Capítulo 104. La llamada.
Elena estaba en la cocina, ayudando a las cocineras con los adelantos de los aperitivos que ofrecerían al día siguiente en la reunión de los trillizos con sus amigos.
Quería que ese encuentro fuese satisfactorio para cada uno, ya que sería la primera vez que ellos llevarían a alguien a la casa y se sentían muy nerviosos.
No se creían buenos anfitriones. Cada vez que asistían a una fiesta o algo por el estilo, se les presentaba algún problema y pensaban que esa ocasión sería igual.
Al ser tan cerrados les costaba congeniar con otros, pero en esta ocasión, estarían con chicos con los que ya había hecho algún tipo de conexión, aunque estarían en un ambiente diferente al que habituaban.
Elena necesitaba que la pasaran bien, para que tuviesen más confianza en ellos mismos y comenzaran a mezclarse con jóvenes de su edad.
Esperaba que ese encuentro fuese el primero de muchos, pero le resultaba imposible pensar en un futuro.
Dependiendo de cómo se desarrollara ese día, podía aspirar a más.
Terminaba de colocar masa en unos moldes pequeños de tartaletas cuando su móvil sonó anunciando la llegada de un mensaje de texto. Enseguida lo revisó pensando que podía ser Adrián, pero apretó el ceño al descubrir que era un número desconocido.
Se limpió las manos para leerlo. Aquello le produjo mucha curiosidad.
«Hola, espero me recuerdes y decidas responderme, es Charlie Silver». Los ojos de la mujer casi se salieron de sus cuencas por el asombro.
—¿Charlie? —se preguntó, confundida, pero también, ansiosa. Si de verdad era él, reiniciar ese contacto podía ser positivo para su causa. O tal vez, no.
Si ese hombre estaba aliado con los enemigos de Adrián y sabía que Nicole había ido a su casa a dejarle las pruebas que demostraban su implicación en la traición que había hecho en su contra, y contra sus padres, por años, podría convertirse en un serio problema.
«¿Charlie? ¿De verdad eres tú?», le preguntó. No perdía nada con asegurar el contacto.
«Sí. ¿Puedo llamarte?».
Ella iba a responderle que no, pero el teléfono de pronto comenzó a repicar.
Se puso nerviosa y salió al patio para hablar en privado, sin que ningún empleado la escuchara.
—¿Hola? —respondió ella, algo insegura. Temerosa de que fuese otra persona jugándole alguna broma.
—¡Elena! Qué placer escuchar tu voz.
Ella apretó la mandíbula, con enfado. Aquel era en realidad Charlie Silver, no tenía ninguna duda.
—Vaya, qué sorpresa. ¿Me llamas de después de meses de haberme acusado de oportunista, de delatarme con tus socios y de echarme en cara que te revolcabas con mi mejor amiga mientras yo te esperaba en casa con la cena lista? —soltó con reproche.
—¿Sigues enfadada conmigo?
Su descaro la hizo resoplar con hastío.
—¿Qué quieres? ¿Cómo encontraste mi número telefónico?
—Todo lo que busco lo encuentro, Elena. Lo sabes. Si no intenté contactarte antes, fue porque debía poner en orden un montón de cosas.
—¿Sí? ¿Cómo qué? ¿Cómo tu boda con Nicole?
Hubo silencio por unos segundos. Elena se molestó porque le pareció escuchar una risita burlona del otro lado.
—¿Te reuniste con Nicole?
—No. ¿Por qué debería hacerlo luego de lo que sucedió en Nueva York? —mintió. No iba a revelarle que su examiga la había visitado, aunque quizás, eso él ya lo sabía. Siempre tenía la facultad de saberlo todo.
Ahora sospechaba más de su examiga. ¿Estaría Nicole aliada con Charlie para molestarla? ¿El material que le había entregado era real?
Ya no sabía qué pensar. Que él la contactara luego de que ella lo visitara le parecía sospechoso.
—Sé que tú estás en Seattle, incluso, sé dónde estás viviendo.
La aseveración de Charlie a Elena le enfrió la sangre en las venas.
—Y sé que Nicole está aquí. Vino a buscarte luego de un problema que tuvimos.
—Dices «vino a buscarte» como sí tú también estuvieses aquí —expuso con forzado sarcasmo, tratando de hacerse la indiferente.
—Estoy en Seattle, Elena, pensé que lo sabías. Me estoy quedando en el hotel Marriott ubicado en el centro de Seattle, a unas cuántas calles de la empresa de Adrián McGrath.
Elena tuvo que sentarse en un muro bajo que rodeaba unos jardines para soportar la sorpresa. ¿Charlie estaba allí? ¿Tan cerca de ella y de Adrián?
—¿Qué haces en Seattle?
—Vine para hablar contigo. Hay cosas que debemos discutir.
—¿Discutir?
—Sí, sobre lo que sé que Nicole te hizo llegar.
Ella resopló, esforzándose por sonar relajada para que él no descubriera su nerviosismo.
—Mira, no sé de qué hablas. Sí, te confieso que vi a Nicole, pero lo que hicimos fue discutir por ti, por la traición que ella me hizo. Estaba muy indignada y ese día no me sentía bien de salud, así que no hablamos mucho y no he querido responder ni sus mensajes ni sus llamadas.
Él ahora emitió una risa de burla algo más sonora, una que a Elena irritó.
—La vi ayer entrando a la mansión McGrath con un sobre grueso en la mano. Sé que te entregó los documentos que la muy maldita me robó. Deja de mentir.
Ella quedó paralizada. ¿Charlie estuvo cerca de casa mientras su examiga la visitaba?
—¿Qué… qué estás diciendo? —preguntó, sin molestarse en ocultar sus miedos.
—Sé que ya lo sabes todo, Elena. Esa traidora miserable, que pronto va a pagar por lo que hizo, te contó un sinfín de mentiras.
Te llamo para que establezcamos un día de reunión y aclaremos este asunto.
Por tu tranquilidad, la de tu tía Margaret y la de esos trillizos que dices cuidar, creo que es lo más conveniente.
Elena se puso de pie con el corazón palpitándole con fiereza en el pecho.
¿Charlie la estaba amenazando?
¿A ella, a su tía y a los trillizos?
Empalideció, sin saber qué responder. Tartamudeó tratando de expresar una respuesta, pero nada le salía con claridad.
En ese instante Adrián apareció en el patio, seguido del mayordomo. Le dirigió una mirada alarmada que a él lo puso rígido y cortó la llamada.
Tal vez esa no fue la mejor reacción, pero no sabía qué otra cosa hacer. Cuando Adrián estuvo a su lado la tomó por los hombros para obligarla a encararlo.
—¿Qué pasó? ¿Con quién hablabas? —preguntó, algo desesperado, notando cómo los ojos de la mujer se llenaban de lágrimas.