La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 83. Un actuar extraño.
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Capítulo 83. Un actuar extraño.

Luego de cambiarse de ropa, Elena salió a la salita del primer piso con las carpetas que Adrián tenía en casa, del caso sobre la pérdida de medicinas oncológicas, para revisarlas mientras acompañaba a los trillizos.

Ellos estaban distraídos con un videojuego, que jugaban juntos en la televisión ubicada en esa habitación. Aunque Theo en una oportunidad se alejó para acercarse a la mujer, curioso por lo que hacía.

—¿Qué es eso?

—Unos documentos de tu padre. Necesito sacar datos importantes de ellos y establecer relaciones.

—¿Ayudas a papá con el trabajo?

—Esto en realidad no es un trabajo de su empresa, sino un asunto personal —explicó ella, sin apartar su atención de los papeles que leía.

—¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó, interesado. Aquello le sonó a pistas por resolver y esa era su pasión.

Elena lo observó un instante. ¿Sería prudente involucrarlo en ese asunto?

No quería rechazarlo tampoco, ni bloquear sus intereses, pero sentía cierta aprehensión. Aunque en realidad, no había nada malo en esos documentos. Allí solo había nombres y números que él no comprendería.

—Podrías ayudarme a ordenarlos por fechas y tipo. Algunos son facturas, otros contratos y otros memorándum informativos. Están bastante revueltos —indicó la mujer, obteniendo una sonrisa enorme de satisfacción del niño. Quien enseguida se puso a cumplir con la tarea.

Ella también sonrió, complacida al verlo tan animado, pero su teléfono móvil comenzó a sonar. Al revisarlo, creyendo que sería Adrián, se impactó al ver reflejado en la pantalla la identidad de la persona que intentaba comunicarse con ella.

Se trataba de Nicole Barnes, su amiga de la universidad. Quien había hablado con Adrián revelándole su identidad.

Por un momento quedó paralizada, con la mandíbula prieta. No sabía si responderle o no, pero había pensado en llamarla para pedirle explicaciones del motivo por el que la había delatado, así que se puso de pie para alejarse de mesa y buscar privacidad para atender esa llamada.

—Nicole, qué sorpresa —respondió como saludo, con un tono seco.

—Elena… ¿cómo has estado? —preguntó la mujer, insegura.

La última vez que ambas habían hablado en persona había sido un encuentro duro y desagradable.

Aunque fueron amigas durante toda la universidad y lograron trabajar juntas en la misma empresa, se presentaron serios problemas entre ellas que hicieron que su relación culminara de forma abrupta y en malos términos.

—Podría decirse que bien. ¿Para qué me llamas?

—Yo… —Nicole guardó silencio un instante.

Elena escuchó una respiración profunda al otro lado de la línea antes de que su amiga volviera a hablar.

—Hace unas semanas, me llamó Adrián McGrath —terminó revelando—. Me sorprendió que se comunicara conmigo, me dijo que encontró mi número de contacto con ayuda de unos amigos empresarios que conocen a Charlie.

Elena cerró los ojos un instante y se mordió los labios para controlar la furia.

Habían pasado demasiadas cosas desde que Adrián le confesó cómo se había enterado que ella era en realidad Elena Whitman y no Isabella Reed, por eso no habían podido hablar de las estrategias que él utilizó para conseguir esa información.

No podía olvidar que él era un hombre con muchos contactos gracias a su trabajo. Era evidente que tuviese algún medio para contactar a Charlie Silver, su antiguo jefe, y quien ocasionó el conflicto que la alejó de su amiga.

—Él me dijo que había hablado contigo —reveló Elena.

—¿Te lo dijo? —preguntó Nicole, sorprendida.

—No hemos podido hablar mucho del tema, pero sí, me lo dijo.

—Eso quiere decir… ¿de verdad estás trabajando para él? —consultó, impactada.

Elena resopló, molesta. No quería darle muchas explicaciones, pero Nicole no iba quedarse con la noticia a medias, la conocía.

—Te dije que iba a regresar a Seattle para buscar información sobre lo sucedido a mi padre y en eso estoy. Tuve que contactar a Adrián y ahora trabajo para él.

