La farsa del amor (Club de los cincuenta fabulosos nº 1) Capítulo Veintidós
32%

Capítulo Veintidós

Evie

Adam y yo pasamos el resto de la mañana preparando y ensayando nuestra historia de compromiso. Tenemos que hacerlo bien. Según me cuenta Adam, su madre y su hermana, Steph, son unas cotillas de cuidado y les encanta hacer preguntas indiscretas.

Cuando estamos terminando, suena el teléfono de Adam. Mira la pantalla y palidece.

—Es mi madre —dice mientras descuelga—. Hola, mamá... sí, estamos terminando unas cosas... ¿qué? No, no hemos roto... ¿a qué te refieres?... Oh, mierda.

Miro a Adam y se me encoge el estómago.

Cuelga el teléfono y suelta un profundo suspiro.

—¿Qué pasa? —pregunto.

—Mi madre está haciendo un collage de la familia como regalo sorpresa para Steph y Brad. Necesita una foto mía con Ronna.

—Vale, ¿y eso qué tiene de difícil?

—Quieren una foto besándonos.

—Oh. —Aparto la mirada—. Qué raro que no te lo mencionara antes.

—Eh, sí lo hizo. Estuve evitándolo y luego como que se me olvidó.

Ajá. —¿O quizá lo reprimiste?

Adam se encoge de hombros. —Sí, probablemente.

—¿Para cuándo la necesitan?

Se muerde el interior de la mejilla. —Está delante del ordenador, lista para hacer un pedido urgente del collage o no llegará a tiempo para la boda.

Necesita fotos de todas las parejas de la familia.

Mis padres, mis abuelos... nosotros. Por lo visto, solo falta la nuestra.

Está claro que mamá me está presionando.

Pero la verdad, creo que este collage es una excusa creativa para comprobar que estoy diciendo la verdad sobre el compromiso.

O sea, nunca conocieron a Ronna. Obviamente.

Me parece adorable cuando divaga así.

—Asííí que —continúa—, para responder a tu pregunta, cero minutos.

Me río. ¿Qué tiene de difícil besar a Adam? —Vale, de perdidos al río, ¿no? —digo, intentando quitarle hierro.

La cara que pone Adam no tiene precio. Como un adolescente a punto de mojar. —¿En serio?

Se acerca enseguida, como si temiera que cambie de opinión.

Siento una extraña mezcla de expectación y recelo. ¿Cómo he llegado a esta situación? Estoy en la cocina de un desconocido, a punto de besarlo, ¡para complacer a su madre!

Corrección. Un desconocido muy guapo.

Se me pone la piel de gallina. —¿Lista? —pregunta.

No puedo hablar, solo asiento. Me toma de la mano y me atrae hacia él. Huele a colonia almizclada. Lo miro a los ojos, esos ojos gris azulados que atrapan los míos. Me quedo sin palabras.

Me levanta la barbilla y se inclina.

—¿Adam? —susurro.

Se detiene a un milímetro de mis labios. —¿Hmm?

—¿La foto?

El teléfono está sobre la encimera.

—Cierto —dice.

Si no me equivoco, hay un brillo travieso en sus ojos.

Levanta el móvil, abre la cámara, nos apunta con ella y se vuelve hacia mí. —Segunda toma.

Y entonces me besa.