La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 79. Trampa.
63%

Capítulo 79. Trampa.

Mientras terminaban de comer una copa de frutas de estación que habían pedido de postre, Elena se animó a ser más directa con sus preguntas, buscando en Jacob la información que necesitaba.

—Así que… a varios en la fiesta de Miles les alegró que Adrián lograra rescatar su barco perdido.

—Por supuesto —respondió él enseguida—. Algunos tienen mercancía en ese barco, que, aunque está asegurada, contar con ella a tiempo es una garantía positiva para sus negocios. Al enterarse que se dirigía a un puerto seguro les produjo un gran alivio.

—Y Dairus Cohen y Ángelo Towsen, ¿también se alegraron?

Jacob la miró con una expresión seria.

—La verdad es que… no sé. No estuve pendiente de ellos.

—¿No te relacionas con ellos?

—Sí, pero… no trabajamos el mismo ramo.

—¿Cómo es eso? Dairus y Ángelo son claves en la empresa de Adrián, y él tiene una distribuidora y tú bodegas. Creo que pertenecen al mismo ramo.

—Me refiero a… —se lo pensó un instante—. No compartimos los mismos intereses.

Elena lo miró con mayor atención, notándolo algo tenso. Era evidente que la mención de esos dos no le resultaba cómoda. Eso le pareció sospechoso. Aún no podía deducir si los evitaba o buscaba protegerlos, intentando no mezclarlos en esa conversación.

—Entiendo. Bueno, quizás se alegraron. Digo, trabajan con Adrián, deberían compartir sus logros porque ellos también ganaron. Además, Dairus es su socio, supongo que lo habrá puesto feliz que parte de su inversión esté ahora asegurada.

—Sí… supongo —respondió el hombre sin gran convencimiento y dejó su copa vacía en la mesa para tomar su teléfono, que justo había sonado con la llegada de un mensaje.

Elena esperó más de un minuto hasta que volvió a intervenir.

—Miles sí que se alegró por la noticia —comentó ella, buscando continuar con su investigación—. Lo vi antes de irme.

Jacob recuperó la sonrisa.

—Para Miles fue muy conveniente enterarse en ese momento que Adrián había rescatado ese barco, ya que esa noticia lo ayudó a impactar a los empresarios de Shanghái, por quienes en realidad había organizado esa fiesta.

—¿Hizo la fiesta para agasajar a esos empresarios?

—Para atraerlos como abejas a la miel —bromeó—.

Ellos en realidad son una avanzada que enviaron los peces gordos de China para estudiar el terreno y captar interesados en sus negocios.

La noticia de Adrián fue como el plato fuerte de la noche y más, el hecho de que él apareciera de repente.

No imaginas lo feliz que Miles estuvo con eso.

Poco le faltó a Elena para comprimir el rostro en una mueca de desagrado, ya que el hecho de que Adrián estuviese allí, sirviéndole de ayuda a Miles, había sido su culpa, pero disimuló el gesto con una sonrisa forzada.

—Al parecer, Miles Royce fue el mayor ganador de la noche —expuso ella con rabia, recordando la extorsión que Miles ahora tenía sobre Adrián.

—La verdad, no lo creo. Si le preguntas a cualquiera de los que asistieron a ese evento, todos opinarían que el mayor ganador de esa noche fue Adrián.

No solo logró ganarse la confianza y el respeto de los asiáticos, sino el interés de Deborah Cavendish, una de las solteras más cotizadas de la temporada, y de paso, aprovechó a la prensa reunida para difundir la noticia de su logro empresarial, quedando como un héroe.

Esta mañana me enteré que las acciones de su empresa aumentaron por lo sucedido el fin de semana.

¿No has leído las redes sociales, o visto las noticias?

Elena no supo qué responder. No había estado pendiente de las noticias por todas las preocupaciones que tenían encima. Ya comprendía el motivo de la aparición repentina de Deborah Cavendish en la mansión.

Ahora Adrián se había convertido en uno de los hombres más consagrados a nivel empresarial de la ciudad, un estatus que ella no podía desaprovechar.

—¿Y por eso me invitaste a almorzar? —preguntó, irritada—. Quieres que te sigan viendo conmigo para que te mencionen cuando hablen de Adrián, asegurando a esta tarjeta VIP —soltó, señalándose a sí misma.

Él la observó sorprendido.

—¡No! No estoy aquí por… —Calló porque su móvil sonó anunciando la llegada de otro mensaje de texto. Enseguida lo revisó, poniéndose más nervioso—. Yo… lo siento —dijo guardando el móvil y levantándose de la silla.

Elena lo miró confundida. ¿Acaso se iría y la dejaría allí, plantada, para evitar darle explicaciones?

Por un momento no supo qué hacer, hasta que vio a Jacob girarse hacia la entrada del reservado para recibir a alguien. Al girar el rostro, ella quedó de piedra. Quien de pronto apareció fue Jeremy Cohen, el hijo de Dairus.

El hombre se acercó con su mirada escrutadora clavada en ella y sonriéndole con superioridad. Elena siguió cada uno de sus movimientos hasta que él se llegó a la mesa, estrechó la mano de Jacob como saludo y luego se sentó en una silla, encarándola.

—Isabella Reed, que gusto volver a verte —expuso, mientras se acomodaba en el asiento poniendo su teléfono móvil sobre la mesa.

Elena pareció entender todo al verlo.

«La tendremos solo para nosotros», «Allá la descubriremos», «No tendrá escapatoria». Aquellas fueron las frases que los trillizos escucharon decir a Jacob por el móvil cuando fue a buscarla a la mansión McGrath, antes de ir a la fiesta de Miles Royce.

Tanto ella como Adrián sospecharon que el hombre había estado hablando con Dairus y Ángelo, o con Miles, quienes tenían motivos de peso para hundir a Adrián o manipularlo para su beneficio.

Nunca pensaron en Jeremy Cohen. Él jamás les pasó por la mente porque ese sujeto no parecía un tipo peligroso para ellos, o al menos, no tanto como los otros.

Jeremy no tenía una buena relación con su padre y no era uno de los aduladores de Miles. Las relaciones entre ellos eran mínimas, casi diplomáticas. Entonces, ¿qué interés tenía en ella o en Adrián?

—Jeremy, ¿cómo estás? ¿Sabías que Jacob y yo estaríamos aquí? —preguntó la mujer con la mandíbula apretada y con sus ojos furiosos clavados en el hombre.

Él le mantuvo la mirada. Ambos eran como dos cazadores con su atención puesta en su presa.

—Sí, fui yo quien organizó este almuerzo y quien lo está financiando. Jacob solo me sirvió de anzuelo. Estoy aquí desde antes de que llegaran, esperando el momento preciso para hacer mi entrada triunfal.

Elena miró con reproche hacia Jacob, quien se había sentado de nuevo en su silla, algo inquieto, sin ser capaz de verla a la cara. Lo hacía durante pequeños intervalos de tiempo con la vergüenza colorando su rostro.

—Quedarte entre las sombras no es apropiado. Eso te hace una persona sospechosa y de poca confianza.

Jeremy sonrió, con un gesto divertido.

—Debes ser experta en eso, porque las sombras es tu ambiente más conocido. Donde mejor te desenvuelves. ¿No es así, Elena Whitman?

Elena se impactó al escuchar que él mencionaba su nombre verdadero. El miedo le corrió por las venas. Por instinto, se cubrió el vientre con las manos mientras repartía su mirada entre ambos hombres, quienes ahora la veían con fijeza.

Como una tonta, había caído en la trampa que habían planeado.