La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 87. Me ocuparé de ti.
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Capítulo 87. Me ocuparé de ti.

Cuando Adrián llegó a la casa, Elena pudo notar la rigidez de su cuerpo. A pesar de su estado, saludó a sus hijos con la mejor actitud posible y escuchó con paciencia todo lo que querían contarle.

Acordaron seguir hablando durante la cena para aprovechar que había llegado temprano ese día y darse un largo baño. Tomó la mano de Elena y juntos se dirigieron a su habitación.

Al estar encerrados dentro, ella comenzó a desnudarlo poco a poco.

—¿Qué te pasa? —quiso saber, mientras le quitaba la chaqueta del traje.

—Tuve un día de mierda.

—¿Otro?

Él sonrió con poca gracia.

—Quise ocuparme solo de los asuntos administrativos que tengo atrasados, pero me encontré con que Dairus y Ángelo habían citado a varios inversionistas para exigirme una reunión.

—¿Exigirte? ¿Ellos pueden hacer eso? —consultó ella, lanzando la corbata al suelo y comenzando a desabotonar su camisa.

Él se dejaba hacer, sin oponer resistencia, manteniendo sobre la mujer una mirada que comenzaba a arder por culpa del deseo y la ansiedad.

—Dairus es parte del consejo de inversionistas, uno de los socios que ha entregado mayores aportes. Si tiene alguna duda, puede influenciar a otros para exigirlas, y Ángelo, como contador, le facilita herramientas para soportar sus demandas.

—¿Qué herramientas? —preguntó la mujer, desabrochando el cinto del pantalón.

—Estados de cuentas con problemas, facturas extrañas, lo que sea.

—¿Y eso no es un delito?

—No porque Dairus, al ser el mayor inversionista, puede estar al tanto de esos asuntos. Claro, con ciertas limitantes.

Elena bajó los pantalones de Adrián junto con el bóxer, logrando que su miembro saliera erguido para intimidarla con su postura.

—Tuve que hacer varios pagos no programados para garantizar la recuperación del barco que estuvo a punto de perderse. Gasté buena parte del efectivo de caja, eso es lo que querían aclarar.

Ella lo miró, algo sorprendida, pero luego de quitarle el pantalón, los zapatos y medias, se irguió para observarlo con una mirada cálida mientras tomaba su miembro con ambas manos y lo estimulaba.

Él cerró los ojos y gimió disfrutando del exquisito placer. La tomó por la nuca y la aproximó con cierta rudeza para invadir su boca con besos voraces y con su lengua sedienta.

—¿Y entonces…? —exigió ella entre gemidos cuando Adrián detuvo el beso para respirar y comenzó a chupar y morder su cuello—. ¿Lograron obligarte a que hicieras la reunión?

—Sí… —respondió él en medio de un suspiro, viéndola arrodillarse para devorarse con su boca su miembro tan duro como una barra de hierro.

Adrián emitió jadeos ahogados. Con una mano la apresó por los cabellos, empujándola más a su pene para exigirle que lo llevara más adentro y con la otra tuvo que sostenerse de la pared cercana. Elena lo chupaba con tanta intensidad que hacía temblar sus piernas.

Los jadeos se hicieron más roncos, sonando como lamentos y amenazando con volverse gritos desgarrados.

La mano que él tenía en la pared se convirtió en un puño apretado, blanqueando los nudillos. Adrián tuvo que hacer su mayor esfuerzo para no gritar mientras su cuerpo se tensaba de tal manera, que parecía a punto de romperse.

Elena lo sentía estremecerse por la presión, hasta que no pudo aguantar más la descarga y estalló dentro de la boca de ella.

Los chorros cálidos de su esencia le llenaron la cara, el cuello y el pecho, haciéndola sonreír con picardía.

—Eres despiadada —susurró él mirándola con ojos embriagados y empapados de lágrimas. A Elena le encantó verlo con la piel aún enrojecida y tensa, respirando con dificultad, pero con una sonrisa satisfecha en los labios.

—Te vi muy molesto, quería quitarte de encima lo que te preocupaba.

Adrián aumentó la sonrisa y, apenas recuperó el aliento y la coordinación de su cuerpo, la levantó del suelo.

—Mira como terminaste, ahora me toca ocuparme de ti.

La alzó entre sus brazos para llevarla al baño. Ahí le quitó la ropa y la metió con él en la ducha. Mientras se bañaban, la estampó contra los azulejos y le hizo el amor. No se detuvo hasta no hacerla gritar y llorar por el placer, en venganza por la forma en que se lo había devorado.

—Tú eres más despiadado que yo —acusó ella, al quedar tan ligera como una hoja de papel por culpa de la poderosa descarga que Adrián le había hecho experimentar.

