La farmacia de noche Capítulo 1 #5
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Capítulo 1 #5

Bo-ho pensaba que aquel hombre era insoportable: un señor extraño que aparecía cuando nadie lo había llamado y siempre acababa metiendo el dedo en la llaga; un señor pesado que volvía una y otra vez para darle la lata con que no debería abrir solo de noche.

De verdad, no lo soportaba. Hasta que, un día, Mun-seong se presentó con una expresión algo incómoda, pero iluminada por una felicidad discreta, y le dijo:

—Creo que a partir de ahora no podré venir tan a menudo.

A Bo-ho le alegró oírlo y, cuando él añadió que era porque su mujer estaba embarazada, no pudo evitar sonreír, aliviada.

Claro. Mun-seong tenía que seguir con su vida.

Tenía que avanzar, no quedarse allí. A partir de entonces, sus visitas fueron espaciándose hasta volverse casi excepcionales.

Con los años, la cintura se le ensanchó, la papada se hizo más visible y su rostro adquirió una serenidad nueva.

Entre los dos quedó una confianza discreta, sin preguntas ni exigencias.

Ninguno volvió a mencionar lo ocurrido aquel día.

El niño que entonces estaba a punto de nacer debía de tener ya edad suficiente para ir al colegio.

Así era el vínculo que habían mantenido todos esos años.

Mun-seong, que siempre excedía las expectativas de Bo-ho, sonrió con malicia y dijo:

—¡Trabaja con nuestro novato! No puedo garantizarte que vaya a hacer bien todo lo que le mandes, pero es bueno y trabajador. Aunque… un poco miedica sí que es.

Mun-seong, con aquella expresión pícara aún en el rostro, lanzó la propuesta con una naturalidad pasmosa, como si fuera lo más lógico del mundo. Bo-ho y Hwan-gyeong se quedaron mirándolo, horrorizados.

—¿Qué dice? ¡Señor!

—¿Qué acaba de decir? ¡Jefe!

Bo-ho y Hwan-gyeong protestaron al unísono y se volvieron hacia Mun-seong con idéntica incredulidad, como si acabara de proponer una auténtica locura. Él, en cambio, parecía encantado con su ocurrencia.

—No sé… Sería algo así como una tapadera. Una infiltración a plena vista: él trabajaría aquí y vigilaría desde dentro. Si ese hombre ha venido hasta la farmacia para averiguar qué estaba pasando, no parece que tenga intención de abandonar el barrio. O quizá haya algo que se lo impida.

Las protestas de Bo-ho y Hwan-gyeong rompieron al instante el silencio de la farmacia. Los dos se rebelaron contra aquel plan improvisado y temerario que Mun-seong parecía haber concebido sobre la marcha.

—¿Y por qué iba a aceptar a un infiltrado en mi farmacia? Eso es ilegal.

—¿Y por qué iba a ponerme yo a trabajar aquí? Mi sitio está en la calle, investigando.

Mun-seong les hizo un gesto para que bajaran la voz y respondió casi en un susurro:

—Porque has sido tú quien lo ha presentado como el auxiliar que venía hoy a una entrevista. Si más adelante descubren que era mentira, los dos os convertiréis en objetivos en un abrir y cerrar de ojos.

—Eso tendrá que resolverlo la policía, ¿no?

—Exacto. Es asunto de la policía. Por eso voy a dejarlo aquí. Tú solo tienes que prestarnos el espacio.

—No quiero verme envuelta en ningún caso.

—¿De verdad no sabes por qué han dejado así al chico de antes?

El rostro de Bo-ho se endureció. Mun-seong le apoyó una mano en el hombro, tratando de llevarla poco a poco hacia donde quería.

—Tenemos que atraparlos, Bo-ho. Ese chico tiene toda la pinta de haber recibido una paliza de la banda.

—… Ni siquiera hay pruebas de que hayan sido ellos.

—Ha preguntado si se lo había llevado la policía.

Bo-ho señaló a Mun-seong en silencio, como si aquel gesto bastara para recordarle que el asunto era suyo. Él siguió con la mirada el dedo que lo acusaba y, en respuesta, alzó el suyo hacia ella.

—Ese chico vino corriendo a pedirte ayuda.

