La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 98. Pasos inseguros.
78%

Capítulo 98. Pasos inseguros.

Adrián se había reunido en el estacionamiento del edificio de su empresa con Colton, el detective al que pudo hacer pasar por operario de barcos para que viajara con la mercancía que había trasladado desde Europa.

Para que nadie los descubriera, se vieron en una de las casetas de vigilancia, en un cuarto sin ventanas. Los guardias de ese lugar eran de su entera confianza y estaban afuera asegurándose de que nadie se acercara para que ellos pudieran hablar con libertad.

—No solo el capitán revisó cada caja dos veces, señor, yo lo hice de forma personal esa madrugada, cuando todos dormían. Algunas tienen códigos alterados y fueron movidas de sitio.

—¿Sospechas que alguien entró y las manipuló? —quiso saber Adrián.

—Cuando hubo el incidente de la pelea dentro del barco y tuvo que ir la policía para calmar los ánimos, me descuidé.

Es posible que alguien haya entrado y se quedara dentro fingiendo ser personal habitual, me es imposible controlarlos a todos e investigar.

Luego, cuando todo pasó, ellos debieron activarse y actuar.

—¿Cómo pueden realizar ese tipo de acciones habiendo tanta gente dentro de la nave y en el puerto? Pagué para que redoblaran la seguridad alrededor de ese barco.

—Si alguien más pudo pagar a policías o empleados, es posible que hagan todo lo que quieran y lo mantengan en secreto. Usted lo dijo, señor: hay mucha gente alrededor de esa mercancía.

Adrián apretó la mandíbula con enfado.

—Bien, entonces, tendré que poner más ojos allí.

Búscate a unas ocho personas, que sean confiables, para ubicarlas dentro y fuera, y te ayuden a vigilar cada rincón.

Tenemos que revisar esas cajas antes de que las reclamen y saber qué hay dentro.

¿Estás seguro que solo fueron las cajas de la medicina oncológica las que manipularon?

—Tengo el inventario actualizado, señor. Esas fueron las únicas que tocaron.

Adrián se pasó una mano con nerviosismo por la cabeza. Algo sucedía con la medicina oncológica, no podía seguir pasando ese detalle desapercibido. Ellas debían ser la clave.

Se despidió de Colton llevando consigo los inventarios que este le había entregado y subió a su oficina, dispuesto a comenzar a revisar aquella información. Pero le fue imposible hacerlo porque se encontró con Jacob Pierce sentado en el sillón frente a su escritorio, esperándolo.

Al verlo recordó que le había pedido en la cena de los Cavendish que fuera para así hablar con él.

Jacob enseguida se puso de pie y mostró una enorme sonrisa.

—Adrián. Aquí estoy —dijo abriendo los brazos en cruz, como si fuese una gran noticia.

Adrián achicó los ojos hacia él, con rabia.

—Siéntate —ordenó con voz fría y se dirigió a su butaca, pero antes, guardó la carpeta que Colton le había entregado en un archivo con llave.

—Haré todo lo que me pidas, Adrián. Te lo prometo —comenzó Jacob mientras lo veía ocupar su asiento.

—Lo sé. Si no lo haces, destruiré el poco prestigio y la confianza que has adquirido estos años.

Nadie te buscará para contratar los servicios de tu empresa, terminarás trabajando para pequeñas distribuidoras y productoras.

Y los únicos asiáticos que verás de cerca serán a los chinos del supermercado ubicado a unas calles de tu casa.

Jacob arqueó las cejas, algo asustado.

—Te juro que mis intenciones nunca fueron malas. No supe la verdad sobre Isabella hasta unos días antes de la última fiesta de Miles, siempre creí que ella era tu niñera.

Adrián se recostó en su silla y lo observó con claras advertencias.

—¿Desde cuándo trabajas para Jeremy?

Jacob se irguió, un poco inquieto.

—En aquella fiesta de Miles, cuando hubo la tormenta, establecimos algunos contactos. Fue allí cuando él me pidió vigilarte porque me veía muy cerca de ti.

