La familia que el mafioso viudo rechazó (Cartel de los García n°2) Capítulo 57
75%

Capítulo 57

Una semana más y seguimos sin noticias de Jade y Nico.

Cada día que pasa es un martirio.

Cada día que pasa me culpo más.

Cada día que pasa recupero un poco de esperanza.

Cuando llega la noche, esa esperanza se desvanece.

La marcha de Jade fue mi final.

¿Cuánto me odia?

Cada vez que recuerdo a Jade hablando de Safira, llorando y suplicando por ella... Yo estaba allí, quieto, escuchándola, pero no era capaz de decir nada. Para mí solo estaba siendo jodidamente estúpida por creer aquellas palabras, por dejarse manipular otra vez.

Sigo con un vacío en el pecho y sé que es por la ausencia de Jade y Nico, por todo lo que llenaban mi vida.

—Papá, ¿cuándo van a volver tía Jade y Nico? —pregunta Gui después de conseguir terminar la cena con muchísimo esfuerzo. Está tan triste que desde que se marcharon apenas tiene apetito—. Están tardando mucho. Quiero terminar la historia del astronauta.

Gui tiene un montón de carpetas de «cosas que Jade y Nico tiene que ver», escrito así de mal, y dentro de una de ellas está la petición para que Jade sea su madre.

Está deseando que vuelva para entregársela.

Yo le puse la excusa de que había tenido que irse para cuidar de su madre, así que Gui empezó a preguntarme por qué no la cuidaba en nuestra casa, por qué nos fuimos de la otra casa y fuimos a otra, y después salimos de aquella para venir a esta...

Por qué Nico se marchó sin decir «adiós».

Fueron tantos «porqués» que acabé diciéndole simplemente que Jade había tenido que salvar a su madre y que, para hacerlo, Nico tenía que ir con ella porque la abuela necesitaba la fuerza de los dos.

Así que ya no se siente abandonado —y realmente no lo fue—, pero los echa de menos y quiere que esa misión termine cuanto antes.

—Jade volverá pronto. —Quizá debería ser sincero y decirle que se marchó...

Pero no quiero entristecer a un niño que ahora por fin tiene un padre, una abuela, tíos...

Quiere una madre y un hermano, y yo quiero a Jade y a Nico.

Engaño a mi hijo y me engaño a mí mismo al mismo tiempo.

Esta es mi vida ahora—. Muy pronto ella y Nico estarán aquí.

—¿Por qué ya no hablas con ella? ¿No tiene móvil?

—Porque está ocupada. —Porque se fue a vivir su vida y ni Cassio ni tía Paloma me cuentan nada. Y ni hablemos de Mari, Lya y Samuel; esos no me lo contarían aunque los torturara.

—¿Todavía está salvando a su madre?

—Sí, salvando a su madre de un gran villano de nuestras vidas. —Sonrío al recordar que él sigue aferrado a esa historia. Y sí, Jade salvó a su madre y su lucha fue contra su padre, mi tío—. Jade siempre salvará a la gente que quiere. Esa carita bonita y dulce esconde muchísima fuerza.

—¿Tía Jade es una héroa?

—Heroína —lo corrijo—. Sí, lo es. Está salvando a su madre.

—Yo quiero a tía Jade, y si es héroa, ¡la quiero mucho más! ¿Si se lo pido volará? ¿Lanza rayos?

—No lo has entendido, Gui. Ella no tiene poderes de dibujos animados.

—Entonces, ¿cómo derrota a los enemigos?

—Con fuerza. Es muy fuerte.

—¿Como Huck?

—En versión blanca y sin romperse la ropa. —Aunque a mí me encantaría que se la rompiera—. Tampoco se pone verde. —Me encanta cuando se pone roja—. Y no se vuelve gigante.

—Y derrotó al villano para salvar a su madre. Va a ser mi madre, ¿verdad? ¡Quiero ser hijo de una héroa!

—Heroína —digo más alto—. Repite conmigo: heroína.

—Héroa mola más.

—No mola nada, Gui. —Parece molesto—. Vale, llámala héroa. —Sonríe.

—¿Y por qué tú no ayudaste? ¿Solo ella es la héroa?

—Es que...

—¿Es más fuerte que tú? ¿Tú eres débil?

Hasta me dan ganas de replicar y decir que tenemos la misma fuerza, pero la verdad es que Jade es más fuerte. Luchó por su verdad, por su madre, creyendo con toda su alma que tenía razón.

—Sí, es muy fuerte.

—Seguro que fue a salvar el mundo y no lo cuenta porque los héroes llevan disfraces.

—Sí, llevan disfraces y por eso no puede llamar.

—Seguro que ya vuela.

—No, Gui, los humanos no vuelan...

—Pero ¿cuándo dejará de luchar? Dijo que volvería para leerme a mí y a Nico la historia del niño astronauta y el perronauta, y nunca volvió.

—Gui, ¿qué quieres ser de mayor? —Cambio de tema para que deje de centrarse tanto en Jade y para que no vuelva a subir toda la rabia que siento contra mí mismo.

—Bombero, camión, avión o policía.

Me echo a reír con su respuesta y Gui me mira incluso sorprendido.

—¿Qué pasa? —pregunta.

—¿Policía?

—Sí, me parece guay. —Como tus familiares oigan eso...—. ¿A ti no te parece guay?

—Algún día cambiarás de idea. —Por tu propio bien, no seas policía, chico—. Bombero es mucho más guay: el camión, la manguera apagando incendios.

