Capítulo 57 #2
—Creía haber dejado claro que aquello fue un momento de rabia —empiezo—.
Si hubiera considerado culpable a Safira, habría votado a favor de matarla, y no lo hice.
Sigo pensando que Jorge es un auténtico hijo de puta, sigo creyendo que puede ser el gran traidor y sigo pensando que solo quiere silenciar a la única persona que tuvo el valor de enfrentarse a él.
—Hasta diría que deberíamos votar para sacar a Júlio de la sucesión, pero sería demasiado, ¿no? Estos idiotas jamás votarían contra él.
—Porque no tendría ningún sentido —empieza Pedro—.
Si lo pensamos bien, Safira nos dio una pista que, muy probablemente, no quisimos mirar.
Tú perdiste un territorio a favor mío por la apuesta que hizo mi padre.
Mi padre apostó que Mari era una estafadora y, como perdió, tu territorio pasó a ser mío.
Anthony García es otro auténtico hijo de puta...
—¡Más respeto, Pedro!
—Anthony podría haber entregado cualquier territorio, pero entregó el tuyo, Jorge.
—Pedro no se detiene—. Te pusiste tan furioso que solo ahora has vuelto a mirarme a la cara.
En las reuniones nunca te dirigías a mí, ¡nunca!
Y entonces recuerdo que la Doce estaba aquí, que consiguieron entrar gracias a alguien con el poder suficiente...
—Solo estáis repitiendo lo que dijo aquella loca. —Jorge habla sin rabia ni sarcasmo, simplemente con un tono casual—. Jade no es la única fácil de manipular.
—Porque tiene sentido —continúo—. Tiene muchísimo sentido que el hijo mayor, al que nunca consideraron sucesor, acumulara suficiente rabia como para joder los negocios de la familia. Traería a gente poderosa de fuera, la metería dentro y acabaría con nosotros...
—¿Quién está acabado? ¡Todos seguimos intactos!
—¿Hasta cuándo? Helena era tu mujer. Safira dijo que no tenía motivos para matarla, pero admitió haber matado a Camila porque amenazó a Jade y a Nico.
Natasha, la hija pequeña de tu mayor rival dentro de la familia, desapareció.
Si Safira hubiera muerto, ¿quién habría sido el siguiente?
Quizá ella nos salvó, tal y como dijo. Tal vez interrumpió tus planes, porque ahora la mayoría te vigila.
—Si tan traidor soy, ¿cómo explicas que Sandro y Rene estén ahí fuera esperando? Por si no lo sabéis, han venido personalmente para decir que tenemos el mejor plan posible para acabar con Nacho.
—No puede haber dos líderes. —Mantengo la mirada clavada en la suya—.
Matar a cualquiera de nosotros antes de que tu plan estuviera preparado solo habría servido para reforzar la seguridad.
Desde aquella noche no hemos vuelto a reunirnos ni a frecuentar los mismos lugares.
Precisamente porque sabemos que en cualquier momento alguien puede apuñalarnos por la espalda.
Sabes cómo funciona esto, Jorge. Esperarás el mejor momento, sobre todo ahora que casi todos te vigilan.
—Miro a Anthony y no consigo saber qué está pensando—.
Yo tendría cuidado, Anthony. Tú eres el jefe, el único rival de Jorge ahora mismo.
Él cree que tú eres inteligente. El resto de nosotros...
—Señalo la fila de hombres a mi lado—. Para Jorge no somos nada: desechables, idiotas, sentimentales.
Tú eres el próximo objetivo, aunque no quieras verlo.
—El plan es enfrentar a Anthony conmigo...
—La reunión oficial va a empezar. —Anthony se levanta de la silla—. Lo repito: no habéis encontrado nada contra Jorge. Mientras todo sean sospechas provocadas por rencillas personales, no tenemos motivos para centrarnos en esto.
—Quizá cuando le ataquen lo entienda.
—Hablas como Safira, Júlio. Empiezo a creer que esa chica te ha corrompido. Y lo que más me irrita es no tener ni un solo hijo que sirva para ocupar mi lugar.
—Dáselo a Jorge. —Señalo a su hermano—. Quizá ese sea precisamente el plan.
Es fácil: conviértenos en un grupo de amargados e idiotas manipulados por la loca de Safira, haz que el jefe nos considere incapaces y Jorge subirá de nivel hasta convertirse en el único García digno de confianza.
Al final, los manipulados no seremos nosotros, sino tú.
Es todavía más sencillo. —Miro a Jorge y veo cómo intenta esconder una sonrisa—.
Sí, seguro que ese es el plan. Te conoce, Anthony. Y lo extraño es que Safira tenía razón.
—Una palabra más y estarás fuera de la reunión.
