio, abre una puerta con una tarjeta electrónica y dentro veo el centro de operaciones y a varias personas esperando.

Hay gente más mayor, pero la mayoría parece estar en la veintena.

La sala está equipada con más tecnología de la que he visto en ninguna otra comisaría.

Son dos plantas, en la planta baja una zona con pantallas enormes, salas de descanso con camas, cocina, parking móvil y hasta un campo de tiro en una de las zonas, hay una puerta de garaje grande que da a la calle.

En la parte superior tres zonas delimitadas, una sala de descanso con sillones, mesas, zona para preparar café y máquinas de vending. Otra zona con una sala amplia de reuniones, y un despacho donde pone en una placa:

“Jefa de unidad A. Moreno”.

Una mujer de unos cuarenta y dos años, pelo castaño oscuro, ojos profundos, largas pestañas, complexión fornida, un lunar en la comisura del labio inferior, sale de esa puerta y se acerca a mí.

—Bienvenida. Puedes dejarnos solas Beka. — Dice con voz un poco rasgada a la chica de las rastas.

—Gracias. — Le digo.

—Soy la jefa de equipo, Alma Moreno. — Dice extendiéndome la mano.

—Encantada, Laia Aduriz. — Digo dándole un apretón.

—En unos minutos empezaremos la reunión informativa, puedes tomar algo en la cocina o esperar en una de las zonas de descanso. — Me dice y se va.

Me siento en la zona de descanso cercana en silencio, observo a la gente, cómo hablan entre ellos, se ríen, a mí siempre me ha costado más relacionarme, no es que no pueda hacerlo, pero el primer paso no lo doy yo.

Un tipo calvo de unos cuarenta años se sienta cerca, en silencio, bebiéndose un café.

Tiene los ojos marrones, cejas pobladas, barba de un mes, manos grandes, por su pose y forma de observar a todos diría que es un inspector.

Poco después Alma avisa de que entremos en la sala de reuniones.

Tomo asiento, ni muy cerca de ella, ni muy alejada, se me sienta al lado la chica de los pelos de colores que me condujo hasta aquí, a mi otro lado un chico joven, imberbe, tendrá veinte años.

— Buenos días a todos y gracias por estar aquí, como algunos ya saben esta unidad ha sido creada en exclusiva, eso no quiere decir que seamos independientes, tenemos que seguir los protocolos de actuación generales de los cuerpos de seguridad del estado, dependiendo de la fiscalía y de los mandos superiores para actuar.

Dicho esto, yo seré la jefa de unidad, todos ustedes tendrán que reportarme a mí, ya sea directamente o a través de los jefes de equipo de cada departamento.

Para los que no sepan qué hacemos aquí, lo explicaré de forma breve, desde la proliferación de las casas de apuestas en nuestro país en los últimos años, donde se bombardea constantemente a la población con mensajes por medios de comunicación y redes, hemos estado atentos ante posibles fraudes.

En ese marco de vigilar fraudes, estafas y amaños, llevamos años deseando crear una unidad específica que vigile todo eso, llevamos unos meses desde la creación, pocos la verdad, aún seguimos aprendiendo y adaptándonos al proceso, lo que sí les puedo es poner al día de los descubrimientos logrados en este tiempo.

Primero, hemos establecido que se cometen una media de trescientos cincuenta y nueve delitos confirmados por amaños en apuestas, al mes.

La mayoría son pequeños amaños, trampas, que reportan unos pocos cientos o miles de euros a los infractores, esos no son los que nos interesan.

A través de la UCO, Europol, DEA y el FBI americanos, podemos confirmar un nexo entre el narcotráfico de dos mercados principalmente, el sudamericano y el centroeuropeo, con las apuestas ilegales.

Los narcos blanquean su dinero de la droga a través de pequeñas apuestas, que a la larga se convierten en millones de euros.

Hemos descubierto una conexión entre las apuestas ilegales y el fútbol de primera división, donde ya ha habido imputaciones a jugadores que han amañado partidos.

Pero aún quedan varios sospechosos de amaños a los que no hemos podido vincular con estos hechos.

