La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 96. Traidores.
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Capítulo 96. Traidores.

A Elena le costó salir de su asombro.

—¿Charlie? ¿Charlie Silver es el dueño de la empresa de mi padre? —preguntó, con la sangre congelada en sus venas.

Charlie Silver había sido su jefe en Nueva York y quien estuvo a punto de ser su socio, y su esposo, pero por un complot de Nicole, él decidió romper la sociedad que estuvieron a punto de cristalizar y la echó de su bufé de abogados.

Elena decidió controlar el enfado que sintió por la traición de su amiga regresando a Seattle, a la casa de su tía Margaret, para así enfocarse con su investigación profunda sobre Adrián McGrath.

—¿Cómo es posible que Charlie sea el dueño de la empresa? ¿Cuándo la compró? —consultó, mirando con fijeza a Nicole con unos ojos encendidos por la rabia.

La mujer mostró una diminuta sonrisa, que rápido hizo desaparecer para que la indignación se reflejara en su rostro.

—Según esos documentos, desde hace cinco años forma parte del consejo directivo, pero hace dos se encarga en persona de la operatividad. El supuesto consejo lo nombró CEO.

Elena estaba impactada. Su cabeza no paraba de dar vueltas a través de sus recuerdos. Conoció a Charles mientras estuvo en la universidad, hacía más de cinco años. Él había sido un profesor suplente en una de sus materias.

Con el tiempo lograron establecer una gran amistad, que pronto se convirtió en un noviazgo. Al morir sus padres, él resultó su mayor apoyo, tendiéndole su mano y brindándole su compañía en esos momentos duros y solitarios.

Al terminar la universidad, él le permitió trabajar en la firma de abogados a la que estaba asociado, donde ella pudo obtener una gran experiencia.

Pero a escondidas usaba los contactos y los recursos de esa firma para realizar su investigación personal, buscando información sobre la estafa que había sufrido su padre durante la convalecencia de su madre, y que luego lo llevó a la muerte.

Fue Nicole quien la delató. Su examiga había estado envidiosa porque Charlie no solo consideraba a Elena para una segunda sociedad, sino que habían hablado de matrimonio.

Nicole trabajaba como asistente de Charlie, así que fácil pudo envolverlo en su seducción y ponerlo en contra de Elena. La delató incluso, con los otros socios de la firma, logrando que Charlie la echara para no tener problemas con ellos y hasta rompió su compromiso.

Aquello enfadó a Elena, pero lo sintió como una señal. En ese punto, estaba tan obsesionada con el caso de su padre, al confirmar que en realidad había sido estafado, que en vez de llorar por la traición de su amiga y de su novio, tomó sus cosas y se mudó a Seattle.

Sin embargo, ahora pensaba que la actitud tan tempestiva de Charlie Silver de sacarla de su vida no se debió a que ella abusó de su confianza, utilizando recursos y equipos que no le pertenecían.

Aquel hombre ya debía haber estado metido en aquel asunto y lo que buscó fue detener su investigación al romper su corazón y acusarla.

—¿Charlie sabe que estoy en Seattle investigando sobre el fraude al que fue sometido mi padre? —preguntó a Nicole con la mandíbula prieta.

—No. No le dije nada, ni siquiera que Adrián me había llamado averiguando sobre ese asunto.

Elena miró a su examiga con los ojos entrecerrados. Algo no le cuadraba.

—Hiciste todo lo posible por separarme de él para así quedarte con la posibilidad de ser titular en una firma de abogados y de casarte con un hombre rico. ¿Por qué de repente lo traicionas al darme estos documentos?

Nicole se irguió, muy seria.

—Charlie no es el hombre que yo pensé que era. No sé cómo tú pudiste soportarlo por tanto tiempo.

—Porque es evidente que conmigo nunca fue sincero —dijo enfadada y señaló los documentos como si estos fuesen la explicación más convincente—.

