La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 97. Atando cabos.
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Capítulo 97. Atando cabos.

Elena se fue a la salita del primer piso para revisar los documentos que Nicole le había entregado.

Tuvo que pedir al mayordomo que le preparara un té, porque tenía los nervios alterados. Haberse enterado que había sido manipulada desde el principio le hacía hervir la sangre.

—Esto tuvo que haber sido planeado mucho antes, es imposible que sea una simple casualidad —comentó para sí misma mientras le daba un trago a su bebida caliente, sin quitar sus ojos del acta constitutiva de la empresa de su padre con su nuevo nombre.

Había sido realizada pocos días después de su muerte. Él ni siquiera había tenido una semana de fallecido cuando ya le cambiaban el nombre al proyecto por el que luchó toda su vida, dándole un funcionamiento particular.

Desde ese momento seguía asociada a Northstar Distribution, pero ese parecía ser su único cliente. Muy pocos trabajos realizaban a otras empresas distintas.

Confundida, decidió hacer una videollamada con su tía Margaret. Necesitaba descargarse con alguien.

—Elena, corazón, ¿cómo has estado? —preguntó la mujer preocupada, al verla con rostro furioso y algo pálido.

—Nicole vino a visitarme —soltó ella como saludo. Se sentía tan enojada que no quería perder el tiempo de ninguna manera.

Margaret endureció el semblante.

—¿Fue a llevarte las supuestas pruebas que tenía?

—Sí, que resultaron ser las actas constitutivas del consejo directivo que quedó a cargo de la empresa de mi padre. Esas que jamás me permitieron obtener porque ya la empresa pertenecía a otra persona. Resulta que Charlie forma parte de ese grupo.

—¿Charlie? ¿Charlie Silver? ¿Quién fue tu novio?

Elena apretó la mandíbula con enfado.

—Sí. Quien me engañó fingiendo una atracción hacia mí para así poder estar cerca de mi padre y vigilarlo, hasta hallar el mejor momento para estafarlo.

—¡Dios mío, hija! ¡Qué horror! ¿Se acercó a ti con esa intención? —expuso escandalizada.

—¿Para qué otra cosa sería? Ese miserable. Según los papeles que me trajo Nicole, casi de manera exclusiva han tenido negocios solo con la empresa de Adrián, distribuyéndole medicinas a varios puntos de país.

Eso lo reveló al tiempo que revisaba los documentos.

—Fuera de eso, solo han estado realizando unos pocos trabajos a otros clientes.

Por eso ha bajado tanto el flujo de dinero, teniendo que cerrar líneas de distribución, despedir empleados y dejar que se dañaran muchos de los vehículos de traslados.

A Charlie lo nombraron CEO hace un par de años, pero no ha hecho ningún cambio significativo. Todo lo mantuvo igual.

—Elena, ¿eso podría revelar que utilizan la empresa de tu padre para hacer movimientos turbios para Northstar Distribution?

—Usan a esa empresa, y quizás, a otras más, para mantener su contrabando.

Hay mercancía en la empresa de Adrián que suele perderse.

Ya sea porque se la roban desviando sus vehículos o desaparece de forma misteriosa de los inventarios.

Él está investigando esa situación y es algo que sucede desde hace muchos años sin que Adrián se percatara.

—Así no solo pudieron desaparecer las medicinas oncológicas que tu madre necesitó un tiempo, sino que generaban retrasos en las entregas —dedujo Margaret—. ¿Cómo es posible que Charlie formara parte de eso y jamás lo notamos?

Elena soltó de mala gana los papeles y apoyó los codos en la mesa para sostenerse con ambas manos a su cabeza agobiada.

—Fui una tonta, tía, una gran tonta. Charlie me utilizó como le dio la gana y yo fui tan ciega…

No continuó con sus quejas porque sintió un desgarre en su corazón que la silenció. La culpa por lo sucedido a sus padres comenzó a dominarla.

—Me enfoqué tanto en mis estudios y mi vida con Charlie en Nueva York, que no estuve pendiente de lo que le sucedía a mis padres en Seattle. Si tan solo…

—Hija, no te culpes. Nada de lo sucedido fue por tu causa —la interrumpió la mujer—.

Es evidente que Charlie debió colaborar con esa gente desde mucho antes, eligiendo a la empresa de tu padre como herramienta para alcanzar sus fines.

Recuerda que tu padre y Adrián, se habían vuelto muy cercanos por las enfermedades de sus esposas, por eso, de seguro, lo eligieron a él.

Ellos habían cerrado muchos contratos en conjunto.

Elena se irguió y respiró hondo, procurando conservar la compostura. Lo que su tía Margaret decía era cierto. Su padre y Adrián llegaron a ser tan cercanos que trabajaban casi de forma exclusiva, aunque no tanto como ahora. Eso lo convirtió en un blanco fácil.

Con Northstar Distribution el culpable se aseguraba de traer su mercancía de Europa y Asia, y con las empresas de distribución nacional más confiables para Adrián, como la de su padre, la llevaba a cualquier rincón del país.

Si Charlie era uno de los contactos en la zona este de Estados Unidos para distribuir su contrabando, entonces, él debía tener una relación directa con quien fuese que dirigía el movimiento de esa mercancía desde Seattle.

Quien era la mente maestra de aquel plan. La persona que ideó y ejecutó el fraude contra su padre y la retención de las medicinas que requerían con urgencia su madre y Mónica McGrath.

—Charlie podría ayudarme a descubrir al verdadero culpable —razonó para sí misma en voz alta.

—¿Charlie? ¿De qué hablas, Elena?

Al escuchar la intervención de Margaret, ella detuvo sus pensamientos.

—Perdón, tía. Comienzo a establecer relaciones sobre este caso. Voy a dejarte para poder ordenar la información que tengo. Creo que al final Nicole terminó trayéndome algo en verdad importante —aseguró, prestándole más atención a los papeles que tenía sobre la mesa.

—¿Crees que eso pueda ayudarte a terminar con este asunto?

—Terminarlo, no creo, pero sí a darle un empujón —dijo, reorganizando los documentos sobre la mesa—. Te llamaré luego, tía. Debo ocuparme de este asunto.

—Está bien, Elena. Llámame cada vez que lo necesite, corazón. Sabes que te ayudaré cómo pueda.

Cortó la llamada y se puso de pie para buscar algunas carpetas que había guardado en la habitación que mostraban los movimientos de mercancía de hacía cinco años.

Entendió que las empresas que aparecían en esos documentos eran las que estaban activas en esa época. Ahora, al igual que le empresa de su padre, ella quizás debían tener otros nombres y dueños, por eso les costaba ubicarlas.

Se dirigía al dormitorio cuando de pronto se topó con Theo que se detuvo muy firme frente a ella. Con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón y la cara muy seria.

—¿Theo? ¿Pasa algo? —preguntó nerviosa.

—¿Elena? ¿Te llamas Elena?

La pregunta la dejó paralizada e hizo que perdiera los colores del rostro. Finalmente su secreto estaba del todo revelado, o al menos, las personas a quienes más le interesaba mantenerlo oculto ya la habían descubierto.