—¿A mí?

—Sí, él quería saber tus movimientos, al tiempo que vigilaba a su padre. Pero ese día conoció a Isabella… digo… a Elena —habló con una sonrisa nerviosa—. Y tuvo una corazonada.

—¿Qué tipo de corazonada?

—Dairus y Ángelo estaban interesados en «tu niñera», Jeremy había escuchado algunas conversaciones entre ellos unos días antes. Por eso le urgía saber por qué ella los ponía nerviosos y comenzó a investigar. Le impactó el gran interés que tú revelaste hacia ella ese día.

Adrián apretó con disimulo los puños, había estado tan obnubilado por Elena que no pudo evitar ser tan evidente. Cometió demasiados errores poniéndola en peligro desde el principio.

—Pero antes de esa fiesta, ¿cuál era el interés de Jeremy por mí?

—Porque tú lo llevarías a saber de los movimientos de su padre —reveló alzando los hombros.

—¿De qué manera?

—Bueno, lo que tú hicieras, los negocios que cerraras o los contactos que lograras, serían de alguna forma oportunidades que le darías a Dairus para actuar. Al parecer, hay acciones de Dairus que a él le interesan. Está algo obsesionado con lo que hace su padre.

—¿Conoces los motivos?

—Creo que es un asunto personal. Ellos de verdad tienen una pésima relación.

No sabes las cosas que he visto y las discusiones que he escuchado entre ellos.

El odio es mutuo. Incluso, en una ocasión escuché que Jeremy señalaba a su padre de haber asesinado a su madre y Dairus a su hijo de ser un ladrón, se acusaron en medio de una discusión que casi terminó en pelea.

Cuando quise preguntar luego sobre ese tema, Jeremy se cerró por completo y me advirtió con tono amenazante que no me metiera donde no debía, o me iría muy mal.

Adrián apretó el ceño. Él había escuchado también historias sobre la forma violenta en que ellos se trataban y los secretos que guardaban como familia, pero jamás había querido ahondar en ese asunto.

Ahora le interesaba porque esa podía ser la causa por la que ambos tenían sus narices metidas en su empresa.

Dairus, para seguir llevando a cabo sus acciones ilegales, y Jeremy, para descubrir a su padre y así vengarse de él.

No quería terminar en medio de aquel conflicto, siendo una víctima o un motivador.

—Necesito que averigües más sobre eso.

Jacob lo miró con espanto.

—¿No escuchaste que Jeremy me amenazó si descubría que me metía donde no debía?

—¿Y no me escuchaste cuando te dije que destruiré el poco prestigio y la confianza que has adquirido estos años si no hacías lo que te decía?

El rostro de Jacob perdió todos sus colores.

—Adrián, por favor. Te juro que no diré nada sobre Elena. Te demostré mi buena disposición, a ti y a ella, ayer en la cena de los Cavendish, al ayudarte a mantener a raya a Deborah. ¿No fue acaso suficiente?

—No, porque por tu culpa, Jeremy logró acorralar a Elena y estuvo a punto de amenazarla para hacerla actuar según sus intereses. Ella ahora es mi mujer, creo que ya te diste cuenta de eso, y quien amenaza a los míos, actúa directo en mi contra.

Jacob se acomodó en su silla, incómodo.

—Podría hacer algunas preguntas…

—Quiero la información completa y que esté confirmada —lo interrumpió, mirándolo con dureza—. Además, quiero saber cuál es el canal de Jeremy dentro de mi empresa para obtener información de lo que hago y de lo que hace Dairus.

—Ahhh, eso sí te lo puedo decir ahora —reveló sonriente—. Es Eugene Ferguson. Al igual que a mí, Jeremy ha logrado involucrar a Eugene en negocios importantes, con eso lo manipula. Sabes que ese hombre tiene un estilo de vida muy alto y siempre necesita de dinero.