—No imaginé que en verdad te atreverías a llegar tan lejos.

Cuando me dijiste que usarías una identidad falsa para abordarlo, pensé que era solo un decir, producto de la rabia que sentías.

Pero cuando Adrián me llamó, me preocupé.

Allí me di cuenta que habías hablado en verdad.

Pensé que la intención del hombre era descubrirte para denunciarte, por eso llamé a Margaret para alertarla de lo que habíamos hablado y así tú lo supieras.

Elena se sintió incómoda. Por estar sumida en sus problemas ni siquiera tuvo oportunidad de hablar con su tía, enterándose de todo tarde y por boca de Adrián. Se había confiado demasiado, cometiendo muchos errores.

—Eso ya no importa, ahora el panorama es diferente. Adrián sabe la verdad y no está molesto, gracias a eso él decidió revelarme la verdad sobre lo ocurrido a mi padre siendo bastante diferente a lo que creía. Ahora estoy atando cabos de nuevo.

Nicole guardó silencio un instante, como si reflexionara sobre lo que ella le había dicho.

—Me alegra que hayan salido las cosas bien para ti y no hayas tenido problemas con Adrián.

Yo… luego de hablar con él sentí de nuevo curiosidad por ese caso y no pude evitar conversar con algunos conocidos de Charlie, que mantuvieron relación comercial con Northstar distribution, la empresa de Adrián, en esa época.

Tengo datos adicionales que podrían interesarte.

—¿Por qué hiciste eso? No había necesidad —preguntó confundida.

—Ya te dije, fue solo… curiosidad. Me sentí mal por lo que sucedió entre nosotras en el pasado y quise compensarte de alguna manera. Más aún, al ver que Adrián estaba investigando sobre ti.

Elena apretó los labios para no rugir por la impotencia. ¿Nicole se sintió mal por la traición que le hizo? Esa sí que era una noticia impactante.

—¿Quisiste ayudarme, a pesar de que fuiste tú quien me hundió para que perdiera mi trabajo y los contactos que había logrado para completar esa investigación?

—le reclamó, sacándole en cara lo sucedido un año atrás, antes de que Elena tomara la decisión de mudarse a Seattle para buscar información en la propia fuente del problema.

—Lo siento mucho. Lo que pasó antes fue… un error motivado por el miedo. Conocías muy bien mi situación para ese entonces. Estoy muy arrepentida, por eso quiero resarcirme ayudándote a armar de nuevo la trama que habías desarrollado. De esa forma podrás obtener la justicia que buscas.

Elena emitió una risa de burla.

—¿Quieres ayudarme para librarte de culpas?

—Sí —respondió Nicole enseguida—. Es mi mejor forma de pedirte perdón. Quizás no podamos retomar la relación de amistad que teníamos en el pasado, pero… solo déjame ayudarte.

Era imposible que Elena creyera ahora en ella, por todo el daño que le había hecho antes, pero estaba interesada en esos datos que había encontrado. Cualquier cosa que consiguiera de utilidad, sería importante para su causa.

—Bien, envíame cuando puedas todo lo que tienes por correo electrónico.

—No, me gustaría dártelo en persona.

Aquella petición la desconcertó.

—¿En persona? No puedo viajar ahora a Nueva York para reunirme contigo.

—No tienes que hacer eso. Yo estoy en Seattle.

Elena quedó paralizada. ¿Nicole estaba en Seattle? ¿Cómo era eso posible?

—¿Estás aquí? ¿Con Charlie?

—No, estoy sola —respondió con la voz algo quebrada—. Y te llamo para vernos. ¿Dónde te estás quedando ahora?

Por un momento, Elena no supo qué decirle. Todo eso le pareció extraño. Nicole le ocultaba algo.

¿Qué había sucedido con Charlie? ¿Cómo era posible que estuviese aquí sin él si antes ellos eran inseparables? ¿Había realizado ese viaje solo para traerle esos datos, abandonando su trabajo en Nueva York?

Elena tenía demasiadas dudas en la cabeza. Su antigua amiga debía tener un motivo oculto para haber hecho semejante viaje, la curiosidad no era suficiente excusa. No podía ser tan confiada con Nicole. No otra vez.

Aprendía de sus errores.