La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 86. Cuidar de ti.
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Capítulo 86. Cuidar de ti.

Miles entró en la mansión con una enorme sonrisa en los labios, como si fuese el tío favorito que aparecía por sorpresa llevando alegría y regalos a la casa. Aunque la única que lo atendió fue Elena.

—¡Isabella, que alegría verte tan bien! —saludó el hombre aproximándose a ella para darle dos besos y un abrazo.

Elena lo recibió rígida, palmeándole el costado con una mano como gesto obligado de saludo.

Cuando él se separó de la mujer, recibió una mirada severa de ella.

—Me dijeron que te marchaste de la mansión porque te sentiste mal. ¿Habrá sido la champaña? Compré la de mayor calidad para mis invitados —expuso él como si nada hubiese pasado aquella noche en su casa, cuando la encontró en una de sus salitas privadas besándose con Adrián y decidió extorsionarlo.

A Elena le molestó que el hombre fuese tan caradura, al jugar a hacerse el inocente con ella.

—¿A qué viniste? —preguntó con sequedad, logrando que Miles ampliara la sonrisa. Parecía disfrutar de su actitud irritada.

—Para ver cómo te sentías. Al enfermarte en mi casa me siento responsable por tu salud.

—No te preocupes, ahora estoy muy bien —aseguró, fijando su atención molesta en el hombre—. Creo que sabes muy bien el motivo real por el que marché de tu casa.

Miles sonrió como si lo hubiesen pillado en una travesura.

—Vamos, Isabella. No me odies por lo que pasó. Tú y Adrián tuvieron la culpa —dijo alzando los hombros con indiferencia—. Lamento que sean incapaces de controlar sus hormonas cuando no están en casa, como si fuesen dos adolescentes.

—Aunque haya sido nuestro error, nunca imaginé que el anfitrión se valiera de esa situación para aprovecharse de sus invitados.

El hombre puso cara de sorpresa.

—¡No me aproveché de nadie! —exclamó con inocencia—. Los protegí de las habladurías de los demás. ¡De un escándalo! —expuso sonriente—. Y ya que debía retrasar un poco a Adrián, para que nadie notara lo que había pasado, charlamos sobre negocios. Solo eso pasó.

Ella lo miró con los ojos entrecerrados.

—¿Y a qué viniste? ¿A ver cómo puedes extorsionarme ahora a mí? Porque sabes que Adrián no está en casa.

Miles volvió a sonreír con picardía.

—Aunque no me creas, solo vine a ver cómo seguías y limar un poco nuestras asperezas. Creo que no hemos comenzado con bien tú y yo y me gustaría que fuésemos amigos.

—¿Amigos? ¿Para qué?

—Para apoyarnos en las buenas y en las malas. Adrián y yo ahora somos socios y a mí me gusta cuidar de mis socios, de sus familias y… de las mujeres que aman.

Elena se estremeció por sus últimas palabras.

—No es necesario que cuides nada. Eso no te corresponde —aseguró, cruzándose de brazos.

—Sí me corresponde, querida, porque mientras Adrián esté bien, así como su entorno y sus negocios, yo estaré bien.

La mujer apretó los labios para controlar la rabia.

—Bueno, como sabes que yo estoy bien y aquí todo está perfecto, entonces, puedes irte. Ya cumpliste tu misión.

Miles amplió la sonrisa.

—Isabella, ¿qué te parece y buscamos una manera de ser amigos?

—¿Amigos?

—Sí, verás… Tú eres muy importante para Adrián, pude darme cuenta de eso cuando hablé con él en mi casa y vi que era capaz de cualquier cosa con tal de protegerte. Entonces pensé: mientras Isabella esté segura, Adrián será muy productivo, eso me conviene. ¿Por qué no ayudarlo entonces en esa tarea?

—Yo no necesito…

—Te aconsejo que te alejes de Jacob Pierce —habló él, interrumpiéndola e impresionándola.

—¿Qué dices? —preguntó, confundida.

—Entiendo que simules tener una relación con Jacob para así tapar lo que sucede entre Adrián y tú y evitar habladurías, pero… Jacob no se ha acercado a ti con buenas intenciones.