Marcelo me aprieta el muslo y sé que quiere que cierre la boca. Así que me callo para poder escuchar lo que viene a continuación. Sandro, líder de la Calle Veintitrés, y Rene, su mano derecha, entran en la sala y nos saludan. Acto seguido, el jefe va directo al grano:
—Bueno, preferimos venir personalmente a daros esta noticia para no correr el riesgo de que nos interceptaran.
Como sabéis, un tal El Verdugo estuvo por aquí y fue él quien organizó el ataque contra Helena.
Es un viejo conocido nuestro, uno de los mayores ejecutores de la Doce.
Después de meses conseguimos atrapar al otro lado de la frontera a un compañero suyo que participó en todo.
—Si habéis venido hasta aquí es porque habéis conseguido algo.
—Conseguimos rastrear una llamada que ese hombre hizo a Nacho —responde Rene—. Rastreamos dos más y todas salían del mismo lugar, una propiedad algo alejada de la ciudad donde concentran la mayoría de sus operaciones. Tenemos la ubicación de Nacho, pero hay un problema.
—¿Cuál es el «problema»? —pregunta Cassio, mostrando ya su nerviosismo.
—Tu hija está desaparecida. Ese hombre confirmó que nunca oyó hablar de ninguna prisionera, y mucho menos de una García en manos de Nacho.
—Está mintiendo...
—Tal vez no —interrumpe Sandro a Cassio—. No es habitual tener a alguien tan valioso prisionero en casa, quiero decir, en la misma casa que el jefe. Pero tampoco lo sabemos; puede haber cambiado todo.
—Sí, pero ¿qué tiene eso que ver con el «problema»?
—Está en territorio enemigo, territorio de la Doce.
Es la primera vez en muchos años que sabemos dónde está Nacho; en realidad nunca habíamos conseguido localizarlo —responde Rene—.
Tenemos dos maneras de atacar. Una muy directa: bombardear la propiedad, algo prácticamente de guerra.
Así acabaríamos con nuestro enemigo, pero si Natasha estuviera allí no sabemos qué pasaría con los escombros.
La otra opción es entrar por la fuerza. Para eso necesitaremos muchas armas, coches y hombres dispuestos a morir, porque estaríamos invadiendo su territorio.
Pero si lo hacemos así, Nacho podría tener tiempo de escapar y todo sería inútil.
Y si tiene a Natasha, se la llevará con él.
Miro a Cassio, que se ha quedado completamente inmóvil.
—Montaremos una operación para atacar el lugar sin hacerlo de forma directa —responde—.
Pero Natasha no debe de estar allí. Si Nacho tuviera a mi hija, ya lo sabríamos.
Llevamos casi seis meses sin noticias de ella.
Ha pasado algo, pero algo me dice que Nacho no tiene nada que ver.
—Mira a Jorge—. Si la tuviera, ya habría recibido al menos un vídeo de ella sufriendo, ¿no creéis? —Mira a Sandro y a Rene.
—Por lo que sabemos, sí —responde Rene rápidamente—. Sobre todo después de todo lo que hicimos y de acabar con sus posibilidades de entrar aquí. Si Natasha hubiera estado con Nacho todo este tiempo, habría encontrado una forma de hacerte sufrir. Conozco muy bien cómo funciona su cabeza.
—Entonces, ¿qué crees que ocurrió? —le pregunto a Rene.
—Creo que Nacho pudo secuestrarla, pero o Natasha escapó y se perdió, porque ese lugar le resultaría completamente desconocido, sobre todo si huyó por el bosque —es una extensión enorme y hace falta conocerla para moverse por allí—, o Nacho la entregó a otro socio.
Pero para tener otro socio tendría que ser alguien más poderoso que él.
Solo así compartiría una prisionera tan valiosa.
—¿Crees que Nacho tiene un socio importante?
—Eso es obvio, ¿no? Siempre hemos hablado de ello. Lo único que no sabemos es quién.
—Pero también existe el riesgo de que esté en algún lugar de cautiverio —sugiere Sandro—. Y que después mande cualquier vídeo, incluso una parte del cuerpo, para demostrar que al menos una vez consiguió ganar...
—La respuesta sobre quién se llevó a mi hija está delante de nuestras narices, pero si presiono demasiado seré yo el torturado.
—Cassio me aprieta el hombro después de decirlo—.
Prepárate para ocupar la silla, Júlio, porque por lo que parece el jefe está demasiado ciego para ver el peligro que tiene al lado.
Safira intentó advertirnos y ahora veo que Jade tenía razón... Todo apunta a que Jorge es el gran traidor de todo esto. Solo tenemos que ir un paso por delante. Pero ¿cómo?