La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 95. Una mala sorpresa.
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Capítulo 95. Una mala sorpresa.

Adrián se marchó a su oficina para continuar con sus investigaciones sobre lo sucedido con su barco y adelantar trabajo atrasado mientras Elena se quedaba en casa.

Esta vez se reunió con el personal de la cocina, para acordar los aperitivos que debían realizar para el día del encuentro de los trillizos con sus amigos en la mansión.

Estaba organizando con la cocinera principal un menú cuando recibió una llamada en su móvil.

—Elena, ¿por fin nos veremos hoy? —preguntó su examiga Nicole luego de los saludos.

Ella se mordió los labios, había estado tan enfocada en la cena de Adrián en la casa de los Cavendish que olvidó por completo el acuerdo con su amiga. Pero le había prometido a Adrián no salir ese día, además, no tenía muchas ganas de prepararse para visitar ningún restaurante o café.

Haberse acostado tan tarde la noche anterior le estaba pasando factura. Desde su embarazo no tenía la misma energía de antes.

—Será más cómodo para mí que vengas a la mansión McGrath. Hoy no me siento muy bien de salud.

Hubo un instante de silencio al otro lado de la línea.

—¿Iré a la mansión de Adrián McGrath? —Nicole sonó impactada—. Bien, no tengo ningún problema. ¿Te parece que salga ya y así nos reunimos en unos cuarenta minutos, más o menos?

Elena respiró hondo. Nicole era una mujer codiciosa y muy envidiosa. Quizás, haberla invitado a esa casa no era lo indicado, pero en realidad se sentía algo cansada. Prefería quedarse allí y poder correrla en cualquier momento antes de irse a la cama.

—Está bien, aquí te espero.

Le pareció que su examiga se había emocionado demasiado por la idea de ir a esa mansión, resultando sospechosa, pero ya no tenía oportunidad para echarse para atrás.

A ella le interesaba lo que Nicole pudiese llevarle, por eso no quería dejar de verla antes de que regresara a Nueva York.

Sentía que lo que tenía para decirle era importante.

Una cualidad de su examiga eran los buenos contactos que siempre cosechaba.

A diferencia de ella, no era tan recelosa con la gente, siempre encontraba las maneras de establecer confianza con otros y ganarse favores de ellos sin ofrecerles nada a cambio.

Estaba segura que había encontrado información interesante.

Por eso había acudido en su ayuda cuando decidió investigar sobre lo sucedido en realidad a su padre, aunque pronto se arrepintió de eso, ya que Nicole se aprovechó de la ocasión para traicionarla y obtener sus propios beneficios.

—Ya no volverás a jugar conmigo —se dijo a sí misma mientras en su habitación terminaba de prepararse para ese encuentro, poniéndose ropa holgada que no la hiciera sentir más agotada y determinada a no confiar por completo de nuevo en aquella mujer.

Al llegar, Nicole no podía disimular su sorpresa ante la elegancia y el lujo de aquella casa. Los ojos parecían salirse de sus cuencas mientras repasaba cada objeto decorativo, la mueblería y el estilo sobrio de cada habitación, que demostraba el alto poder adquisitivo de su dueño.

—De verdad que Adrián McGrath es un sujeto poderoso —expresó la mujer.

Elena la observó con seriedad de pies a cabeza y de brazos cruzados.

Nicole era una mujer alta, preciosa y con una postura distinguida.

Su cuerpo era bastante generoso en los lugares adecuados y ella sabía aprovechar esas bondades usando trajes elegantes, pero también, seductores.

No había cambiado desde la última vez en que se habían visto.

—¿Qué tienes para mí?

La mujer detuvo su inspección para mirar con atención a su amiga, mostrando una sonrisa marcada por la suficiencia.

—Estás muy distinta, Elena. Pareces… cómoda.

—¿A qué te refieres con «cómoda»? —preguntó extrañada, sabiendo que su examiga no hablaba por hablar. Sus palabras eran medidas y con intención.

—A que no tienes la imagen de la falsa niñera de los trillizos de Adrián McGrath, sino que pareces parte de esta casa. Como si fueras la dueña.

Las suposiciones de Nicole sobresaltaron un poco a Elena, pero se esforzó por no demostrar su reacción. ¿Se había vuelto tan evidente?

—¿Lo dices por la ropa casi hogareña que llevo puesta? Te dije que no me sentía del todo bien de salud, creo que estoy por engriparme, por eso visto así y no con mi traje de trabajo. Adrián me concedió esa excepción para no empeorar mi condición. Él necesita que esté tranquila y cuide de los niños.

Nicole aumentó la sonrisa, pareciendo casi una burla.

—Y ni siquiera le dices: «el señor McGrath», como deberían decirle los empleados, sino: «Adrián».

Elena apretó la mandíbula con enfado.

—¿Para qué voy a decirle «señor McGrath» mientras no está presente y hablo contigo? Es absurdo —dijo sacudiendo una mano con desinterés y se sentó en un sofá—. Entonces, ¿qué trajiste para mí? —repitió, digiriéndole una mirada molesta.

De esa forma pretendía obligarla a cambiar de tema enfocándose en lo que le interesaba, sin que tuviera que indagar más en su relación con Adrián.

Nicole mantuvo su sonrisa mientras suspiraba hondo y se ubicaba en un sofá frente a ella. Tenía una expresión extraña, como si hubiese confirmado sus mayores sospechas, pero casi enseguida modificó su semblante volviéndolo más serio.

—La noticia que te tengo es buena y mala a la vez —reveló y abrió su maletín para sacar una gruesa carpeta con documentos—. No sé con exactitud cómo vayas a tomarla, pero supongo que es algo positivo para tu causa.

—¿Qué encontraste? —preguntó Elena con ansiedad, con sus ojos fijos en la carpeta que la mujer ahora sostenía en sus manos.

—Descubrí quien maneja en la actualidad la empresa de tu padre y la relación que esa persona tiene con Northstar Distribution, la empresa de Adrián.

Los ojos de Elena se abrieron en toda su extensión. Durante su investigación, solo supo que un grupo de asociados había quedado al frente de la compañía de distribución de su padre, pero los nombres habían quedado protegidos bajo infinidad de cláusulas.

Por más que intentó obtener, al menos, un nombre, no logró dar ni siquiera con una pista, y los antiguos empleados de su padre decidieron no contarle nada por seguridad.

Tener un nombre sería positivo para su investigación, eso podría darle indicios de quien en realidad había estado detrás de aquel fraude.

—¿Estás segura de la información que encontraste?

—Muy segura, amiga. —El calificativo hizo que Elena apretara el ceño. Ya no se consideraba «amiga» de aquella mujer—. Obtuve los documentos de la reestructuración de la empresa de tu padre de manos de la propia persona que ahora la dirige.

Después de decir aquello, Nicole estiró hacia Elena la carpeta, que la otra tomó con manos nerviosas y algo sorprendida. Pero quedó por completo impactada al abrirla y descubrir quién aparecía como el dueño actual. Una información que nunca había sospechado.