La farsa del amor (Club de los cincuenta fabulosos nº 1) Capítulo sesenta y cinco
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Capítulo sesenta y cinco

Evie

La nieve me detiene.

«Que no lo cancelen», rezo.

Desde que me subí al taxi amarillo, la nieve empezó a caer con fuerza.

—Espero que su vuelo despegue a tiempo —dijo el taxista, sin el menor asomo de preocupación.

Ahora me daré por satisfecha si llega a despegar.

Desde que decidí lanzarme a por todas con Adam, todo se interpone en mi camino. No había Ubers ni Lyfts disponibles, así que me quedé tiritando en la calle mientras paraba un taxi a primera hora de la mañana. Luego saltó una alerta de temporal en el móvil.

La zona de embarque está abarrotada de pasajeros con ojos somnolientos que sorben café. Varios adolescentes con sudaderas de baloncesto a juego están sentados en el suelo y se turnan para cargar los móviles.

Me siento junto a una mujer con pintalabios rojo sangre y le doy las gracias por vigilar mi bolso mientras estiraba las piernas. Me recuerda a Anna.

¿Anna y Ari me aceptarán alguna vez después de nuestro engaño? Adam es su hijo, así que tienen que perdonarlo. Pero puede que eso no valga para la Ronna ficticia.

Me recuerdo que nada de eso importará si Adam no me quiere.

Lo cual es una posibilidad real y aterradora. Al fin y al cabo, todo el tiempo que estuve con Adam, nuestra relación era una farsa.

¿Fue todo una actuación?

El recuerdo de los besos nocturnos de Adam en la habitación del hotel de Salt Lake City, esos besos que me hacían palpitar el corazón, me hace sonrojar.

Los besos no mienten.

Mi subconsciente me da un coscorrón. Claro que sí.

Esta batalla interna me atormenta desde la llamada con Caroline a medianoche.

¿Estoy haciendo lo correcto?

Me imagino plantándome en la puerta de Adam solo para que me rechace. Solo pensarlo me revuelve el estómago.

Me llega un mensaje de Caroline al móvil.

Eres poderosa. Eres vibrante. Puedes con esto.

Caroline es adivina.

Le respondo con un emoji de pesa.

No voy a dejar que el miedo al rechazo se interponga en mi camino nunca más.

Más vale haber amado y perdido, y todo eso.

Estaré bien. Aunque él no me quiera, aunque todo haya sido una farsa.

El empleado de la puerta de embarque enciende el micrófono.

—Señoras y señores, nos acaban de comunicar que el vuelo se retrasará otra hora más. Les pedimos disculpas por las molestias.

Le sigue una oleada de quejidos.

Le envío un mensaje a Caroline.

Voy a ir a Yosemite aunque tenga que pilotar el avión yo misma.