La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 64. La noticia.
51%

Capítulo 64. La noticia.

Pasaron horas en el centro de salud. El doctor había sugerido un montón de exámenes para Elena, y Adrián no quiso dejar ninguno para después a pesar de las quejas de la mujer.

Ella tuvo que soportar aquella indagación porque en verdad, no se sentía bien. La explosión de emociones que había tenido desde la noche anterior la dejó débil.

El tiempo que pasó en ese lugar la ayudó, incluso, a pensar. Debía tomar de nuevo un montón de decisiones.

—¿Cómo te sientes ahora? —preguntó él en una ocasión en que estuvieron solos en la habitación. Apoyó las manos en el colchón y se inclinó hacia ella mientras daba una mirada al suero que le suministraban, que estaba por agotarse.

—Sin fuerzas para nada. Es como si me hubiesen sedado cada músculo del cuerpo.

—Pero del estómago, ¿te sientes mejor?

—Al menos ya no tengo náuseas. —Ambos respiraron hondo, algo cansados por tener que esperar tanto por los últimos resultados—. Ya me quiero ir —se quejó la mujer con una mueca molesta.

—Yo también quiero hacerlo, pero no lo haremos hasta que estemos seguros que todo está bien.

Ella lo miró con cierto pesar.

—No tienes que preocuparte tanto por mí. Te engañé para invadir tu casa y lastimarte, deberías dejarme aquí abandonada.

Adrián se inclinó un poco más hacia ella.

—Hace unas horas te hice el amor en mi habitación, te di entrada a la parte más íntima de mi vida, donde solo mis hijos y mi esposa han entrado. ¿Cómo crees que ahora voy a dejarte abandonada?

Elena se sonrojó desde el cuello hasta el nacimiento del cabello al recordar todo lo que había sucedido en aquel dormitorio durante la noche.

Trató de recomponerse poniéndose seria.

—Creo que lo que pretendes es tenerme cerca para saber qué voy a hacer y así estar preparado.

Él se lo pensó un instante, mostrando una pequeña sonrisa perversa en sus labios.

—Algo de eso también hay, pero ya hablaremos de ese asunto.

La mujer lo observó con fijeza.

—No voy a poder quedarme más tiempo en la mansión, Adrián, lo sabes. Si es verdad que Dairus y Ángelo saben de mí y pretendían descubrirme en la fiesta de ayer, entonces, pronto me convertiré en un problema grave.

—Pero eres «mi» problema grave —expresó con tono posesivo—, por tanto, soy el único que puede resolverlo.

—No, Adrián —exclamó indignada—. No te corresponde a ti resolver nada. Ese es mí…

No pudo continuar porque en ese momento entró a la habitación el doctor.

—Señora Whitman, ¿se siente lo suficientemente bien como para hablar ahora? —preguntó mientras la observaba con atención y se acercaba a ella con una carpeta en las manos.

Adrián se incorporó alejándose un poco para darle espacio y Elena se esforzó por mostrarse serena.

—Sí. Solo un poco débil.

—Es una reacción común después de lo sucedido.

—Doctor, ¿qué fue lo que pasó con exactitud? —preguntó Adrián.

—Lo que la señora sufrió fue un colapso nervioso. Su cuerpo reaccionó a un nivel elevado de estrés emocional. Según lo que ustedes mismos me comentaron, han estado atravesando una situación algo tensa en casa, ¿es correcto?

Elena bajó la mirada, evitando responder. Adrián apretó la mandíbula.

—Sí, hemos tenido… algunos problemas —admitió.

—Entiendo —continuó el doctor sin juzgar—. El estrés prolongado puede afectar no solo el estado mental, sino también el físico. En su caso, su organismo llegó a un límite y necesitó detenerse.

Ella tragó saliva.

—¿Es algo grave?

—Puede llegar a serlo si no se atiende de manera adecuada —respondió con firmeza, pero sin alarmarla—. Necesita descanso, apoyo emocional y reducir las fuentes de estrés tanto como sea posible.

Adrián asintió y frunció el ceño.

