La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 102. Visita inesperada.
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Capítulo 102. Visita inesperada.

Al día siguiente, Elena le contó a Adrián todo lo que había hablado con su amiga Nicole y le entregó el material que ella le facilitó.

Donde demostraba que su antiguo jefe en Nueva York, y quien había planeado ser su socio, estuvo dentro del grupo que se apoderó de la empresa de su padre y quien ahora era su CEO, trabajando casi en exclusiva con Northstar Distribution.

—Entonces, el dinero que yo he estado enviándoles para mantener la operatividad de esa empresa se lo han robado, porque sus funciones distan mucho de la relación que a mí me envían —opinó él.

—¿Tienes registros de esos envíos de dinero? ¿Y de esas relaciones de trabajo?

—Todo. Tanto archivos digitales como físicos, estados financieros y hasta resúmenes de trabajo. Aunque eso de seguro es información falsa.

—Son pruebas para denunciarlos. Con este material y lo que tienes podemos demostrar que ellos te han estafado por años.

—¿Y qué ganamos con eso? —preguntó él, algo molesto.

—Cortar el contacto de quienes manipular a tu empresa con la zona este del país, que es una de las más importantes a nivel comercial —aseguró Elena—.

Según los reportes de envíos, Northstar Distribution distribuye mucha mercancía a esa región.

Lo que debemos averiguar, es qué tipo de mercancía envían.

Si es la oncológica o de algún otro tipo.

Adrián estuvo pensativo, recordando las cajas de medicinas alteradas y cambiadas de lugar que aparecieron en el barco. ¿Sería esa la mercancía misteriosa que pretenden trasladar a Nueva York?

—Llamaré a Colton para que investigue estas bodegas donde supuestamente mi empresa envía mercancía para que la empresa del tal Charlie Silver la lleve a Nueva York. Si de verdad hacen eso, ahora debería estar por realizar un traslado.

—¿Tú no has tenido conocimiento de esos intercambios?

—No. Me informan de todas las movilizaciones que se realizan y estas no están en mis registros, puedo asegurarlo.

Si comparo estos reportes con los que están guardados en mis archivos, podré confirmar que Northstar Distribution no es el ente responsable de esta mercancía.

Algún fantasma usa el nombre de mi empresa para mover contrabando.

—¿Te das cuenta de todos los delitos que estos simples papeles pueden revelar? —opinó Elena, con el rostro endurecido.

Adrián la miró con fijeza.

—Si los descubrimos a todos, ¿estás dispuesta a seguir adelante con las demandas? Esta podría ser una pelea larga y difícil.

—Quiero justicia, Adrián. Y que esa gente deje de afectar a tantas personas, destruyendo sus vidas y asesinando a seres inocentes. Con la esperanza de los demás no se juega, mucho menos, con sus vidas.

Él asintió, guardando los documentos en su maletín.

—Me ocuparé de esto hoy mismo. ¿Qué harás tú?

—Intentaré terminar de resumir la información de los documentos que guardaste aquí en casa, para así tener un listado definitivo de las otras empresas de envíos que hacen esos…

traslados fantasmas a nombre de Northstar Distribution —mencionó con desagrado—.

Con eso podrás obtener los nombres de los otros contactos que tienen a nivel nacional para distribuir su contrabando.

—Muchas de esas personas son las que aparecen en ese listado que robaste de la casa de Miles. Se aprovechan de los contactos de Miles para hacer crecer su red de distribución.

—No puedo creer lo extendido que están. Son unos miserables —gruñó Elena con enfado, sentándose abatida en un sofá.

Adrián se apresuró por acercarse a ella y ubicarse a su lado.

—¿Por qué mejor no te olvidas de ese tema por hoy, así no te estresas?

La mujer respiró hondo.

—Lo intentaré. Debo además ocuparme de los últimos preparativos de la reunión de los niños, que será mañana. Eso podría distraerme.

—Céntrate mejor en eso —pidió él, acariciándole con una mano el vientre mientras la besaba—. No quiero que vuelvas a estresarte por el problema de la mercancía. Deja que yo me ocupe de eso, por favor —expuso, casi como un ruego y dejando apoyada la frente de él en la de la mujer.

Estuvieron allí un buen rato, dándose cariño, hasta que él se marchó a su oficina para ocuparse de sus asuntos y comunicarse con Colton dándole las nuevas instrucciones.

También preparó un equipo pequeño en su empresa, con su gente de mayor confianza, que lo ayudara a investigar en los archivos todos los datos que ellos habían recopilado y así obtener más pruebas.

