La familia de enfrente (Secretos tras la puerta 2) CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

Andrés no me llevó a la casa de enfrente. Quedamos en una sala de un centro municipal donde una trabajadora social esperaba con Nerea y otra mujer a la que no conocía. La chica estaba furiosa.

Lo supe antes de que dijera nada. Tenía los brazos cruzados, el teléfono que yo le había comprado sobre una mesa y una forma de mirarme que no se parecía en nada a la de la ventana.

—Cinco minutos —dijo la trabajadora social—. Si Nerea quiere terminar antes, terminamos.

Asentí. Andrés y las dos mujeres salieron. La puerta quedó entornada. Nerea esperó a que estuviéramos solas.

—Les has contado todo.

—Tenía que hacerlo.

—Me dijiste que me ayudarías.

—Te ayudé de una forma que casi permite que tu padre llegue hasta ti.

—Yo quiero que llegue hasta mí.

Aquello me dejó sin respuesta durante un segundo.

—Nerea, hay una orden.

—Ya lo sé.

—Tu padre se hizo pasar por tu tía.

—No sabes que fuera él.

—Alguien relacionado con él.

—Silvia podía haberle ayudado.

—He hablado con la verdadera Silvia.

La seguridad de Nerea vaciló.

—¿Qué?

—Está en Lyon. No creó esa cuenta. No te escribió.

La chica miró el móvil sobre la mesa.

—Pues sería Beatriz.

—¿La conoces?

—Es la novia de mi padre.

—¿Y eso te parece normal?

—No he dicho eso.

—Se hizo pasar por una persona de tu familia.

Nerea apretó la mandíbula.

—Porque nadie le deja hablar conmigo.

La lógica me resultó terrible precisamente porque podía entender de dónde salía.

—¿Tu padre te dijo antes de venir aquí que enseñaras el cartel?

—Me dijo que buscara ayuda.

—Te dijo que dijeras que Raquel y Andrés no eran tu familia.

—No son mis padres.

—Raquel sí es familia tuya.

—Eso no significa que quiera vivir con ella.

—No.

Nerea levantó la cabeza, sorprendida por mi respuesta.

—No voy a decirte que tengas que estar contenta —continué—. Ni que no quieras a tu padre. Pero me utilizaste para hacer algo que sabías que ellos intentaban impedir.

—Tú también me utilizaste.

—¿Para qué?

—Para sentirte útil.

Esas palabras me dolieron con una precisión que no esperaba.

—No sabes nada de mí.

—Tú tampoco sabías nada de mí y decidiste que estaba secuestrada.

Nos quedamos calladas. Era difícil discutirle eso. Nerea apartó la mirada.

—Yo no te dije nunca que me hubieran secuestrado.

—Lo sé.

—No te dije que me pegaran.

—No.

—No te dije que quisiera irme con nadie.

—No.

Cada respuesta me empequeñecía un poco más.

—Solo quería hablar con mi padre.

—Y para conseguirlo dejaste que yo creyera algo peor.

—Porque si te hubiera dicho la verdad no me habrías ayudado.

No supe si aquello era una confesión o simplemente una constatación.

—Quizá no debía ayudarte de esa manera.

Nerea se levantó.

—Pues ya está.

—Nerea...

—No quiero hablar más.

La puerta se abrió casi al instante. La trabajadora social entró. Yo me levanté también.

Antes de salir, Nerea se volvió.

—Mi padre me quiere.

—No he dicho que no.

—Todos lo dicen sin decirlo.

Se marchó con Andrés. Me quedé sola unos segundos hasta que la trabajadora social regresó.

—No espere que ella entienda ahora lo que ha pasado como lo entiende usted.

—Yo tampoco lo entendía ayer.

—Precisamente.

No añadió nada más.

—¿Puedo preguntarte algo? —dije.

—Depende.

—¿Ella me odia?

La mujer sonrió apenas.

—No creo que sea una categoría útil ahora mismo.

—Todo el mundo en este asunto parece haber hecho un curso para no responder.

—Es una habilidad profesional.

Se sentó frente a mí.

—Nerea está enfadada porque necesitaba que una persona de fuera confirmara que su percepción tenía valor. Usted se convirtió en esa persona. Cuando después acudió a los mismos adultos de los que ella desconfiaba, lo vivió como una traición.

—Pero yo no podía seguir ocultándolo.

—No estoy diciendo que pudiera.

—Entonces ¿qué debería haber hecho?

—No puedo corregir hacia atrás una situación que empezó mal.

Su respuesta me frustró.

—Eso no sirve de mucho.

—A veces lo único útil es entender que no existe una versión de los hechos en la que todas las decisiones correctas hacen que nadie sufra.

Me quedé callada.

—Nerea también ha tomado decisiones —continuó—. No es una víctima pasiva de todo el mundo. Ha ocultado información, ha buscado vías de contacto y ha dejado que usted interpretara el cartel de una forma que sabía posible.

—Me lo ha dicho.

—Eso no significa que sea responsable de lo que los adultos hagan con esa información.

—Ya.

—Y usted tampoco es responsable de toda la conducta de Iván por haber enviado una calle. Pero sí de haber enviado esa calle.

Era una forma de repartir responsabilidades sin borrarlas.

—No me gusta mucho vuestra profesión.

—Suele pasar.

Salí del centro con la sensación de que nadie iba a darme una absolución completa, y quizá era mejor así.

Esa tarde escribí a Nerea un mensaje que no sabía si Raquel le entregaría.

«No voy a pedirte que me perdones. Tampoco voy a decir que hice lo correcto porque al final descubriéramos algo peligroso. Primero me equivoqué al creer que sabía lo que te pasaba. Después me equivoqué al creer que podía arreglarlo sola. Si alguna vez quieres hablar, estoy.»

Raquel respondió dos horas después.

«Lo ha leído.»

Nada más.

Durante tres días no tuve noticias. El cuarto, llegó una fotografía de un folio.

GRACIAS POR NO PONER «LO HICE POR TU BIEN».

Debajo, en letra más pequeña:

«Odio esa frase.»

Me reí sola. Respondí:

«La retiro de mi repertorio.»

Nerea contestó:

«Más te vale.»

No llegaba a ser perdón, pero dejaba una puerta entreabierta.

Aquella tarde, Beltrán me llamó para decirme que habían localizado el hotel donde se alojaba Iván Vidal. Cuando fueron, ya había abandonado la habitación.

—¿Está en Salamanca? —pregunté.

—Estuvo.

—¿Y ahora?

—No lo sabemos.

Miré hacia la casa de enfrente. Las cortinas permanecían cerradas.

—¿Van a trasladar a Nerea?

—No puedo hablarle de medidas de protección.

—Claro.

Antes de colgar, Beltrán añadió:

—Si él contacta con usted, no improvise.

—¿Por qué iba a hacerlo?

La inspectora no respondió directamente.

—Porque usted es el único enlace que sabe con certeza que funcionó.