—Y sacando gente de edificios altos. Sí, mola más. Si Jade volara ayudaría mucho con eso.

Jade, Jade, Jade... Mi hijo habla más de ella que yo. La diferencia es que yo pienso en ella y me lo guardo; Gui no deja de hablar.

Intento escapar de esos pensamientos, pero Gui pregunta por Jade todos los días, sobre todo porque ella le manda mensajes a través de Mari. Gui no le enseña sus carpetas porque quiere mostrárselo todo en persona.

Mira, Jade, no vuelvas por mí. Vuelve por mi hijo, que ya aprovecharé yo para reconquistarte.

—Seguro que ya vuela como una héroa y va a ganar al villano. ¡Tía Jade es increíble! Entonces ella tendrá a su madre, Nico tendrá a su abuela y yo tendré una madre y una abuela. —Mueve la cabeza mientras hace un bailecito—. ¿Querrá ser mi madre?

—¿Quién no querría ser tu madre? —Andreza aparece por detrás y le da un beso en la mejilla a Gui—.

A mí me encantó descubrir que soy tu tía, igual que a mi madre le encantó convertirse en tu abuela y así con todos.

Y, por supuesto, la mejor tía del mundo te ha traído unos cuantos libros más para colorear, para que te entretengas mucho y vuelvas a sonreír.

—Quiero a tía Jade y a Nico.

—Nosotros también los queremos aquí, sobre todo tu papá.

—Le aprieta la nariz—. Pero tenemos que tener paciencia.

A ella todavía le queda un pequeño trabajo por hacer.

Como Nico es muy pequeñito, no podía quedarse aquí y tuvo que ir con ella.

Tú, como ya eres grandote y muy fuerte, te quedaste con papá para darle alegría...

—¡Fuerza! Porque tía Jade es una héroa súper fuertota y papá es un poco débil.

Ofendido por mi propio hijo...

—Papá es un poco flojito, sí. —Andreza se ríe—. Pero también se pondrá muy fuerte.

—¿Él también va a luchar? —Abre mucho los ojos y corre hacia mí, abrazándose a mis piernas—. No te puedes ir.

—No me voy a ir, Gui. —Lo abrazo y lo siento en mi regazo—. Lo que quiere decir tía Andreza es que esta noche no estaré aquí porque también tengo que hacer unas cosas, pero mañana volveré. —Le beso la cara—. ¿Ves? Papá también ayudará y será un héroe.

—El ayudante de la héroa.

—Sí, tío, has perdido definitivamente la sucesión.

—Por Jade lo acepto. —Beso la frente de Gui—. Pronto volveremos a estar todos juntos y podrás hacerle tu petición. Una ya se cumplió, ¿verdad?

—Sí. Tengo un padre y voy a tener una madre y un hermano. —Me besa la cara—. La familia que siempre quise.

Sí, Gui. La familia que siempre quisiste y que yo lo estropeé todo...

Horas después

Me controlo cada vez que Jorge aparece delante de mí, pero ese hijo de puta me hace perder por completo el control.

Odio pensar que Jade sufrió tanto, que tuvo que desaparecer de aquí, mientras el causante de todo sigue viviendo como un gran jefe de la mafia.

Sí, el hijo de puta de Jorge es quien más presume dentro del Cartel de los García.

Es el tipo que se considera el más cabrón, el más rico, el más poderoso de todos.

Y está tan convencido de ello que ahora presto mucha más atención a los negocios.

Es como si Jorge estuviera haciendo alarde de poder, como si nos gritara a la cara: «¡No tenéis nada contra mí!».

Así que me controlo todavía más. Algún día meterá la pata, cometerá un error, y yo estaré allí para atraparlo.

—Esta es nuestra primera reunión después de todo lo que ocurrió. —Anthony empieza a hablar y su mirada va directamente hacia mí—. Desde aquella noche todos sabemos que los negocios cambiaron de rumbo, lo cual es una pena.

También me enfurece mirar a mi padre. Durante todo este tiempo me mandaba mensajes, todos insultando a Jade, diciendo que era mejor que se hubiera marchado, que seguro estaba metida en un plan con Safira contra todos nosotros, que es una madre soltera y que me libré de convertirme en padre de un bastardo...

Solo Dios sabe cuánto me he contenido para no plantarme delante de él y partirle la cara.

—Precisamente porque han cambiado tantas cosas os he traído aquí antes de la reunión principal —continúa Anthony—. Jorge, Júlio, Pedro, Marcelo, Cassio, Samuel y Miguel. Somos los hombres de la familia. Samuel y Miguel no forman parte de la sucesión; Miguel es mi primo y Samuel...

—Gay —dice él mismo—. Y, según Jorge, los gays no forman parte de los negocios.

—¡Jamás! —Jorge reafirma su opinión con la sonrisa más orgullosa del mundo—. No vamos a dejar nuestros negocios en manos de un homosexual. Sé respetar, he dicho «homosexual».

—¿Y tu hija sí podría participar? —pregunta Cassio—. Las mujeres tampoco deberían poner un pie aquí...

—Mira tú por dónde, casi tres meses después y todavía te crees a aquella loca.

—¡Por eso os he llamado aquí! —Anthony vuelve a tomar la palabra—.

Nuestra familia, nuestro legado, se están haciendo pedazos entre dudas y supuestas traiciones, ¡todo gracias a Safira!

Júlio, pensaba que ya habías entendido lo que ocurrió.

Te separaste de Jade, comprendiste que está tan manipulada que se quedó con esa mujer. Aun así, ya no es familia.