Capítulo 15 #3
Mi padre carraspeó, cortando el amago de risa de los escoceses como un hachazo.
—Así que, Olivia —comenzó mi padre, mientras cortaba su carne con una precisión milimétrica—, tu padre es el director de estrategia del Olympique de Lyon, ¿correcto? Un hombre de negocios serio.
—Así es. Mi padre no llegó a nada como futbolista, pero se quedó en el mundillo. Jugaba en Francia cuando conoció a mi madre y ya no regresó a Inglaterra.
—Interesante. Debo admitir que cuando Sebastian nos dijo que salía con su jefa de prensa, temí que fuera otra de sus... modelos de pasarela con poca conversación. No queríamos disgustos en un día tan especial para Victoria.
—Sebastian tiene un gusto excelente cuando se lo propone, papá —intervino Christian antes de que Olivia pudiera responder.
Mi hermano levantó su copa hacia ella, dedicándole una mirada cargada de una complicidad desagradable—.
Olivia no solo entiende de fútbol; tiene una mente financiera brillante.
Estuvimos repasando unos documentos en Londres y me sorprendió su capacidad para resolver entramados financieros.
Es una lástima que malgaste su talento limpiando los escándalos nocturnos de los futbolistas.
El comentario de Christian llevaba veneno destilado. Estaba rebajando mi profesión y mi valor delante de mi padre y empañando la comida de cumpleaños de mi propia madre, el hombre que siempre consideró el fútbol como «un juego de bárbaros» en comparación con los negocios de mi hermano.
Sentí cómo la rabia me subía por el cuello. Apreté la mano sobre el muslo de Olivia con un poco más de fuerza de la cuenta. Ella, en lugar de quejarse, colocó su mano sobre la mía por debajo del mantel, hundiéndome las uñas en el dorso en una señal clara: «Cállate, Sebastian. No entres al trapo».
—El talento de Olivia no se malgasta, Christian —respondió ella sobre sí misma, manteniendo una sonrisa perfecta orientada hacia mi padre—.
Al contrario. Gestionar la marca de los jugadores como Sebastian, que actualmente es uno de los activos más valiosos del fútbol europeo, requiere una estrategia mucho más compleja que mover fondos en una pantalla de ordenador.
Es un desafío constante... en todos los sentidos.
Mi padre asintió levemente, impresionado por la firmeza de su tono.
Mi madre, sin embargo, entornó los ojos, mirando fijamente nuestras manos ocultas bajo la mesa y luego la tensión en la mandíbula de Christian.
El servicio entró en ese momento para retirar los platos principales y colocar en el centro un sofisticado pastel de limón, el favorito de mi madre.
—¿Solo una vela? —Christian guiñó un ojo a mamá; a lo mejor creía que era muy gracioso.
—Claro, hijo, un año más. No sea indiscreto.
Mi madre sopló la vela y todos aplaudimos y cantamos Cumpleaños Feliz mientras ella sonreía de oreja a oreja y le daba un beso en los labios a mi padre. Olivia y yo levantamos los platos a la vez para recibir nuestra porción.
—Bueno —dijo mamá con una sonrisa enigmática, mientras el servicio terminaba de repartir el pastel de limón—. Se nota que os compenetráis muy bien. Es un alivio.
—¡Oye, Seb! —interrumpió el tío Callum, dando un sonoro golpe en la mesa que hizo temblar las copas—.
Hablando de compenetrarse, tienes que salir al porche un momento conmigo antes de que sirvan el té.
He traído el nuevo Bugatti Chiron que me compré en el Salón del Automóvil de Mónaco y quiero enseñártelo a ver qué te parece.
No acabo de estar convencido y tú de coches deportivos entiendes un rato.
Miré a mi tío y luego a mi madre, que asintió con una elegancia gélida, viendo la oportunidad perfecta en bandeja de plata.
—Ve, Sebastian, no hagas esperar a tu tío —dijo mi madre, acomodándose en la silla—.
Así, mientras vosotros veis el maldito coche y nosotras nos preparamos para abrir los regalos después del té, Christian puede hacer compañía a Olivia.
Christian... podrías enseñarle la biblioteca de tu abuelo.
Conservamos algunos de los tratados de la Cámara de los Lores.
Estoy segura de que a Sebastian no le importará que le des una vuelta por allí mientras está con Callum.
Christian sonrió, una réplica exacta de mi propia sonrisa, pero vacía de calor. Había visto el cielo abierto para dejarme fuera de juego dentro de mi propia casa. ¿Mi madre me estaba poniendo a prueba en su propio cumpleaños? ¿Intuía que todo era mentira? ¿Qué estaba pasando?
—Sería un auténtico placer, mamá. Si a Olivia le interesa, podemos ir yendo hacia la biblioteca mientras los mecánicos frustrados están en el garaje —aceptó, solícito.
Miré a mi hermano, luego a mi madre y, finalmente, a Olivia.
Sentí cómo sus uñas se clavaban en mi muslo bajo el mantel, presa del pánico ante la perspectiva de quedarse completamente sola con el víbora de mi hermano.
La ratonera familiar se estaba cerrando sobre nosotros por culpa del coche de mi tío, y Christian acababa de lanzar el primer envite en mi propio territorio.