Capítulo 100. Confianza.
Adrián llegó a la mansión con la sangre encendida por la rabia y la preocupación. Necesitaba hablar con Elena y con los niños, así que lo primero que hizo fue subir al primer piso para buscarlos.
Le extrañó encontrar a Leo y a Theo solos en la salita, con las luces apagadas. Ambos estaban sentados en un sofá, uno al lado del otro, pero no hablaban. Permanecían allí como pensativos, con la mirada perdida en el suelo.
—¿Qué sucede? —preguntó, encendiendo la luz, así se percató que ambos habían llorado. Eso le preocupó—. ¿Dónde está Max e Isabella? —quiso saber enseguida.
—¿Isabella? ¿O Elena? —soltó Theo con reproche.
Adrián arqueó las cejas, impactado. Aunque pronto volvió a apretar el ceño y la mandíbula con enfado.
—¿Dónde está ella? —exigió con severidad.
—En la habitación de Leo, con Max —reveló el chico sin mirarlo.
Leo apretó el rostro aguantando las ganas por llorar de nuevo, eso molestó más al hombre, no le gustaba ver a sus hijos sufrir de ninguna manera, pero necesitaba saber con urgencia qué sucedía y hasta qué punto ellos sabían la verdad para poder hablarles.
Por eso dio media vuelta y fue enseguida a la habitación de su hijo a buscar a Elena.
La halló sentada en la cama, abrazando y consolando a Max, que sollozaba con la cara hundido en el pecho de ella. Se aproximó agachándose frente a ellos, posando una mano en la pierna de la mujer y la otra en el brazo de su hijo.
—¿Qué sucedió? —exigió saber viendo el rostro hinchado por el llanto de Max y sus ojos enrojecidos.
—Lo saben todo —dijo Elena con la voz afectada, también con la cara marcada por el llanto y la pena.
—¿Qué saben?
—Quién soy, qué hago aquí y qué sucedió hace cinco años. —Calló, porque la voz se le quebró al recordar la dolorosa pérdida de sus padres—. Theo escuchó una videollamada que tenía con mi tía Margaret, donde ella me llamó Elena. Los tres no me dejaron en paz hasta que les conté todo.
Adrián apretó la mandíbula con enfado, pero Max en ese momento se incorporó para hacerle una pregunta.
—Papá, ¿a mamá la asesinaron las mismas personas que ahora quieren hacerle daño a… Elena? —quiso saber, mirando a la mujer con tristeza.
Ella volvió a abrazarlo, besando su frente para darle consuelo. El niño cerró los ojos y se ancló de nuevo en su pecho dejando correr sus últimas lágrimas.
—Max, necesito que te calmes —pidió el hombre, acariciando el brazo y la espalda del niño.
—Si ellos no hubiesen hecho nada, ¿mamá estaría ahora viva? —consultó con un toque de desesperación.
—No. —La respuesta rápida de su padre le resultó como una puñalada, aunque no reinició el llanto, solo lo miró con fijeza—.
Tu mamá estaba muy mal, su enfermedad se encontraba en un nivel muy avanzado.
Las medicinas lo que hacían era calmar sus dolores y darle un poco más de tiempo, pero igual iba a morir. Su condición era crítica.
Max necesitó de unos segundos para asimilar esa información, luego volvió a llorar, lanzándose a los brazos de su padre.
Adrián lo abrazó y se puso de pie cargándolo. Se acercó con él a un sillón, donde se sentó acomodándolo en su regazo. Lo mantuvo apretado para concederle calma y seguridad.
Leo y Theo entraron en ese momento. Se acercaron a la cama, pero no se sentaron. Solo se mantuvieron de pie en una esquina.
Elena respiró hondo y se esforzó por calmar su pena. Sentía que la relación que tenía con los niños se había roto y no sabía cómo repararla.
—Necesito que entiendan que les oculté esta información por su seguridad y la de Elena —explicó Adrián muy serio, manteniendo su atención en sus otros hijos—.
Mi intención era contarles todo una vez que confirmáramos quién había cometido esos crímenes.
Era urgente aparenta que nada sucedía y si ustedes actuaban con desconocimiento, era más fácil mantener esa fachada. Fue un asunto de seguridad.
—¿Sospechas quién pudo haber sido? —preguntó Theo.
—Sí. Tengo unas fuertes sospechas, pero no pruebas, y necesito que esa gente crea que no estoy haciendo nada en su contra para que actúe normal y no ataquen a Elena.
—No quiero que ella muera también —sollozó Max con la cara hundida en el pecho de su padre.
—Ella no va a morir, pero para mantenerla a salvo en urgente que todos colaboremos y conservemos la calma, o ellos descubrirán que algo pasa.
Adrián y Elena compartieron una mirada. La de él dura y determinada y la de ella consumida por el dolor.
—¿Debemos simular que no sabemos nada? —preguntó Leo, apenado.
—Es lo mejor. Ellos reconocieron a Elena desde el primer día al igual que lo hice yo, aunque no están muy seguros de su identidad, pero creen que si ella es la persona que ellos sospechan, entonces, vino aquí para buscar pruebas que los incriminen.
Eso pudiera hacerlos actuar con nerviosismo.
Hasta ahora, no han atacado, pero sabemos que tienen intenciones.
El plan es hacerles creer que ella no es Elena Whitman, sino Isabella Reed, su niñera.
Mantendremos esa mentira todo lo que podamos hasta que encuentre las pruebas para acusarlos y alejarlos de nosotros.
—¿Y si no las encuentras? —consultó Theo.
Adrián lo miró sin pestañear.
—Las encontraré, se los prometo. Estamos mucho más cerca. No solo Elena ha logrado conseguir pistas, sino que esas personas siguen cometiendo errores y eso ha sido beneficioso para nosotros.
—¿Siguen atacando a gente? —preguntó Leo, asustado.
Max detuvo su llanto y se incorporó un poco para ver a su padre a los ojos.
—Detienen mis barcos, donde traslado medicina que mucha gente enferma necesita con urgencia.
Aún no sé con qué finalidad lo hacen, pero sé que estoy cerca de averiguarlo.
Con el último cargamento no lograron hacerla desaparecer y eso los ha puesto ansiosos.
Sé que pronto cometerán un error grave que los delatará.
Hubo silencio un instante, mientras los chicos asimilaban toda esa información.
—Entonces, solo tenemos que seguir llamándola Isabella y ocultar lo que existe entre ustedes y su embarazo hasta que todo esté aclarado —resumió Theo.
—Sobre todo, hay que ocultar la existencia de su embarazo —aconsejó Adrián—.
Cómo les dije, evité que desaparecieran el último cargamento de medicina y saben que estoy tras sus pasos.
Si saben quién es en realidad Elena y que está esperando un hijo mío, la usaran para manipularme y evitar que los descubra.
Por eso nadie más debe saber que está embarazada.
Ellos se miraron a la cara entre sí y luego a Elena, preocupados.
—¿Podré confiar en que ustedes me guardarán este secreto? —les preguntó con seriedad, posando sus ojos severos en cada uno.
Ellos asintieron.
—De verdad necesito confiar en ustedes —siguió Adrián—. En que esta vez, no me traicionarán.
—Nunca te hemos traicionado —aclaró enseguida Max.
—¿No? Entonces, ¿por qué nunca me contaron que hicieron todo un plan a mis espaldas incluyendo a Jacob Pierce, para llevarle algo a Melany Ferguson, obligando a Elena a ir a la casa de esa familia?
Los cuatro perdieron los colores del rostro, impactados por lo que Adrián les preguntaba.