La familia secreta del sicario (Los hermanos Carbone nº 3) CAPÍTULO 32
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CAPÍTULO 32

Madeline

—No creo que vaya a funcionar…

Alcé la vista hacia Filippo Romagna. Había cogido la costumbre de pasar por el apartamento cada dos días para tomar café conmigo. Creo que echaba de menos a su hermana y se sentía solo. Por eso mi compañía le servía de consuelo.

—Yo tampoco —respondí.

El compromiso entre Caterina y Romagna parecía una locura. No se amaban. Ni siquiera creía que se atrajeran. Era solo un negocio, pero no todos los tratos valían la pena.

—Me gusta —confesó—. No estoy enamorado de ella, ¿sabes?

Pero la aprecio. Es inteligente, seria, hermosa…

Y es una amiga. Hablamos de vez en cuando, en los eventos.

Tiene un sentido del humor sarcástico que me hace reír.

Cuando fui a la Tana para la boda de Dominus, a Caterina y a mí nos emparejaron en el cortejo nupcial.

Bailamos juntos… En fin, pensé que podría funcionar.

Asentí.

—Eres como un hermano para Gianni… —dije—. Él de verdad está de tu lado. Y además tu hermana ya está casada con un Carbone. Los lazos ya los has reforzado, Filippo… No tienes que obligarte a nada más, por ningún motivo.

Asintió.

—Y ella tampoco te quiere —añadí—. Ni de lejos.

—Lo sé. —Su sonrisa estuvo a punto de hacerme reír también—. Por un instante, cuando atacaron la fiesta, creo que ella esperaba que la bala me diera en la cabeza.

—No es para tanto —murmuré, y él se echó a reír a carcajadas—. Ahora que se han ido, ahora que Dominus ha vuelto a Alaska con su hermana, puedes buscar una forma respetuosa de romper el acuerdo. Sé que Dominus también lo está pensando.

—¿En serio? ¿Tú crees?

—Vio que Caterina está demasiado destrozada para casarse.

—Entonces dejaré que lo cancele él, porque, sinceramente, a mí me falta valor para hacerlo.

Resultaba curioso: era un hombre poderosísimo y yo sabía que en el pasado se había enfrentado a Dom; sin embargo, ahora luchaba por mantener la paz.

Gianni me había dicho que el motivo principal era la felicidad de su hermana.

Filippo no quería problemas con los Carbone porque de algún modo podrían afectar a Chiara.

—Antes de marcharse, Dom dijo que va a esperar un tiempo antes de hablarles de mí a los Carbone de la Tana. Esperar a que nazca el bebé, a que las cosas se calmen… Después, Gianni me llevará allí para conocer a la familia. ¿Tú qué opinas?

Apretó los labios, como si lo estuviera sopesando.

—Al principio, Francesca te intimidará. Es como una diosa griega, demasiado hermosa. Pero luego la adorarás. Es una persona maravillosa. Y muy joven, además. Por eso las mujeres le tienen un poco de envidia.

Negué con la cabeza; esas tonterías no me interesaban.

—A Caterina ya la conoces. Ava… bueno… Ava es como un rayo de sol en ese lugar helado y rodeado de nieve.

Quise tomarle el pelo por la forma en que hablaba de la mujer de Dominus, pero no me atreví.

—La robarías si pudieras, ¿verdad?

—Si ella me quisiera… pondría todo mi poder en juego por ella.

Esta vez no pude contener la sonrisa.

—Háblame de los demás.

—Rocco es el otro miembro de la casa. Es un chico joven, muy amable.

Mi hermana le tiene mucho cariño. Creo que, por haberlo criado su madre, tiene un temperamento más dulce.

Luego, aparte de la Tana de Alaska, está la fortaleza Tana de México, donde vive mi hermana Chiara…

un encanto… Y su marido, Beniamino, que es un año mayor que Gianni.

Antes llamábamos libertino a Ben, pero está siendo un buen marido.

Respiró hondo, como si le costara creérselo. Pero sabía que Filippo le estaba concediendo el beneficio de la duda.

—Y, por último, está Nico.

—Oí hablar de él en la cena… Está en Colombia, ¿no?

—Tiene una Tana en lo más profundo de la selva amazónica. Es un Tarzán de carne y hueso. Adora a los animales. Es increíble cómo un hombre al que de verdad le importa que nazca una cría de mono puede pegarle un tiro en la cara a alguien sin la menor vacilación.

Esa frase me devolvió al día en que descubrí que mi marido estaba en la mafia. Recordé cómo había matado a Jean.

—Pero matan sin sentir nada…

—Nunca, jamás por motivos personales. Matan porque los entrenaron para eso desde niños. Por supuesto, a veces hay algo de emoción de por medio… Como cuando…

Hizo un gesto hacia mí, pero no terminó la frase; se negaba a mencionar a Jean.

—Pero, en general, es solo trabajo. Impersonal. Frío.

—Me imagino lo dura que debió de ser esa infancia…

—No… no te lo imaginas… De hecho, yo conocí al difunto Paolo Carbone.

Era el diablo en persona. Francesca vivía aterrorizada.

Todos le tenían miedo. Gianni nunca habló mucho del tema, pero sé que creció reprimiendo cualquier muestra de emoción.

Si lloraba, le pegaban. Dominus y Ben se interponían y lo alejaban de su padre.

—Por eso estaba tan distante cuando lo conocí… —murmuré—. Ya no es así…

—Porque te quiere. Eres una mujer especial que le conquistó el corazón.

Sonreí, aliviada.

—Yo también lo quiero —confesé, porque con Filippo resultaba fácil hablar de estas cosas—. A pesar de las circunstancias, no creo que haya sido nunca más feliz en toda mi vida.