Capítulo 116. Sanar heridas.
Elena se recostó en un sofá sobre almohadones mientras revisaba su teléfono móvil. Respondía los mensajes que su tía Margaret le había enviado. La mujer aún no podía creerse lo que había ocurrido con Nicole Barnes y Charlie Silver.
Acompañaba a los trillizos en el cuarto de juegos. Ellos continuaban diseñando su juego de pistas y comunicándose por videollamada con Phillip y Levy, quienes les daban sus opiniones y hasta aportaban ideas.
Cuando Adrián entró, se aproximó a ella para sentarse a su lado en el sofá sin interrumpir el trabajo de los niños. Acarició con ternura el vientre de la mujer dedicándole una mirada llena de anhelo.
—¿Cómo salió la charla con Miles? —quiso saber ella, dejando el teléfono de lado para arrimarse más a él y también acariciarlo, recibiendo sus mimos.
—Mejor de lo que supuse.
—¿Mejor?
—Vino a explorar el terreno. Sabe que Charlie cometió un terrible error y al terminar en prisión, el resto de los implicados en esos delitos caerán también tarde o temprano. Solo quería informarse hasta qué punto se habían complicado las cosas, para saber si ignorar el problema o asustarse.
—¿Y cómo reaccionó?
—Se asustó. Y mucho —reveló él, mostrando una sonrisa perversa que logró que Elena arqueara las cejas.
Ella tenía la sospecha de que Adrián ya había sospechado lo que sucedería con aquel hombre.
—Eso quiere decir, que Miles si tiene sus manos metidas en todo esto. ¿No es así?
—Las tiene, aunque sin comprender bien de qué trata el asunto.
Apoya a Dairus y a Ángelo con la entrada de contrabando al país a través de mis barcos, les aporta contactos a cambio de una buena comisión, pero no tiene idea del tipo de mercancía que ellos mueven y de lo mucho que eso ha afectado a clientes, empresarios y empleados.
No sabe de las muertes que han ocasionado y de las pérdidas.
Pensó que era solo una forma ingeniosa de esquivar altos impuestos y obtener más ganancia.
Ella emitió una risa de burla, aunque su semblante era de enfado.
—¿Ese hombre es un idiota? ¿Ayuda a trasladar, esconder y movilizar cajas por todo el país sin saber qué hay dentro? ¿Si podría ser algo que a él mismo lo pueda poner en peligro o no?
—Y en realidad, todavía no sabe nada. Yo no le di detalles, solo le dije que el FBI será quien asumirá el caso de ahora en adelante al existir una muerte y el desvío de una ruta marítima de por medio.
Eso fue lo que más lo asustó. Ahora, por voluntad propia, irá a la policía a dar las declaraciones que necesitamos y así completar el esquema de este caso.
Con su declaración, el FBI sabrá bien dónde buscar y tendrá en sus manos a los verdaderos culpables.
Elena se mostró impactada, sobre todo, al verlo recostarse en el sofá con postura relajada. Como quien sabe que ya había hecho todos los deberes y ahora solo le queda disfrutar el momento.
—¿Miles irá a la comisaría?
—Sí, ya salió para allá.
A la mujer se le agrandaron más los ojos.
—¿Estás seguro?
—Llamé a Colton, que está en la comisaría y lo recibirá para llevarlo con los oficiales encargados del caso.
Ya ellos están informados de su visita. Además, Miles salió de aquí custodiado por dos miembros de mi equipo de seguridad.
No se siente seguro, dice que Ángelo lo amenazó esta mañana si decía algo del acuerdo que tienen, por eso sospechó que las cosas estaban muy mal y vino a hablar conmigo. Busca salvarse.
Elena se irguió, sin saber si emocionarse o preocuparse aún más. La declaración de Miles era crucial para confirmar que Dairus y Ángelo eran las mentes criminales detrás de aquellos hechos.
—No sé, me parece irreal. No puedo creer que todo se esté resolviendo de forma tan sencilla.
—¿Sencilla? —preguntó el hombre, emitiendo una risa cansada—.
Elena, llevamos cinco malditos años sufriendo por este problema.
Hemos perdido a gente querida, nos han amenazado, atacado, manipulado y engañado.
Hemos tenido que fingir, escondernos y renunciar a muchas cosas para no seguir siendo víctimas de esa gente.
Y es ahora, luego de estar acorralados todo un día en casa por un asesino y tener que sacar del fondo de la bahía el cuerpo sin vida de una amiga, que logramos dar con la declaración que necesitamos para señalar a los culpables.
Ella se entristeció al recordar la injusta muerte de Nicole, una que le generaba un gran peso en el alma.
Adrián volvió a abrazarla y llenarla de mimos buscando distraerla, no quería que ella volviera a derrumbarse por los recuerdos.
—Tranquila, vamos a prepararnos para ir también a la comisaría a terminar de entregar todo el material que reunimos y analizamos del caso.
Es hora que dejemos ese asunto y comencemos a vivir nuestra vida —dijo, observando a sus hijos discutir animados con sus amigos, recortar tarjetas y dibujar tableros.
Enfocados en su futuro, en lo que aman hacer y en lo que los hace felices y no en miedos que los mantienen aislados.
En esas cosas quería empezar a dedicar su existencia, no a seguir persiguiendo fantasmas.
Elena se inclinó hacia él para darle decenas de besos en el rostro.
—¿Les molestaría irse a otro lado a hablar? —preguntó Theo con rostro serio mientras Leo trataba de esconder una risa entre sus manos sentado a su lado.
Max con el ceño fruncido giró un poco la computadora para que sus amigos, que estaban en videollamada, no los vieran besarse.
Elena se puso de pie en medio de risas y fue hacia ellos para darles besos y abrazos sin importarles sus quejas, porque sus amigos los estaban viendo. Luego se marchó con Adrián a su habitación para así cambiarse de ropa y regresar a la comisaría, donde los esperaba una dura y difícil realidad.
Ya quería terminar también con esa responsabilidad y comenzar a sanar sus heridas.