—Haremos lo que sea necesario.

El doctor hizo una breve pausa antes de continuar, revisando de nuevo los resultados en su carpeta.

—Hay otro punto importante que debemos tratar. Sus análisis de sangre mostraron algunos valores alterados. Nada alarmante por ahora, pero sí lo suficiente como para requerir seguimiento.

Elena lo miró con preocupación.

—¿Qué tipo de alteraciones?

—Principalmente relacionadas con cambios hormonales, y con eso viene la noticia más importante. —El silencio se volvió denso un instante—. Señora, usted está embarazada.

Los ojos de ella se abrieron en su totalidad. Adrián se irguió, sobresaltado por la noticia.

—¿Qué…? —expresó Elena, nerviosa, y compartiendo una mirada impactada con el hombre.

—¿Embarazada? —repitió él, incrédulo.

—Así es —confirmó el doctor—. Es un embarazo en etapa muy temprana, pero los resultados son claros. Felicidades.

Ella llevó una mano temblorosa a su vientre. Adrián la miró, endureciendo por completo su postura y semblante.

—¿Está seguro? —preguntó él.

El médico asintió, comprendiendo que ellos desconocían aquel estado.

—Por eso la alteración en la química de su sangre, que además fue un motivo importante para el colapso de hoy. Muchas veces, en las primeras semanas, los síntomas de embarazo pueden mezclarse con el agotamiento o estrés que la mujer experimente, como sucedió en su caso.

Adrián se acercó a la cama, llamando así la atención de Elena. Ella lo miró con los ojos húmedos por los temores.

—Esto lo cambia todo —susurró, dejándole en claro que la conversación que habían tenido minutos antes y las decisiones que tenían pendientes, desde ese momento sufrirían un cambio rotundo.

El doctor entrelazó los dedos frente a sí.

—Por eso debo ser muy claro: su estado actual requiere especial cuidado. El estrés que ha estado manejando no es recomendable durante el embarazo. Podría afectar tanto su salud como la del bebé.

Elena cerró los ojos por un momento, respirando hondo.

—¿Él está… en peligro? —preguntó angustiada.

—Por ahora, no hay señales de complicaciones graves —respondió el hombre con tranquilidad—. Pero sí es una advertencia. Su cuerpo ya le está diciendo que necesita un cambio.

Adrián asintió con seriedad.

—¿Qué recomienda?

—La señora necesita descanso, alimentación adecuada y controles médicos ginecológicos regulares urgentes, pero, sobre todo, un entorno más estable. Eso ayudará a retomar su salud para los cambios que se vienen con el embarazo.

Elena abrió de nuevo los ojos en toda se extensión, con una mezcla de miedo y emoción.

A pesar de saber que aquello complicaría por completo su vida, ahora que sentía estar en peligro, no pudo evitar ser invadida por la ilusión de tener en su vientre un hijo de Adrián, producto del amor que compartían en secreto.

—Bien, seguiremos esas recomendaciones —aseguró él, determinado a tomar con responsabilidad aquel embarazo. Un nuevo hijo venía en camino y no iba a descuidarse ni un segundo con él.

El médico esbozó una leve sonrisa profesional.

—Me alegra que tomen esa decisión. Les preparé un informe con la situación actual de la señora, donde incluiré los resultados de los exámenes que le realizamos aquí, así como mis observaciones.

Cuando visiten al ginecólogo podrán mostrarlo, para que el especialista tenga una idea de la condición de la paciente y así pueda tomar las decisiones más adecuadas.

Se los traeré en unos minutos, luego ustedes podrán regresar a casa.

Adrián estrechó la mano del doctor en agradecimiento y esperó a que se marchara para encarar a Elena, que aún no salía de su asombro.

Ella lo miró con los ojos empapados de lágrimas.

—Ahora más que nunca necesitamos sentarnos a hablar —dijo él—. Aunque desde ya te advierto, que te olvides por completo de marcharte de la mansión.

Su sentencia la abrumó y provocó que los latidos de su corazón aumentaran.