La farmacia de noche Capítulo 7 #4
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Capítulo 7 #4

—Aun así, esas no eran las «drogas» que una farmacéutica debería tener. La verdad es que llevo doce años sin descansar ni un solo día, así que gracias a esto podré hacerlo. Tú también deberías descansar. Adiós.

Bo-ho salió de la comisaría con paso rápido. Hwan-gyeong dudó un instante y luego echó a correr para cortarle el paso. Bo-ho lo miró fijamente, sorprendida.

—He oído por ahí que hay que dormir por la noche. Dicen que solo así se descansa de verdad.

—Eso tendría que decírtelo yo a ti.

—¿No era lo que quería oír?

Al oírlo, Bo-ho abrió mucho los ojos y, enseguida, soltó una carcajada. Hwan-gyeong la miró, un poco avergonzado. Era la primera vez que la veía reír así.

—Tienes razón. Supongo que era justo lo que quería oír.

Era uno de esos días de primavera en que la noche parece acortarse de golpe. Tras lo ocurrido, Bo-ho subió al segundo piso del edificio de la farmacia y pasó una temporada sin salir. Los vecinos del barrio H vigilaban su estado observando cómo se encendía y apagaba la luz de aquella casa.

Durante un tiempo, el lugar donde había estado la farmacia de noche de H-dong quedó rodeado por una cinta policial amarilla.

El barrio, que había vuelto a llenarse de curiosos que acudían como si aquello fuera una peregrinación, recuperó poco a poco su quietud.

La infamia de ser un foco de delincuencia pesaba ahora todavía más.

Cada día, Jeong-bun se sentaba en la tarima y miraba la farmacia cerrada.

Se sentía sola. Quién iba a decir que una luz importara tanto; cuando algo que siempre había estado allí desaparece, deja un vacío.

A las ocho de la tarde, cuando el callejón se quedó a oscuras, Jeong-bun encendió, en lugar de la farmacia de noche, la luz que colgaba del toldo del supermercado.

Las noticias sobre la organización de narcotráfico de H-dong ocuparon la televisión durante un tiempo.

En medio de todo aquello, Hwan-gyeong concedió una entrevista como detective encargado del caso.

La historia de un policía que se había infiltrado como empleado de una farmacia para ocultar su identidad era lo bastante llamativa como para atraer atención. Eso sí, no mostraron su rostro.

—¿No te da pena? Podrías haberte convertido en un detective famoso.

—Yo quería ser detective, no una estrella.

—Sí. Tú vas a durar en este trabajo.

Mun-seong le dio dos palmadas firmes en la espalda. Hwan-gyeong lo intuyó al instante. Hoy también tocaba infiltrarse.

—Uf.

En cuanto Hwan-gyeong se echó las gotas de lágrimas artificiales, sintió un hormigueo helado recorriéndole todos los nervios de la cara. ¿Seguro que esto era mejor que el linimento? Al oír sus gemidos, Mun-seong le quitó el envase de la mano.

—Qué exagerado eres.

Mun-seong se echó una gota en un ojo y parpadeó.

—Pues no está mal.

—Jefe, entonces es que usted no está tan cansado.

—¿Qué? ¿Qué has dicho, mocoso?

Hwan-gyeong recuperó las lágrimas artificiales y se las guardó en el bolsillo interior de la chaqueta.

—Según me dijeron, cuanto más secos tienes los ojos, más escuecen y más duelen. No es que las lágrimas artificiales hagan daño porque sí.

—Ah, ya veo. ¿Tienes algún problema con que mis ojos estén sanos?

—No, no es eso. Solo digo que se le ve sano.

La vigilancia llevaba varios días alargándose, tediosa.

El motivo era una oleada de robos en viviendas vacías que se había disparado en la zona.

Mientras observaban los callejones del barrio H, cada vez más sombríos, se desplegó ante ellos una escena inverosímil.

Hwan-gyeong se frotó el ojo en el que acababa de echarse lágrimas artificiales.

La farmacia de noche, que normalmente estaba a oscuras, volvía a estar iluminada.

Hwan-gyeong bajó del coche en el que estaban haciendo la vigilancia de un salto y echó a correr hacia la farmacia de noche.

Hacia el centro mismo donde confluían los callejones del barrio H, hacia aquel lugar que volvía a brillar como un faro en mitad de la noche.

Al llegar, descubrió que la puerta de cristal de la farmacia había cambiado.

Ahora era automática. De esas modernas que se abrían hacia un lado al pulsar un botón.

Hwan-gyeong se quedó petrificado, contemplando el interior a través del cristal de la puerta.

En mitad del local, iluminada intensamente, estaba Bo-ho.

Con el mismo aspecto de siempre. Al verlo plantado fuera, incapaz de abrir la puerta automática, Bo-ho lo miró con extrañeza, salió de detrás del mostrador y pulsó el botón por él. Se oyó un sonido familiar. ¡Tilín!

—¿Qué haces? ¿No sabes abrir una puerta automática? ¿O es que esta resulta más incómoda?

—Ni siquiera sabía que la habían reparado.

—Lo hicieron de día. A plena luz.

Bo-ho sonrió. Con tranquilidad.

—¿Ha dormido bien esta noche?

—Sí. He dormido mucho, profundamente. En paz.

* Sopa tradicional coreana de pollo relleno de arroz glutinoso, ginseng, ajo y otros ingredientes. Suele tomarse en los días más calurosos del verano, porque se considera que ayuda al cuerpo a soportar el calor. (N. de la T.)