Ella lo miró con las cejas arqueadas.

—¿Por qué lo dices?

—Porque Adrián no solo está metido en negocios muy rentables, que muchos quieren arrancarle de las manos y son capaces de lo que sea para hacerlo, sino que su empresa es una de las más seguras y confiables en la actualidad.

Hay gente que se atrevería a llegar a dónde fuese necesario por quitársela, y Jacob…

él es un idiota que no sabe elegir el mejor bando.

No le des problemas a Adrián al acercarte a Jacob.

Mantén una distancia saludable y así todos estaremos tranquilos.

Aquel consejo no se lo esperaba. Eso le demostraba que Miles no estaba detrás de la empresa de Adrián o tenía intención de destruirlo.

Él solo quería aprovecharse de las oportunidades que Adrián alcanzaba y engancharse a eso, como su relación con los asiáticos, extendiendo así su red de influencias y obteniendo algo de dinero.

No quería quitarle lo que él tenía, sino obligarlo a trabajar para su causa.

—¿Y a qué bando pertenece Jacob? ¿Acaso existen diferentes grupos en contra de Adrián? —preguntó ella, haciéndose la inocente.

Miles mostró la blancura de sus dientes.

—Mientras más alto llegues, querida, más gente tendrás a tus espaldas queriendo devorarte para quitarte del medio.

Esa es una ley de la selva. Estoy plenamente seguro de que Adrián la conoce y sabe que tiene a mucha gente detrás de él, por eso hace hasta lo imposible por protegerte a ti y a sus hijos sin importar qué arriesga.

—Adrián no es el único buscando proteger lo que ama.

La sentencia de la mujer impresionó al hombre. Los ojos de Miles brillaron llenos de satisfacción.

—Vaya. Eso es bueno saberlo —dijo, repasándola de pies a cabeza con interés—. La próxima semana organizaré en mi casa de campo, en Tacoma, una merienda con algunos amigos. Gente muy allegada a mí, me gustaría que fueras.

—¿Yo? —preguntó desconcertada.

—Sí, tú. Asistir te hará miembro oficial de mi exclusivo grupo social, eso te abrirá muchas puertas. Unas que necesitarás abiertas para cuando oficialices tu relación con Adrián. Son gente con influencias, muy leales. Te gustarán.

Ella se inquietó por sus palabras.

—Miles, escucha, Adrián y yo…

—No pienso decir nada de la relación que mantienen —volvió a interrumpir—.

No entiendo por qué la esconden. Ambos son libres, no poseen ningún otro compromiso, pero supongo que lo hacen por seguridad.

Adrián no está en un momento idóneo para ir mostrando debilidades, debe cuidarse.

Créeme que hay mucha gente buscando su punto débil para doblegarlo.

Ella amplió los ojos.

—La reunión en mi casa solo pretende reforzar la relación entre nosotros y reforzarte a ti frente a la sociedad —siguió Miles—. Si te ven a mi lado, sabrán que eres intocable. Yo necesito que estés así para que Adrián pueda trabajar sin inconvenientes haciéndonos crecer a ambos.

Elena se molestó por sus palabras. Miles era capaz de lo que fuera con tal de ganar.

—Y además de Jacob Pierce, ¿de qué otras personas debería cuidarme? —preguntó ella, para ver qué más podría sacarle.

El hombre sonrió divertido.

—Ya te lo dije, querida Isabella. Hay muchos interesados en ver a Adrián caído, ansiosos por ocupar su espacio, pero yo me ocuparé de mantenerlo allí. —Dio un paso hacia ella, afincando su mirada en la mujer—. Y a ti a su lado.

Elena retrocedió, volviendo a poner distancia entre ellos. Miles decidió caminar hacia la puerta. Era evidente que su visita había terminado.

—Ahhh, y una cosa más, querida Isabella —dijo girándose para encararla de nuevo—. No pierdas de vista a Deborah Cavendish. Es una niña caprichosa y creo que ahora Adrián es su interés —expuso antes de marcharse, dejándola a solas con sus pensamientos y preocupaciones.