Capítulo 67. Una gran noticia.
Los niños la acompañaron a su habitación, la ayudaron a ponerse cómoda y hasta la arroparon. Elena les había confesado que aún se sentía algo mareada, así que decidieron asegurarse de que estuviese bien.
—¿De verdad no te hicieron nada en la fiesta? No es normal que estés tan débil si nunca habías estado enferma —dedujo Theo, evaluando el rostro de la mujer que se notaba un poco pálido.
—No nos mientas —exigió Max con el ceño fruncido—. Ese Jacob tiene cara de ser malvado. ¿Qué te hizo?
Elena respiró hondo, sintiéndose conmovida por la sobreprotección que ellos le dedicaban. ¿Cómo actuarían cuando se enteraran que estaba embarazada de Adrián?
—Jacob no llegó a hacerme nada en la fiesta. Me trató con caballerosidad, nunca actuó de forma sospechosa. Si tenía algo planeado, quizás era para el final de la noche, pero Adrián llegó antes. Su presencia hizo más divertida la fiesta.
Los trillizos pusieron rostro confundido.
—¿Divertida? —preguntó Leo con desconfianza—. Papá no es divertido en las fiestas.
Elena no pudo evitar reírse un poco.
—Bueno, tal vez no posee el tipo de diversión que ustedes esperan, pero sí es divertido. Mucha gente se acercó a conversar con él.
—Empresarios interesados en sus favores —se quejó Theo—. Lo bueno es que toda esa atención impidió que Jacob y sus amigos actuaran.
Aunque Elena mostró una sonrisa, se mordió el labio inferior recordando el momento en que Adrián se hizo presente en la fiesta, alterando los ánimos no solo de Jacob, sino de Dairus, Ángelo, e incluso, de Miles Royce.
Ninguno esperó su aparición. Fue más que evidente que su asistencia modificó algo en ellos, motivos que ella no tuvo oportunidad de averiguar por culpa de los inconvenientes.
Recordar que había perdido una oportunidad de oro para ahondar en lo que esos hombres tramaban, despertaba su mal humor. ¿Cuándo iba a encontrar de nuevo una ocasión como esa?
—No queremos que salgas más con ese Jacob Pierce —declaró Max, sin mirarla. Con su rostro enfadado clavado en el suelo.
Theo y Leo no hablaron, pero ambos se mostraron de acuerdo con esa resolución.
—Chicos, para poder entender lo que sucedió, o lo que estuvo a punto de suceder, necesito estar cerca de él. Es posible que ustedes hayan confundido sus intenciones.
—No confundimos nada, sabemos lo que dijo —reclamó Theo.
Ella abrió la boca para intervenir y tratar de calmarlos, haciéndolos entender que alejar en ese momento a Jacob no era lo más inteligente. Él podía ser un eslabón para averiguar sobre lo que Dairus y Ángelo sabían de ella, y lo que pretendían hacer en su contra para callarla.
Pero un toqueteo en la puerta los interrumpió. Cuando ella autorizó la entrada, Adrián pasó a la habitación con un rostro serio. Sabía que los trillizos estaban allí, Charles debió avisarle.
—¿Qué hacen aquí? Isabella debe descansar —dijo, usando su nombre falso. Eso le aclaró a Elena que aún no era momento de decirles la verdad a los trillizos sobre quién era ella en realidad.
—Nos aseguramos que no se pare de la cama —justificó Leo, arrancando una sonrisa en la mujer.
Adrián se sentó en el borde de la cama, cerca de ella, y les pidió que se acercaran. Leo ya estaba sentado junto a la mujer, pero Max y Theo se encontraban parados alrededor de la cama. Ambos se aproximaron a su padre, atentos a lo que estaba por decirles.
Elena también lo miró con aprensión. Algo iba a revelarles a los niños de lo que sucedía, había dejado en claro que no quería engañarlos.
—Escuchen, tengo asuntos delicados en la empresa que debo atender estos días y es posible que eso exija mucho de mi tiempo.
Los trillizos lo miraron con reserva y con un semblante algo inconforme. Sabían que de nuevo, él desaparecería de sus vidas.
—Intentaré estar, al menos, para la cena, pero habrán días que será difícil. Acabo de recuperar una enorme mercancía que estuvo a punto de perderse y ahora debo vigilar su distribución.
Elena pudo percibir la tristeza que se apoderaba poco a poco de los niños. Ellos odiaban que su padre no pudiese compartir más tiempo en casa.
—Por eso, voy a necesitar de su colaboración. Son los únicos en quienes confío.
Aquello los hizo erguirse. Pudieron percibir la urgencia en la voz de su padre y saber que él decidía apoyarse en ellos y en nadie más, los llenaba de alegría.
—Como ya se han dado cuenta, Isabella y yo tenemos una relación íntima. —La mujer no pudo evitar sonrojarse—. Una que por ahora, necesitamos mantener solo entre nosotros.
Los niños se mostraron confundidos y Elena algo nerviosa.
—Nadie puede enterarse de lo que sucede —enfatizó el hombre.
—¿Por qué? —quiso saber Theo.