Ahí es donde entran ustedes, este equipo se ha montado para terminar con esos amaños principalmente, y para recabar información que ayude a la desmantelación de las redes de narcotráfico en nuestro país, a continuación los jefes de cada equipo se presentarán.

En la sala se hace un silencio de expectación, de mi lado se levanta la chica del pelo de colores, veo cómo el hombre calvo también. Otras dos personas se levantan, un hombre de unos treinta y siete años y una mujer de cuarenta años.

—Aquí está Beka, es la jefa de equipo de ciberseguridad e informática. — Dice Alma.

—Gracias Alma. Bien, yo soy Beka, solo Beka ¿De acuerdo?

Soy joven sí, tengo veintiún años, pero que no os engañe mi juventud, tengo más experiencia en ciberseguridad y delitos informáticos que muchos compañeros de más edad.

Yo coordinaré a mi equipo, somos cuatro integrantes, estaremos atentos a las redes, casas de apuestas, movimientos extraños, trataremos de descifrar conversaciones, analizar vídeos, cualquier cosa útil que publiquen o intercambien a través de mensajes lo sabremos.

Gracias. — Dice Beka que resulta ser jefa de equipo nada más nada menos, no se puede juzgar un libro por su portada.

—Él es Hugo Ramos, inspector jefe. — Dice Alma presentando al hombre calvo.

—Seré breve, seremos cuatro investigadores, Garrido a su izquierda.

— Dice señalando a una mujer de cuarenta y dos años, de pelo rubio.

— Y Morales a su lado. — Hombre de cincuenta años engominado, tiene aspecto de inspector, al igual que el tal Hugo.

— Ellos dos serán una de las dos parejas de inspectores.

La otra pareja la formaremos yo y… — Lee un papel. — Laia Aduriz. — ¿Dónde estás Laia?

—Aquí. — Digo levantando la mano tímidamente.

—Pues la señorita Aduriz y yo seremos la otra pareja de detectives del caso. — Dice revelándome que será mi compañero.

No me lo esperaba, pensaba que trabajaría con alguien más joven, aunque es lógico, la mayoría de investigadores son gente con experiencia.

—Gracias Hugo. Ella es Maite García la jefa del grupo de forenses. — Dice Alma señalando a una mujer de cuarenta y dos años, pelo rizado pelirrojo, ojos azules, más alta que la media española.

—Gracias Alma, mi equipo y yo coordinaremos todo el

tema de pruebas forenses, análisis de escenas del

crimen, balística y la ratificación judicial.

Por último Karim Naybet, jefe de logística. — Dice Alma señalando a un chico de rasgos árabes, treinta y seis años, barba poblada, pelo rapado, ojos profundos.

—Gracias Alma, yo seré el que se encargará de equiparos, que tengáis coches a vuestra disposición y en resumen de cualquier cosa que necesitéis, mi equipo se encargará de la custodia de pruebas y organizar los equipos de seguimiento. — Informa Karim.

—Gracias Karim, aparte de los jefes de equipo y sus integrantes, tendremos dieciséis agentes para el trabajo a pie de calle.

Para los nuevos, sé que es mucha información al principio y puede abrumar, pero dense tiempo, en unos días verán que no es tanto que asimilar, en cuanto echen a rodar todo encajará orgánicamente, mi puerta siempre está abierta si tienen algún problema.

Ya pueden volver a sus labores, conocer a sus compañeros y establecerse en la base.

Ramos, Garrido, Morales, Aduriz a mi despacho por favor. — Dice Alma.

Entramos al despacho y se sienta en su mesa, coge dos carpetas y las deja delante de Hugo.

—Hay que ir a investigar, tenemos dos sospechosos, un futbolista del Atlético Vallecano y otro del Real Mostoleño.

En la carpeta tienen sus nombres y direcciones, quiero que hablen con ellos y les pregunten a ver si pueden sacar algo en claro, toda la información está dentro, elijan uno cada uno y vayan

de inmediato. — Ordena Alma.

Salimos del despacho y Ramos le da una de las carpetas a la otra pareja, me dice que le siga y vamos a coger un coche, estoy nerviosa, pero esto ya ha empezado, este es mi nuevo compañero y vamos a pasar a la acción.