—Eugene —repitió Adrián entre dientes, pensando en aquel hombre.

—Sí, eso lo sabía Elena —comentó con obviedad. El semblante serio de Adrián tembló por la sorpresa.

—¿Elena?

—Sí, ella vio a Jeremy en aquella ocasión en que fue a la casa de los Ferguson por petición de tus hijos.

—¿De mis hijos? —consultó confuso y a la vez, algo alarmado, inclinándose sobre su escritorio.

—Sí, eso fue luego de la fiesta de Miles, cuando hubo la tormenta, y Elena no podía caminar bien por haberse herido los pies al buscar a Theo y a Leo en la montaña.

Necesitaba llevarle una carta de amor de Leo a Melany, porque el niño quería explicarle lo sucedido en la fiesta para que la niña no pensara mal de él.

Elena me pidió que la llevara y al estar adentro, ella vio a Jeremy que iba a reunirse con Eugene.

Eso Jeremy se lo sacó en cara cuando estuvimos en el restaurante, pensó que Elena había estado allí para vigilar a Eugene, porque de alguna manera se había enterado que él filtraba información de tu empresa.

La furia coloró el rostro de Adrián, mucho le costó mantener la compostura. No sabía qué le molestaba más, si enterarse lo cerca que tenía a sus enemigos, o la traición que desde hacía mucho estaba recibiendo de Elena y de sus propios hijos al no contarle nada sobre aquellos incidentes.

¿Cómo podía protegerlos si ellos lo mantenían al margen?

—Necesito conocer el motivo real del odio entre Jeremy y Dairus —repitió, con furia contenida—. Y saber si además de Eugene, Jeremy tiene más contactos en mi empresa que le pasen información.

Jacob comprimió el rostro en una mueca de desagrado, pero en esa ocasión, no dijo nada. Llevarle la contraria a Adrián lo que lograría sería enfadarlo más y era evidente que estaba a punto de estallar en miles de pedazos.

—También me urge conocer qué sabe Jeremy de lo que hace su padre en esta empresa que tanto le interese, si es el sabotaje que hacen a mis envíos o algo referente al control de esta compañía.

Sospecho que Jeremy espera un movimiento en falso de su padre para atacarlo, pero quiero saber qué pasos está dando Dairus que a Jeremy tanto le atraen.

Jacob asintió, resignado, y casi ovillándose en el asiento.

—Te buscaré esa información. Te lo prometo.

Adrián respiró hondo antes de continuar.

—Esta tarde enviaré a tu oficina los contratos renovados de algunos negocios.

Esos irán aumentando a medida que me traigas información.

Y recuerda: que sea comprobada —exigió, muy serio—.

Si me ayudas a resolver este problema, podría considerarte de socio cuando comience a trabajar para los asiáticos. Todo dependerá de ti.

El cuerpo entero de Jacob brilló por la alegría con esa noticia. Se irguió, hinchando su pecho de gozo. Aquella era la oportunidad que tanto había esperado.

—Te averiguaré hasta el color de los calzones preferidos de Jeremy. Ya lo verás —respondió, emocionado.

Adrián lo miró con desdén. Odiaba a la gente interesada, que solo actuaba si obtenía algo a cambio, no por lealtad.

—Espero no me falles, Jacob. Porque así como te ayudaré a crecer y convertir a tu compañía en una de las más estables de Seattle, de la misma forma podría lanzarte al olvido donde nunca podrás regresar. Sabes que no miento.

Él negó con la cabeza, con sonrisa temblorosa, mientras se ponía de pie.

—Te prometo que no te fallaré. Nunca más —prometió, antes de despedirse y marcharse de la oficina.

Adrián quedó allí, buscando serenar la furia que lo embargaba. Pensó que ya tenía todo bien encaminado con Elena y sus hijos, pero al parecer, las bases que los sostenían seguían tambaleándose.

Debía poner los límites en claro con ellos antes de hacer cualquier otra cosa. Sin eso, todo avance sería inseguro.