La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 113. Tomar el riesgo.
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Capítulo 113. Tomar el riesgo.

Adrián halló al jefe de seguridad al bajar las escaleras. El hombre estaba serio y algo rígido.

—¿Qué sucede? ¿De nuevo vieron a la camioneta Mercedes-Benz rondando la mansión?

—No, señor. Hemos estado atentos, pero no ha vuelto a acercarse.

—¿Entonces?

—Es que el detective que usted contrató, el señor Colton, me llamó hace unos minutos. Me dijo que ha estado tratando de comunicarse con usted, pero ha sido imposible.

Adrián respiró hondo, recordando que había dejado su móvil en su habitación mientras compartía con los invitados. Aún no lo había revisado.

—¿Qué te dijo? —exigió.

—Que ya tiene ubicado el lugar donde almacenaron la mercancía que le intercambiaron y estuvo haciendo vigilancia, pero ocurrió un hecho terrible mientras estaba allí. Me aconsejó que nos mantuviéramos en máxima alerta y le pidiera que por favor, se comunicara con él lo más pronto posible.

Eso mosqueó a Adrián. Si Colton enviaba esas instrucciones, era porque había sucedido algo realmente grave.

—Bien. Lo llamaré desde el despacho y hagan lo que él pidió. Activen su máxima seguridad esta noche mientras averiguo lo sucedido. Nadie entra ni sale de esta casa sin mi consentimiento. ¿Entendido?

—Eso haremos, señor —aceptó el hombre y salió enseguida de allí para darle instrucciones a sus hombres.

Adrián se dirigió al despacho y llamó a Colton a través del teléfono fijo de la mansión.

—Señor, le tengo malas noticias —respondió enseguida el detective como saludo. Parecía algo agitado.

—Habla.

—Las cajas que intercambiaron en el barco las tienen en un galpón cercano al puerto. Hay movimiento de camiones, creo que esta noche pretenden llevársela.

—¿Esta noche? —preguntó, preocupado. No quería perder esa mercancía sin antes saber qué había dentro.

—Sí, intenté acercarme para tener más información, pero vi llegar la camioneta Mercedes-Benz alquilada por Charlie Silver, así que tuve que contenerme. No estaba solo, aunque esta vez no era Jeremy Cohen quien lo acompañaba, sino la señora Nicole Barnes.

Adrián se impactó al escuchar esa noticia, recordando que había pedido a Nicole que averiguara sobre el negocio que Charlie tenía en Seattle a cambio de una recompensa monetaria.

—¿Dices que Charlie Silver estaba en el galpón donde están almacenadas mis cajas?

—Sí, señor. Es más, él les daba instrucciones a los camioneros. Creo que es quien se llevará esas cajas.

Esa información le resultaba imprescindible. Eso confirmaba que Charlie era quien negociaba con quien estuviese alterando sus envíos y su mercancía. Él era el contacto para distribuir el contrabando que movían hacia el este del país.

—¿Y llevó a Nicole Barnes allí?

—Sí, señor. Estuvieron en un área apartada del galpón principal, en el patio, por eso pude ver todo.

Tuvieron una discusión fuerte, ambos manoteaban con brusquedad las manos.

Ella hasta lo empujó en dos ocasiones y él le dio algunos golpes en el rostro.

Luego la estampó por el cuello contra unas cajas, buscaba ahorcarla mientras le decía algo, como una amenaza, pero como ella logró defenderse arañándole la cara.

Como respuesta, él sacó una pistola con silenciador y le disparó en la cabeza.

La noticia paralizó a Adrián.

—¿La mató?

—Sí, señor. Después lo vi entrar en el galpón, bastante nervioso. Minutos después salió con dos hombres y los obligó a que la envolvieran con unos plásticos y la metieran dentro del baúl del Mercedes-Benz.

—Por Dios… —murmuró impactado, sentándose en su butaca como si esas palabras le pesaran—. Esos hombres que salieron con él del galpón, ¿eran los camioneros?

—No, señor. Creo que se trata de empleados del lugar. Estaban asustados, al principio no querían hacer lo que él les pedía, pero los amenazó con su pistola y cuando él se marchó en la camioneta con el cuerpo, ellos enseguida se fueron. No creo que le hayan dicho nada a nadie de lo sucedido.

Adrián maldijo en voz baja.

—Colton, dime que grabaste todo eso —rogó, saturado, apretándose el puente de la nariz.

—Sí, señor. Tengo videos de alta calidad de todo el asunto.

Incluso, grabé el recorrido de Silver hasta la bahía con el cadáver dentro del auto y el momento en que lo lanzó al agua.

Lo arrastró hasta el borde y casi cae también por el acantilado cuando lo empujó porque la orilla estaba embarrada.

Perdió el equilibrio, aunque lo recuperó antes de resbalar.

Adrián asintió, tenso como las cuerdas de una guitarra.

—Ahora, ¿dónde estás?

—De nuevo en el galpón. Silver regresó para supervisar el traslado de la mercancía. Está bastante nervioso. No deja de hablar por móvil, discute con todo el mundo y hasta le ha dado golpes y patadas a cajas.

—Bien, mantenme al tanto de cualquier cambio. No te alejes de ese sujeto, pero tampoco te acerques mucho. Voy… —dudó, aún no sabía qué pasos debía dar. aún estaba en shock por la repentina muerte de Nicole.

No podía dejar que Charlie se escapara. Esa era su mejor oportunidad para que lo atraparan y lo encerraran en una celda de por vida, alejándolo para siempre de Elena.

—Voy a pensar bien lo que debo hacer y luego te llamo. ¿Entendido? —le informó al final al detective.

—Entendido, señor. Seguiré haciendo videos desde la distancia.

Adrián cortó y se recostó en su asiento pensando en aquella situación.

Si avisaba a la policía, podían atraparlo con las manos en la masa.

Él ahora movilizaba el contrabando, tenía un arma bajo la chaqueta del traje, barro en los zapatos y un arañazo de la víctima.

Además, era posible que el auto estuviese manchando con sangre de Nicole, así como el piso del patio del galpón donde la había asesinado.

Y si le quitaban el móvil, podrían averiguar con quién se comunicaba. Tenía una fuerte sospecha de que sería con Jeremy, con Dairus o con Ángelo, las verdaderas mentes criminales de esos delitos; o con sus socios en Nueva York, sus cómplices en aquel traslado.

La información que ahora tenía ese teléfono era muy valiosa para aclarar ese conflicto.

El problema era que una vez que a él lo tuvieran detenido, debía llevar a Elena a la comisaría para realizar una denuncia formal. Ella explicaría el problema desde su origen, así como las razones por las que Nicole Barnes se hallaba en la ciudad.

Y esa declaración no podía hacerla usando su faceta de Isabella Reed, sino como Elena Whitman.

La verdad debían sacarla a la luz sin que aún tuviesen neutralizados sus verdaderos enemigos.

—Maldición, eso la pondrá en evidencia y en el centro del peligro —se quejó.

Apoyó los codos en el escritorio y se frotó el rostro con ambas manos. No quería exponerla, pero no había otra forma de cortar el brazo más fuerte de la bestia que los amenazaba.

Si sus enemigos perdían su contacto en el Este del país, su empresa ilegal se veía seriamente comprometida, volviéndose más peligrosos.

Si no tomaba el riesgo ahora, ellos actuarían, porque cuando se enteraran del error que había cometido Charlie al asesinar a Nicole, buscarían los medios para protegerlo. Y la mejor forma era desaparecer el motivo por el que Nicole Barnes había viajado a Seattle, borrando así sus pasos.

Ese motivo era Elena.