Al terminar de organizarlos y enviarlos a sus puestos para que iniciaran ese trabajo, recibió una visita inesperada.

—Adrián McGrath, es un placer conocerte al fin en persona.

—Nicole Barnes, encantado de conocerte —expresó con sonrisa educada y poniéndose de pie para estrechar la mano de la amiga de Elena, quien le entregó la documentación que mostraba el estado real de la empresa que había pertenecido a su padre—. ¿Qué te trae por aquí? ¿Elena sabe de tu visita?

—No. Y me gustaría que no lo supiera.

Adrián apretó el ceño indicándole a la mujer que tomara asiento y mirando la forma coqueta en que ella lo hacía, buscando subirse la falda para dejar a la vista sus piernas esculpidas. Era demasiado evidente que buscaba seducirlo.

—¿Puedo saber por qué? —preguntó, sentándose en su butaca luego de que ella estuviese cómoda.

—Porque vine a tu oficina en especial para hablar sobre Elena. Mi amiga me preocupa y pude notar que tú pareces cuidar de ella.

—A pesar de su mentira, decidimos continuar nuestro contrato de trabajo porque mis hijos se apegaron mucho a ella. Están muy encariñados, de ambas partes, y a mí me urge contar con alguien que los cuide.

—Pensé que terminarías desconfiando de Elena. Quiso denunciarte.

—Quiso saber si era culpable de la muerte de sus padres o no, y se percató que no tuve que ver nada en ese asunto. Soy tan víctima como ella. Así que decidimos trabajar juntos. Elena me facilita todo lo que sabe sobre el caso y cuida de mis hijos y yo me ocupo de averiguar el resto.

—¿Eres tú quien la está ayudando ahora con la investigación?

—Yo perdí a una esposa por ese mismo delito. También estoy interesado en justicia.

Nicole lo miró con fijeza, comprendiendo mejor la situación de su amiga.

—Entiendo, ¿por eso la mantienes en tu casa?

—Ya te dije, necesito de alguien que esté allí con mis hijos y Elena lo está haciendo muy bien.

—Y entre ustedes… solo existe una relación de trabajo.

—¿Qué otra relación podría haber?

Adrián observó a la mujer con atención, descubriendo que estaba allí solo en busca de verdades. Necesitaba entender sus intenciones.

—Fui a hablar con ella a tu casa y la vi igual que antes, obsesionada con el caso de su padre —opinó Nicole.

—No dejará de sentirse así hasta no hallar justicia por sus pérdidas.

—Sí, pero esa obsesión es lo que la empuja a cometer errores y así sus enemigos la acorralen y lastimen.

—Es cierto, pero ahora está tranquila y segura. En mi casa, nadie la alcanzará.

Nicole sonrió con superioridad.

—No dudo que tengas una gran seguridad en tu mansión. Es una casa impresionante, muy lujosa y allí están tus hijos, pero… no la creo la fortaleza que ella necesita para estar bien.

—¿Por qué lo dices?

—Porque tú eres como el centro del problema. De su problema en realidad.

—¿Yo? —consultó él, interesado.

—Claro. Es tu empresa el foco de atención de la gente que dañó a su padre, por tanto, ellos están cerca de ti, y ahora, cerca de ella.

Adrián se acomodó en su silla, incómodo por esas palabras, que él sabía que eran ciertas.

—Quizás estén cerca, pero no tanto como para alcanzarla.

Nicole respiró hondo y mostró una sonrisa de superioridad.

—Tal vez si ellos tratan de llegar a Elena, no lo logren, pero… ¿y si la atraen sacándola de allí?

El hombre se puso serio, recordando a Jeremy y sus constantes intentos por sacarla de la mansión para acorralarla.

—¿A qué te refieres? ¿Sabes algo que yo no sé?

—Sí. Elena se marchó de Nueva York no solo para venir a Seattle en busca de pistas para aclarar el caso de su padre, sino huyendo de un amor que le hacía mucho daño y quien pretende seguir aplastándola.

Adrián apretó el ceño, confuso.

—¿Qué amor?

—¿Ella no te contó?

El cuerpo del hombre se tensó un poco más.

—¿Qué debería haberme contado?

—Charlie Silver, su anterior jefe en Nueva York. Ellos fueron amantes, iban a casarse, pero ella rompió el compromiso por su obsesiva sed de justicia. Pero él siempre ha querido recuperarla y ahora está en Seattle, buscándola.

Adrián quedó impactado por aquella noticia, resultándole difícil asimilarla.