Es obvio que él estuvo conmigo para mantenerme controlada por lo que le habían hecho a mi padre, evitando represalias.

Charlie conoció a papá y su sufrimiento por la enfermedad de mi madre.

Sabía que su empresa estaba fortalecida, pero él la descuidaba por atender a mamá.

Es evidente que se aprovechó de mí para conocer sus pasos y obtener una participación en la empresa.

Recuerdo que hablaba muy bien de ella y buscaba negocios prósperos en los que pudiera invertir.

—Sin darte cuenta le diste a tu enemigo la información que necesitaba para que triunfara.

Elena miró a la mujer con lágrimas de rabia en los ojos.

—Mi error no explica la razón por la que tú estás aquí.

Nicole parecía intimidada por la fijeza de la mirada de su amiga.

—Él también me traicionó, solo que con otra mujer. No pude soportar su traición y decidí delatarlo en venganza.

Elena mostró una media sonrisa indignada.

—Eres experta en eso de delatar a otros para obtener un beneficio. ¿No es así? —Nicole arqueó las cejas—. Me traes esto para que sea yo tu brazo ejecutor y así no te ensucies las manos. Si yo acuso a Charlie por formar parte de la estafa de la que sufrió mi padre, él podría perderlo todo.

—Nada de esto lo planeé. Sucedió hace mucho tiempo, cuando ni siquiera tú y yo éramos muy amigas —rebatió molesta—.

Acepto que cometí un error contigo. Estaba desesperada por mi situación económica y Charlie nunca me fue indiferente, sabía que podía conquistarlo y con él salir de la miseria.

Tú en realidad no lo querías, confiésalo, solías ignorarlo y rechazarlo por estar ciega con el caso de tu padre.

Lo que hice fue darte un empujón hacia lo que de verdad querías, quitándote de encima a un traidor. Deberías agradecerme.

Elena resopló, roja por la indignación, pero se mordió los labios para no quejarse por su acción, porque, si era sincera, debía aceptar que Nicole decía la verdad.

—Entonces, me traes estas pruebas para que yo lo denuncie y tú puedas sentirte bien cuando lo veas perderlo todo.

Nicole tardó unos minutos en responder, modificando su semblante a uno lleno de arrepentimiento.

—Busco recuperar a mi amiga.

Elena no pudo evitar resoplar de nuevo. Ya conocía las expresiones falsas de Nicole Barnes, no iba a caer nunca más en sus trampas.

—Necesito que te vayas —exigió, poniéndose de pie, con la carpeta bien aferrada a su mano—. No me siento bien.

Nicole también se levantó, esta vez, con una expresión de urgencia en los ojos.

—¿Denunciarás a Charlie?

Elena la miró con enfado.

—Sabes que estos documentos lo que harán será abrir un caso en su contra, pero no son contundentes. Necesito saber si participó en el fraude, si tiene relación con la gente que supuestamente, sí lo hizo, y con todo el conflicto que arropa el motivo de esa venta.

—Puedo ayudarte a conseguir todo eso.

El recelo de Elena creció.

—No eres precisamente una persona de confianza para mí. Ahora me cuesta creer en tu apoyo.

—Estás sola en esto, Margaret me lo dijo.

—No estoy sola, pero eso no te importa —soltó Elena con enfado—. Por favor, Nicole, vete. Tengo mucho trabajo qué hacer y un malestar que calmar. Te pido que salgas de la mansión.

La otra parecía insegura, pero con esfuerzo aceptó las exigencias de su amiga. Debía dejarla evaluar la verdad que le había revelado.

—¿Me llamarás? Me quedaré unos días en Seattle visitando a unos familiares. Si necesitas más información, llámame y me reuniré de nuevo contigo.

Elena solo asintió, con el fuego de la ira recorriendo sus venas. Nicole tomó su cartera y enseguida salió de aquella casa concediéndole a la mujer oportunidad para reflexionar y asimilar lo descubierto. Lo necesitaba ahora más que nunca.