Capítulo 81. Discusión.
Elena y Adrián entraron en el auto del hombre, aparcado en el estacionamiento, en medio de un silencio tenso, y enseguida se dirigieron a la mansión. El chofer que había trasladado a Elena los siguió de cerca.
Una vez que ya estaban en la vía, él decidió romper el mutismo.
—¿Estás bien? —preguntó preocupado, al verla algo pálida y con semblante ansioso.
—Sí, yo… no imaginé que esto podía pasar —dijo suspirando hondo.
—¿No lo imaginaste? ¿Aun sabiendo que Jacob pretendía acorralarte en la fiesta de Miles? —se quejó el hombre.
Ella la observó con enfado.
—No pensé que Jeremy aparecería en el restaurante. Jamás se me cruzó por la mente que era él quien pretendía revelar mi secreto. Mi idea era interrogar a Jacob y eso era lo que estaba haciendo cuando él apareció.
Adrián apretó las manos en el volante para controlar su irritación.
—¿Qué te dijo Jeremy?
Elena dirigió su atención a la vía, intentando serenar el fuego que llameaba dentro de ella distrayéndose con lo que veía en el exterior.
—Sabe quién soy, y que estoy aquí por lo que le sucedió a mi padre. Que busco culpables por la pérdida de su empresa y por su muerte.
—¿Te pidió algo? —quiso saber él, con la mandíbula apretada.
—No tuvo oportunidad. Solo me acusó de ser quien te manipulaba, al haber aparecido en tu casa con mentiras para meterme en tu vida, aprovechándome de ti. Que me interponía en lo que a él le interesa, por eso me llevó a ese restaurante. Tal vez, para exigirme que me fuera.
—¿Te interpones en lo que a él le interesa? —repitió confundido.
—Habla de ti. Es obvio —señaló ella, mirándolo a la cara—. Jeremy quiere algo de ti, pero de alguna forma, yo estoy evitando eso.
Adrián se quedó pensativo, con su ceño tan fruncido que le comprimía por completo el rostro.
—¿Acaso sabes de qué está hablando? —insistió Elena al verlo tan callado.
Cuando Adrián no entendía algo, no dejaba de preguntar. Si callaba, era porque de seguro tenía alguna idea cruzándole la cabeza, que lo ayudaba a generar conclusiones.
—Frente a los ojos de los demás, lo único que ha cambiado en mí desde que apareciste, es que me he vuelto mucho más precavido con mis negocios —respondió, muy serio—.
Al recordar todo lo ocurrido en el pasado, los errores que cometí por abrazarme al dolor y no actuar a tiempo y la gente a la que abandoné para aislarme en la mansión a cuidar de mis hijos…
—Suspiró, con pena—. No quise repetir esa tragedia.
Elena lo escuchaba más calmada, mirando su perfil tenso.
—Luego de lo sucedido en aquella ocasión —siguió Adrián—, se habían repetido otras pérdidas de mercancía, pero pude controlar las consecuencias sin que hubiesen inconvenientes.
Sin embargo, tenía un fuerte presentimiento con el último barco que contraté.
No solo por la gran cantidad de mercancía que traía en ella y el hecho de que era muy costosa, sino porque trasportaba medicinas oncológicas en grandes cantidades, destinadas a fundaciones y hospitales del gobierno.
Algo muy similar a lo sucedido cinco años atrás.
—¿Crees que las medicinas oncológicas sean la clave de esos ataques?
—No sé. Podrían serlo. En la mayoría de los casos de ataques a mis envíos, hay ese tipo de medicinas involucradas. No puedo descartarlo.
Ahora fue Elena quien se mantuvo pensativa, recordando que en los documentos que había leído, guardados en la mansión de Adrián, hacían referencias a traslados, pérdidas y retenciones de medicinas oncológicas. Tal vez, eso era lo que interesaba a quienes generaban esos ataques.
—¿Crees que Jeremy podría ser…?
—Es demasiado pronto para sacar conclusiones, Elena. No podemos hacer señalamientos sin pruebas.
—¿Qué más pruebas que la forma en que me acorraló hoy? —preguntó alterándose de nuevo.
—Eso podría tener muchos otros motivos.
—¡¿Cómo cuáles?! —insistió al borde de sus nervios.
—No sé. Tal vez trabaja para su padre confirmando sus sospechas sobre ti, o con Miles, asegurándose que de verdad existe algo entre nosotros que lo ayude a hacer más presión. No podemos descartar ninguna posibilidad, ni concluir que él es quien actúa de manera directa en este problema.
—Yo le estoy afectando, Adrián. Jeremy lo dijo.
—Porque me estás afectando a mí al hacerme actuar distinto, complicando lo que sea que hacen con mis envíos —soltó él—.
Recuperé el barco que pretendían llevarse, estoy evaluando la mercancía impidiendo que alguien más meta sus manos dentro y en persona la estoy entregando a los clientes, nada de eso le conviene a quien sea que haya pretendido robarse lo que allí se trasladaba.
Y eso lo hice porque tú despertaste en mí esos viejos miedos y sospechas.
Por supuesto, eres un problema para ellos.
Elena apretó la mandíbula, sentándose recta en el asiento con actitud inconforme.
—Nos tienen miedo porque ambos perdimos a seres muy queridos en aquella ocasión.
Estuvimos directamente involucrados y somos los únicos que podemos llegar a las pruebas.
No sé qué hace Dairus ni Ángelo, tampoco Miles, Jeremy o Jacob.
Quizás ellos trabajan para otros y no para ellos mismos, eso es lo que intentamos averiguar, pero debemos dejar de actuar de forma espontánea y ser más precavidos, o no llegaremos a nada y lo que lograremos será permitir que nos lastimen.
Si yo no hubiese estado allí, no sabemos que habría sido capaz de hacer Jeremy contigo.
La mujer volvió a fulminarlo con la mirada.
—¿Y qué hacías allí? Dijiste que ibas a confiar en mí.
Él la observó, ofendido.
—Y lo hago, Elena, pero te dije que en ellos no confío. Sabía que algo parecido podía ocurrir, aunque tampoco imaginé que Jeremy estaría involucrado. El chofer que envié para que te trasladara no iba a estar cerca, debí ponerte un guardaespaldas que se quedara a tu lado.
Ella resopló, molesta.
—Es cierto que me asusté, pero no iba a permitir que ni Jeremy ni nadie, me hiciera algo. Debiste confiar en mí, Adrián. Al final, no logré averiguar nada, solo acumular más dudas y sospechas.
—No iba a quedarme al margen mientras estabas en peligro —dictó furioso—. Te dije que no te arriesgaría, ni a ti ni a mi hijo.
En ese momento llegaron a la mansión. Apenas él estacionó, ella se bajó del auto y entró a la casa dando largas zancadas.
Adrián la observó sin decirle nada, con el ardor de la ira haciendo hervir su sangre. Decidió dejarla un rato tranquila para que asentara sus emociones, luego la abordaría.
Aunque le permitió que llevara a cabo su idea, dejándola asistir a esa cita con Jacob, no podía complacerla de nuevo con algo tan peligroso. A pesar de los problemas que eso podría ocasionarle con ella, evitaría que aquello se repitiera.
Ya no iba a perder más, ni a poner en riesgo a los que amaba. Prefería soportar su furia que perderla.