Mun-seong sostuvo la mirada de Bo-ho hasta que ella terminó desviando los ojos.

Sabía perfectamente por qué abría la farmacia solo de noche y le pesaba recurrir a una culpa que llevaba años atormentándola, pero aquella era la primera grieta que la organización dejaba al descubierto y no podía permitirse desaprovecharla.

Hasta entonces habían sabido moverse sin dejar rastro: ocultaban el dinero tras negocios tapadera, traficaban con drogas sin ofrecer a la policía una sola prueba y se enriquecían a costa de jóvenes perdidos.

Sin embargo, desde que habían ampliado el negocio, los investigadores habían logrado acercarse poco a poco.

Nunca los habían tenido tan cerca. Y, si para desmantelarlos por completo Mun-seong tenía que servirse de alguien, lo haría.

Además, estaba convencido de que Bo-ho y Hwan-gyeong podían cuidarse el uno al otro y de que, juntos, estarían más seguros.

Después de pensárselo unos instantes, Bo-ho preguntó:

—¿Podrá atraparlos?

—Claro que sí. Y cuida del novato. Todavía le falta experiencia, pero seguro que te será de ayuda.

Bo-ho dejó escapar un largo suspiro. Menudo día: no paraban de hacerla suspirar.

Ella solo encendía las luces en mitad de la noche y esperaba a que entraran los clientes; sin embargo, una y otra vez, alguien acababa tirando de ella, obligándola a salir de detrás del mostrador.

Empezó a dolerle la cabeza, una punzada sorda y persistente.

—Asegúrese de que nadie salga herido. Esa es mi condición.

—Por supuesto.

Hwan-gyeong, atrapado entre Mun-seong y Bo-ho, se limitó a poner los ojos en blanco.

¿Cómo demonios había acabado todo así? Solo había salido un momento a comprar algo para aliviar el dolor y descansar un poco, y en apenas diez minutos todo había cambiado, hasta su lugar de trabajo.

¿Trabajar en una farmacia? ¿Así, sin más?

—Entonces, ¿qué tengo que hacer?

—¿Qué vas a hacer? Pues vigilar este sitio.

Mun-seong respondió con la naturalidad de quien no alcanza a comprender por qué alguien pregunta algo tan evidente.

Hwan-gyeong se quedó parpadeando, sin saber qué decir.

Al ver la expresión de absoluto desconcierto que se le había quedado, Bo-ho dejó escapar otro suspiro interminable.

En fin. Al menos, suspirar seguía siendo una forma de respirar.

Cuando por fin se disipó el alboroto, Bo-ho y Hwan-gyeong volvieron a quedarse solos en la farmacia.

Durante un buen rato, ninguno supo qué decir.

Él miraba a un lado y a otro, cada vez más incómodo, hasta que acabó por romper el silencio.

Antes de marcharse, Mun-seong se lo había llevado aparte para hablar con él.

Al regresar, Hwan-gyeong respiró hondo varias veces y, como si por fin hubiera reunido el valor necesario para aceptar aquella idea disparatada, se irguió.

—Permítame que me presente de nuevo. Soy Lee Hwan-gyeong, inspector de la Brigada 1 de Delitos Graves. A partir de ahora estaré a su cargo. Haré todo lo posible por proteger la farmacia.

A Bo-ho le dolió aún más la cabeza al oír aquella presentación tan solemne.

—Sí, sí. Yo soy Choi Bo-ho, la farmacéutica de la farmacia de noche.

Fuera, la noche empezaba a retirarse y el cielo, hasta entonces negro, se iba tiñendo de azul. El amanecer estaba cerca. Era hora de cerrar la farmacia.

* Plataforma tradicional coreana de madera, baja y elevada sobre el suelo, que suele utilizarse como lugar de descanso y reunión al aire libre. (N. de la T.)

† Pastel de arroz coreano de forma cilíndrica y alargada, elaborado con arroz machacado y consumido tradicionalmente durante el Año Nuevo. (N. de la T.)

‡ Tipo de alojamiento económico habitual en Corea del Sur, formado por habitaciones individuales muy pequeñas y, generalmente, con cocina y baño compartidos. (N. de la T.)