—Porque si es cierto que alguien quiere hacerle daño, cuando se entere que estamos juntos podría intentar algo peor y no quiero arriesgarme hasta saber quién pretender molestarla y por qué.
Elena no había pensado en esa posibilidad. Si Dairus y Ángelo de verdad sabían quién era ella y querían callarla para que no les reclamara sobre lo hecho a su padre en el pasado, cuando se enteraran que mantenía una relación con Adrián se pondrían más nerviosos y actuarían con imprudencia.
—Es Jacob Pierce —acusó Max, con dureza.
—Jacob puede ser un simple instrumento, no quien planea todo. No podemos quedarnos con la primera impresión sin averiguar más.
Los niños compartieron miradas, como si se comunicaran entre ellos planes y estrategias. Eso inquietó a la mujer.
—Pero eso no es todo —siguió Adrián, ahora extendiendo una mano para tomar una de Elena y apretarla un poco—.
Isabella está embarazada. —La noticia impactó a los niños y a ella la hizo ruborizar de nuevo—.
Por eso el colapso de hoy. No solo debemos cuidarla, sino evitar que esta noticia salga de los muros de esta casa.
No quiero que nadie se entere aún para que no pretendan hacerle daño.
Los niños observaron a su niñera con una mezcla de preocupación y emoción. Aquello iba a cambiar por completo sus mundos.
—¿Embarazada? —preguntó Leo, con una sonrisa temblorosa dibujándose en su rostro.
—¿Estás seguro? —quiso saber Theo, esta vez, mirando con fijeza a su padre, con unos ojos que brillaban por las emociones contenidas.
—¿Tendré otro hermano? —consultó Max a nadie en específico, parecía ser una conclusión que había creado tras sus propias reflexiones.
—Sí, estamos muy seguros. En el hospital nos lo confirmaron. Tendrán otro hermano… o hermana —aclaró Adrián clavando sus ojos llenos de ansiedades y esperanzas en Elena. Una comisura de sus labios se estiró en una sonrisa que le costaba revelar.
A pesar de toda la confusión y los problemas, aquella noticia lo llenaba de una alegría que no podía ocultar.
Los niños por un instante no fueron capaces de decir nada, solo se miraban entre sí, y a su padre, y a su niñera, que ahora ya no era tal cosa.
Leo fue quien se atrevió a mostrar la felicidad que le producía esa confesión.
—¡¿Otro hermano?! ¡¿Estás embarazada?! —exclamó, observando a Elena con una enorme sonrisa—. Eso significa… eso significa que…
No se atrevió a decir más. Aquello reforzaba la posibilidad de que ella se quedaría para siempre con ellos, ya no estarían solos. Aunque tenía miedo de mencionarlo para no equivocarse.
—Eso significa que necesito que me ayuden a cuidarla y a guardar el secreto por un tiempo hasta que estemos seguros que nada pasará —completó Adrián.
Los niños parecían estar a punto de estallar, por la emoción, por las dudas y por la rabia que les producía saber que había peligro alrededor de algo que los haría muy felices.
Elena, sobrepasada también por sus emociones, agarró a Leo, que era a quien tenía más cerca, para darle un abrazo. El niño no pudo evitar dejar escapar las lágrimas al sentir el calor reconfortante que ella le ofrecía.
Max y Theo, que eran más comedidos, la miraron llenos de tensión. La mujer estiró una mano hacia ellos invitándolos a acercarse. Theo no se hizo esperar y se unió a su hermano entre sus brazos.
Max, en cambio, siguió de pie, tenso. En su cabeza se generaba una lucha particular.
El embarazo de Isabella le hizo recordar a su madre y sentir la posibilidad de que su niñera ahora podría ocupar ese lugar difuso que para él había estado tan vacío, pero que siempre anheló que estuviese ocupado, aunque jamás lo dijo.
Imaginar que algún día podía ser llenado le generó una enorme ansiedad, una que lo dejó paralizado. Fue Adrián que lo tomó de las manos llamando su atención.
—Ey, tranquilo, estaremos bien. Te prometo que estaremos bien —le aseguró, intuyendo su estado.
Aunque el niño demostrara rudeza en su exterior, Adrián sabía que era el más sensible de los tres y a quien más lo afectaban los grandes cambios. Así que lo abrazó para infundirle calma.
Max se dejó cubrir por su padre aferrándose a sus brazos, como si ellos fuesen un ancla. No lloró, pero sus lágrimas se asomaron en sus ojos. El miedo a todo el tsunami que se avecinaba lo dejó paralizado y lo llenó de un ardor que le costaba controlar.
No solo iba a tener un nuevo hermano, o hermana, sino una posible nueva mamá, una que ya le gustaba. El fuerte sentimiento de protección que ya sentía por sus hermanos y su padre, se extendió enseguida hacia ella, cubriéndola como si fuese una telaraña de hilos irrompibles y poderosos.
Si alguien se atrevía a romperlos con intención de sacarla de allí, como lo habían hecho con su madre real, él lo enfrentaría con gallardía. No se dejaría arrancar de nuevo lo que le pertenecía.