Capítulo 63. Malestar.
Al verla tan afectada, Adrián se animó a acercarse más a Elena y tomarla de la mano. Sintió su piel muy fría. Apretó el ceño y la evaluó con más atención, allí notó que además, su rostro se percibía algo pálido.
—¿Te sientes bien?
Ella negó con la cabeza. Al verlos a los ojos, le mostró la tristeza que la embargaba.
—Se suponía que ibas a enfadarte si te enterabas de mi mentira, que me echarías de la casa a patadas y me odiarías por toda la eternidad.
Él apretó la mandíbula para controlar el enfado.
—Pensé en todo eso cuando confirmé mis sospechas, pero el recuerdo de tus padres, de lo mucho que compartimos y de la deuda moral que tengo con ellos y no puedo arrancarme del pecho hizo que me controlara.
Así que esperé y… luego todo comenzó a complicarse entre nosotros.
La atracción que ejercías sobre mí fue mucho más fuerte que mi rabia.
Ella desvió la mirada, con una mezcla de vergüenza y ansiedad.
—¿Cómo pudiste confirmar lo que pretendía hacer en esta casa?
—Porque investigué sobre ti. Recordé lo que tu padre me había contado, del lugar donde estudiabas y de la familia más cercana que aún tienes. Hice algunas llamadas y así logré dar con la empresa donde trabajaste luego de graduarte. Conocí a tu amiga Nicole y a tu tía Margaret.
Los ojos de la mujer se abrieron como platos.
—¿Hablaste con ellas? —preguntó indignada.
—Sí, y les rogué que no te dijeran nada sobre mis averiguaciones.
Elena se puso roja por la rabia. No podía creer que ni su amiga, con quien no había vuelto a hablar desde que se mudó a Seattle en busca de venganza, como su tía, quien era su cómplice en todo aquel complot, la hubieran traicionado con tanta facilidad.
Tenía que hablar con ellas y pedirles muchas explicaciones.
—Pero… no entiendo. ¿Por qué me dejaste seguir con este absurdo si no eres culpable de nada?
Él alzó los hombros y respiró hondo.
—Por un lado, porque era mi mejor excusa para retenerte.
Sabía que no te irías de aquí hasta que no hallaras lo que viniste a buscar y como en casa no hay nada, eso me daba tiempo para evaluar lo que sucedía entre nosotros, y con los niños, antes de tomar cualquier otra decisión.
El problema era que siempre salía una complicación diferente y no podía concentrarme en eso.
Elena sintió un vuelco en el corazón cuando él apretó la mano que le tenía agarrada. El calor y la suavidad de su piel aceleraron sus latidos.
—Y por otro lado, porque me percaté que tu aparición puso muy nerviosos a Dairus y a Ángelo. Ambos comenzaron a actuar con torpeza y eso me favorecía. Gracias a esa reacción de ellos, pude entender muchas cosas y prepararme para poner mayor seguridad en el barco que viene de Europa.
—Entonces, ¿fueron ellos quienes sabotearon su llegada?
—Aún no tengo medios para confirmarlo, pero estoy seguro que tienen alguna implicación en ese hecho. Por precaución puse a un empleado de gran confianza en el barco, espero que él haya podido encontrar pruebas.
Ella no supo qué decir, mencionar de nuevo a Dairus y a Ángelo le hizo recordar lo que Adrián le había confesado, de que habían sido ellos quienes empujaron a su padre a vender la empresa usando estrategias perversas y aprovechándose de su momento de debilidad al estar su madre al borde de la muerte.
Una vez más el estómago se le revolvió por culpa de la rabia y el dolor. No podía evitar sentirse culpable por no haber estado allí, con ellos, apoyándolos.
—Elena…
Cuando él la llamó por su nombre real, se puso pálida. Aún no asimilaba que Adrián supiera su verdad y no hubiese explotado por el enfado.
—Escucha, estaba tan preocupado por la pérdida de ese barco que no presté verdadera atención a lo que sucedía.
No sospeché que la invitación de Jacob pudiese representar un peligro para ti, por eso te dejé ir con él a la fiesta de Miles.
Hasta donde sé, ni Jacob ni Miles apoyan a Dairus o a Ángelo, pero lo que me contaron los niños me preocupó, por eso fui enseguida a la fiesta.
Quiero pedirte que seas más precavida con Jacob hasta que no verifique sus intenciones.
Elena lo miró extrañada, sintiendo que las náuseas se intensificaban.
—¿Qué te dijeron los niños?
—Antes de que te reunieras con él en el vestíbulo, lo escucharon hablar por teléfono con alguien diciéndole que pronto llegaría contigo a la fiesta y allá te descubrirían aprovechando que estarías sola.
Como te dije, sé que Dairus y Ángelo sospechan de tu identidad y eso los hizo actuar con torpeza.
Les asusta que les compliques la vida con el tema de la empresa que compraron con estafas a tu padre, pero no tengo información de que Jacob tenga algo que ver con ellos. Eso no me lo esperaba.
Elena sintió que la sangre se le congelaba en el cuerpo. ¿Dairus y Ángelo sabían de ella y quería descubrirla ante todos? Eso complicaría su investigación. La idea la hizo sentir más enferma.
Enseguida se libró del agarre de Adrián y bajó de la cama casi de un salto, corrió al baño y allí descargó lo que quedaba en su estómago. Al tenerlo casi vacío y tener que hacer presión sintió un mareo repentino. Por suerte, él estuvo detrás para sostenerla.
—Ey, ¿estás bien?
—No. No lo estoy —se quejó la mujer inclinándose sobre el lavabo para lavarse la cara y la boca. Con rapidez se cepilló los dientes.
Él se quedó detrás, evaluándola con atención y muy atento a sus movimientos.
—¿Tomaste algo en la fiesta de anoche? —preguntó, cuando ella se enjuagó la crema dental.
—No bebí nada, solo unos pocos sorbos de champaña en una ocasión para brindar.
Él la sostuvo para ayudarla a erguirse, ya que ella se había quedado con los brazos apoyados en el lavabo y la cabeza en dirección al suelo. Así se sentiría más mareada.
—Te llevaré a un médico —dictó apartando de la cara de la mujer los cabellos que pretendían cubrirla.
Así se percató de lo pálida que estaba y de lo fría que se sentía su piel.
—No. Tenemos que hablar y yo debo recoger mis cosas e irme de la mansión. No puedo seguir aquí después de todo esto.
—Tú no irás a ningún lado —soltó él con enfado—, y menos en esa condición.
Elena se giró con brusquedad para discutir con él y hacerle entender que su presencia en esa casa podría producir algún problema serio, ya que si Dairus y Ángelo lograban hacer pública su verdad, se levantarían habladurías contra él que lo afectarían.
No fue capaz de decir una sola palabra porque experimentó un mareo que la obligó a sostenerse del hombre.
Adrián se alarmó por su estado.
—Decidido. Vamos ya a un médico —sentenció y la ayudó a sentarse en la cama y prepararse para salir con él.
Elena no quería hacerlo, pero debía admitir que no estaba en las mejores condiciones para hacer valer su voluntad. El impacto por todo lo descubierto esa mañana la dejó muy débil.