Capítulo sesenta y cuatro
Evie
—Está bien —murmuro en la habitación vacía. Sigo furiosa con Caroline. Pero aunque no se lo reconozca a nadie, sé que mi mejor amiga tiene razón. El trauma con Marco ha marcado gran parte de mi experiencia con los hombres disponibles desde entonces.
En algún momento del camino, decidí que ningún hombre merece tanto sufrimiento.
Hice un esfuerzo inconsciente pero deliberado por buscar relaciones fáciles, de esas que mantendrían mi corazón a salvo del dolor y la traición.
Por eso ninguna de esas relaciones llegó a ninguna parte. Eran fáciles, seguras. Aburridas.
La revelación me golpea con fuerza.
He estado buscando exactamente lo contrario de lo que necesito para ser feliz. De lo que necesito para hacer feliz a otra persona.
Y entonces llegó Adam.
A pesar de todas mis protestas de los últimos tiempos, Adam es el único hombre con el que puedo imaginarme un futuro.
Entonces, ¿por qué no estoy luchando por él? ¿Por qué pasé de Caroline y de Steph?
A pesar de la oscuridad de la habitación, la respuesta está clarísima.
Tengo miedo. Aterrada, en realidad. De entregarme en cuerpo y alma. De ser vulnerable.
Ya no puedo ignorar esa cosa bajo la superficie, que me hace señas desde que dejé Colorado. Tan imposible de ignorar como mi propia existencia.
Quiero a Adam. Tanto que no soporto la idea de perderlo.
Merece la pena arriesgarse.
La revelación es como saltar de un acantilado sin paracaídas, rezando por un aterrizaje milagrosamente suave.
Quizás Caroline entendió algo que yo no era capaz de ver. Por eso quería que viviera una aventura aunque ella no pudiera acompañarme.
Soy una persona terrible.
De repente, no puedo esperar más. Hay demasiadas cosas que tengo que arreglar.
Cojo el teléfono de la mesita de noche.
—Lo siento mucho —digo llorando cuando Caroline contesta al segundo tono.
—Yo también —dice, como si hubiera estado esperando mi llamada día y noche.
Ninguna de las dos menciona lo tarde que es. Las dos estamos completamente despiertas.
Lo cual, ahora que lo pienso, es extraño. Caroline no es nada noctámbula.
Entonces oigo ruido de fondo al otro lado. —¿Hay alguien contigo?
—Solo es mi médico.
—¿Eh?
—Mi médico, Calvin. Ha venido a hacerme otra visita a domicilio. Es muy entregado con sus pacientes.
Estoy a punto de soltar un comentario sarcástico cuando la oigo decir: —Doctor, ¿me disculpa un momento?
Me quedo atónita. Va en serio.
Caroline espera un momento antes de decirme: —Te perdono. Si estás despierta es que has entrado en razón. Ahora ve a hacer las paces con Adam.
Me río. La pelea ha terminado. Y Caroline está bien. Por lo que parece, más que bien. Gracias a Dios.
—El Dr. Guapo —digo.
—¿Perdona?
No lo conozco, pero supongo que Calvin cumple con todo lo que Caroline busca.
Lo pilla y se ríe. —El Dr. Guapo es mi médico. Nada más.
¿Será que está más ciega que yo?
Vuelvo a lo importante. —Adam vive en California.
—¿Y qué? ¿Tienes algo mejor que hacer?
Abro la boca para explicarle que Jeffrey está en casa, que estoy buscando trabajo. Que está nevando.
Pero me callo.
Nada de eso importa.
Mi hijo es adulto, la búsqueda de empleo puede esperar, y la nieve... bueno, ya veré cómo están las cosas en el aeropuerto. Que es adonde pienso ir en cuanto haga la maleta.
—No, no hay ningún sitio en el mundo donde prefiera estar. Gracias, Caroline. Te quiero.
—Yo también te quiero.
Oigo una puerta abrirse y a Caroline soltar una risita. —Mantenme al tanto, Evie. Tengo que dejarte.
—Lo haré. Saluda al Dr. Guapo de mi parte.
—Solo es mi médico —añade antes de colgar.
Con un repentino subidón de energía, aparto el edredón y salto de la cama. Voy a recuperar a mi hombre.
Nada puede pararme ahora.