El hombre la abrazó con ternura para sostenerla y la sacó de la ducha envolviéndola en su bata de baño.

Buscaba secarse frotándose contra ella, besándole el cuello y la boca y toqueteando todo su cuerpo con adoración, arrancándole risas.

Se fueron a la cama y allí él comenzó a aplicarle una crema humectante en sus piernas.

—Entonces, te encerraron en la sala de reuniones para exigirte explicaciones —expuso Elena para continuar con la conversación mientras se peinaba los cabellos.

Adrián gruñó, un poco molesto, aunque no tan tenso como cuando llegó a casa.

—Solo querían inquietar a los socios para ponerlos en mi contra y sacarme información sobre lo hecho con el barco y la mercancía recuperada.

—¿Les salió mal la jugada?

—Ocasionaron un momento tenso y algo incómodo, pero al explicar que ya tenía el dinero para reponer el que retiré, todos quedaron satisfechos. Menos ellos.

—Son gente mala. Solo quieren generar problemas.

—Como no lograron conseguir que desconfiaran de mí, propusieron solicitar una indemnización a los dueños de la mercancía para cubrir esos pagos, alegando que no podía responsabilizarme solo de eso.

—Oh, sí. Ahora se preocupan por tu dinero —se burló Elena, molesta.

—Pero resulta que varios de los que estaban presentes tienen mercancía involucrada. Por supuesto, no apoyaron esa propuesta y el resto los siguió. Así que se quedaron sin nada.

—Y furiosos, supongo.

—Muy furiosos —completó Adrián sentándose en la cama, junto a la mujer—. Creo que lo que sucedió hoy fue una cortina de humo —reveló, preocupado.

—¿Para qué?

—Para impedir que fuese al puerto. Se presentaron algunos inconvenientes mientras estuve en esa fulana reunión, unas disputas entre parte del equipo de tripulación y el capitán.

Algunos empleados piden indemnización por el tiempo de más que pasaron en alta mar por culpa de la confusión por la ruta.

Policías y gente del puerto tuvo que subir al barco para calmar las discusiones, algo que está prohibido.

—¿Por qué?

—Porque puede perderse algo o suceder algún daño mientras extraños están en la cubierta.

Es como si se presentara una discusión dentro de esta casa y vecinos y gente que pasa por el frente de la mansión entra para ayudar a calmar el problema.

La confusión podría servir para generar un conflicto diferente.

Elena se quedó pensativa un instante, recordando lo que Miles le había dicho al ir de visita.

—Sabes que Miles Royce estuvo aquí, ¿cierto?

Adrián torció el rostro en una mueca y se frotó la frente para relajar su ceño preocupado, que ese día había estado apretado en exceso.

—Sí. Charles me contó algo.

—Él dice que me quiere proteger, mostrándome como parte de su grupo social exclusivo, para así lograr que tú estés tranquilo trabajando y haciéndolo más millonario de lo que es.

Adrián respiró hondo y tardó casi un minuto antes de hablar de nuevo, como si buscara las palabras adecuadas para explicar la situación.

—Miles está casi en quiebra. —Elena se impactó por la noticia—. Por eso busca con desesperación otra fuente de ingresos. Perdió casi toda su fortuna en malas inversiones, así que está dispuesto a hacer hasta lo imposible por asegurar su posición.

—Me advirtió sobre Jacob.

—Él no sabe nada sobre tu verdadera identidad, ni lo sospecha —reveló Adrián, mirándola a los ojos—. Pero sí es consiente que sucede algo muy delicado y que Dairus y Jeremy están metidos en eso, arrastrando a Ángelo y a Jacob. Por eso de seguro te habló de él.

—¿Dairus y Jeremy son los únicos metidos en algo delicado?

—Para Miles, ellos son la base del problema.

Ambos son rivales, a pesar de ser padre e hijo.

Dairus busca utilizar mi empresa para trasladar mercancía y Jeremy quiere impedirlo por una razón que aun no entiendo.

Eso lo supe al investigar a Miles. Ambos lo utilizan para beneficiarse de sus contactos y así lograr sus objetivos.

—¿Qué mercancía quiere trasladar Dairus?

Adrián negó con la cabeza.

—Aún sigo investigando. Todo es muy confuso, pero sospecho que la mercancía oncológica tiene algo que ver en el asunto.

Ella lo observó, impactada y molesta al mismo tiempo, recordando a su madre y todo el sufrimiento que tuvo que soportar por la falta de esos medicamentos, así como el sufrimiento posterior de su padre y su injusta muerte.

Aquellos hombres, en su soberbia, no se percataban del enorme dolor que generaban y las terribles pérdidas que dejaban a su paso.