Capítulo 73. Molestia colectiva.
A Adrián no le gustó enterarse que Jacob seguía acosando a Elena después de lo sucedido en la fiesta de Miles. Aquel sujeto pretendía volverse un problema muy incómodo.
—¿Y supongo que tú quieres ir a ese almuerzo? —preguntó, fijando en la mujer una mirada no solo irritada, sino velada por los celos.
—Sí, pero por el mismo motivo por el que tú quieres ir a la cena en casa de la rubia flacucha.
Ambos se mantuvieron en silencio un instante, retándose con los ojos.
—¿Y qué piensas averiguar con Jacob? —quiso saber, esforzándose por no estallar.
—El nivel de participación que él pueda tener en esta situación. —Adrián resopló—. Por favor, piénsalo —exigió Elena, inclinándose hacia él—. Jacob puede, o estar de parte de Dairus y Ángelo, ayudándonos a llegar hasta ellos para averiguar lo que saben y pretenden hacer, o de parte de Miles.
—¿De Miles? —consultó con incredulidad.
—Es posible, Adrián. Jacob solo busca hacer crecer su empresa, ganarse poco a poco la confianza de los clientes para hacerse grande, me lo confesó. Hace lo que sea para agradarle a Miles, para que lo vea como un tipo ganador y no como uno que no sabe lo que hace ni aspira.
Él se mantuvo pensativo, con su mirada clavada en el centro de la mesa, analizando con el ceño fruncido lo que ella decía.
—En la fiesta solo se interesó porque lo vieran de una forma distinta, buscando que le hablara gente importante y que le permitieran entrar en los grupos más selectos. Por eso me llevó.
—¿Piensa que tú puedes abrirle las puertas a esos grupos?
—Yo, no, pero tú, sí.
Adrián apretó más el ceño.
—¿De qué hablas?
—Jacob me llevó no para coquetear conmigo, sino para mostrarme como un trofeo de guerra. Una guerra que te ganó a ti.
Él no dijo nada, solo la miró con una sombra de enfado cubriendo sus ojos.
—Se sigue corriendo el rumor de que tú y yo tenemos algo, si no es así, ¿por qué la mosquita muerta de la Cavendish vendría a tu casa a visitarte cuando antes no lo había hecho?
Ella, al igual que Jacob, solo quiere participar en esa misma guerra, pero en su caso, tú eres el trofeo.
Contigo a su lado podrá mostrarse ante la sociedad como una ganadora.
Eso hizo Jacob, me llevó a esa fiesta para que todos pensaran que te había arrancado algo importante de las manos y entonces, se interesaran por él y le hablaran.
Y déjame decirte que le funcionó —dijo eso último recostándose en la silla como si se sintiera derrotada.
Aunque pronto volvió a fijar sus ojos determinados en él.
—Jacob solo quería ganar visibilidad y eso obtuvo, pero sabemos, que a pesar de esa situación, en el fondo él trama algo.
Busca ubicarse en uno de los bandos existentes para alcanzar más autoridad y relevancia.
Lo que necesitamos saber es cuál es el bando que está eligiendo.
Si es el de Dairus y Ángelo, sería fácil sacarle información, porque le ofreceríamos eso que él tanto quiere, una posición importante.
—¿Cómo?
—No sé… quizás, en alguno de tus negocios —dedujo ella.
Adrián de nuevo se mantuvo pensativo.
—Y si está del lado de Miles, sería más fácil —siguió Elena—.
Cuando le hables del negocio con los asiáticos se le saldrán los ojos.
—Ella se irguió para quedar más cerca de él—.
¿Y si Jacob me llevó a esa fiesta para que Miles pudiera sacarme información y conocer algo con qué acorralarte a través de mí?
Tal vez, Miles le ofreció algún tipo de participación en ese negocio, aunque la tuvo sencilla al vernos besarnos en su salita privada.
De ser así, podríamos obtener de Jacob lo que necesitas de Miles.
El hombre endureció la mandíbula ante las deducciones de la mujer.
No le gustaba enterarse que de una u otra forma buscaban acorralarlo por medio de Elena.
Y si llegaban a enterarse que de verdad ellos mantenían una relación amorosa y que además, ella esperaba un hijo suyo, todo empeoraría.
No quería que avanzara más ese problema.
—Con todo lo que dices, me convences más que no deberías ir a ese almuerzo.
Ella respiró hondo, buscando llenarse de paciencia.
—Adrián, ya no tenemos tiempo. Mi verdad saldrá a la luz de un momento a otro y mi embarazo pronto se notará.
Y, aunque hoy rescataste un barco, tú mejor que nadie sabes que hay otros en peligro, así como camiones y aviones.
Van a atacarte por donde sea, alargando este problema y haciendo sufrir a mucha más gente.
—Eso lo entiendo, Elena, pero no quiero poner a las personas que me importan en peligro para descubrir a quienes pretenden hacernos daño. Eso está fuera de discusión.
—No estaré en peligro, podría… —Ello se lo pensó un instante, evaluando sus posibilidades—. Podrías enviarme con alguien. Quizás con algún chofer de tu confianza, que esté pendiente de mí.
Él parecía no convencido, así que ella tuvo que insistir.
—Pediré que sea en un lugar al aire libre, nada de espacio cerrados ni oscuros. Así no tendrá oportunidad de intentar nada.
—¿Y cómo piensas sacarle información del bando al que apoya? —quiso saber, molesto.
—A través de conversaciones triviales al inicio. La comida y la charla pronto lo desinhiben, Jacob es de conversación fácil. Además, soy abogada, Adrián, sé que preguntar para llegar al punto que deseo.
El hombre la miró con fijeza, con un rostro endurecido que revelaba lo difícil que resultaba convencerlo de algo.
—No quiero que él se aproveche de la situación para tocarte. Eso no lo voy a permitir.
—Confía en mí.
—Ya te dije que…
—Confía en mí, de la misma manera en que yo confiaré en ti para la cena con la rubia desabrida de la Cavendish —soltó, interrumpiéndolo, y cerrándole la boca.
Adrián no pudo seguir rebatiendo sus palabras. Se recostó en la silla como si le hubiesen dado un fuerte golpe en la mandíbula, noqueándolo enseguida. Sus ojos llameaban por la furia.
Odiaba sentir que perdía el control, más aún, con la gente que amaba y a la que quería tener protegida. Eso le hacía brotar la ansiedad poniéndolo de mal humor.
Elena entendió que con su silencio él aceptaba su propuesta, así que, para no sonreír con triunfalismo y provocar más a aquel león herido, se puso de pie y se acercó a él para darle un beso en los labios, en agradecimiento.
Adrián respondió tomándola por la nuca para acercarla más, apoderándose con mayor profundidad de su boca, invadiéndola con su lengua salvaje y posesiva, dejándole en claro a quién pertenecía a pesar de haber ganado esa batalla.
El beso casi la hace perder el equilibrio a la mujer. Adrián la dejó desestabilizada por completo.
Al terminarlo, ella tomó enseguida su teléfono y llamó a Jacob, para organizar la hora y el lugar del encuentro.
—Sí, Jacob, allí estaré —dijo, apartándose un poco hacia la puerta del comedor, aunque manteniéndose de cara a Adrián, viendo como él se la devoraba con unos ojos fieros, que la hacían estremecer—. Seré puntual, allí nos encontraremos esta tarde.
Apenas cortó la llamada, tenía pensado ir hasta donde se encontraba el hombre y sentarse en su regazo para repetir el intenso beso que habían compartido, pero una vocecita a sus espaldas la detuvo.
—¿Jacob? —Elena se giró enseguida, quedando frente a Theo, que la veía decepcionado—.
¿Vas a reunirte de nuevo con él? —consultó el chico, con la tristeza en su cara—.
¿Y tú vas a permitirlo? —preguntó con rabia hacia su padre, antes de dar media vuelta y salir a las carreras del comedor, en dirección a las escaleras.
—¡Theo! —lo llamó Elena y pretendió ir tras él, pero Adrián se levantó enseguida y corrió hacia ella para detenerla—. Pero… ¡Adrián! —reclamó nerviosa.
Le dolía fallarles. Ellos había hecho un gran esfuerzo por salvarla de las garras de ese hombre en la fiesta de Miles y ella lo que hacía era buscarlo de nuevo.
—Tranquila, déjame a mí hablar con él —le pidió, sosteniéndola con ambas manos por la cabeza—. Tú, por favor, relájate. Recuerda que necesitas calma por el bebé.
—No quiero que me odie.
—No lo hará. Si reacciona así, es porque te ama mucho. Le explicaré lo que está sucediendo para que esté tranquilo. Ve a descansar a la habitación, luego me reúno contigo —pidió, antes de darle un beso en la boca.
No tan intenso como el anterior, pero sí firme y tierno. Uno capaz de calmar sus temores y mantenerla tranquila mientras él subía a la primera planta para tener una charla con sus hijos.
Porque estaba seguro que Theo ya se había reunido con sus otros dos hermanos para contarles lo que había escuchado, generando, una molestia colectiva.