La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 58. Una situación incómoda.
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Capítulo 58. Una situación incómoda.

Jacob estuvo todo el camino sumido en un monólogo sobre lo grandiosa que había la noche a pesar del poco tiempo que estuvieron en la fiesta. Por primera vez, había llamado la atención de muchos, resultando el centro de atención, y todo gracias a la gran compañía que había tenido.

—Isabella, no sé si lo has notado, pero despiertas en la gente que te rodea un gran interés —comentó, sonriente.

La mujer quiso mostrar también una sonrisa, pero la preocupación no se lo permitía. No consideraba nada relevante lo que él expresaba, mucho menos, ese efecto que decía que ella poseía. Solo tenía el ego por las nubes.

—Lamento que te hayas sentido tan mal esta noche —siguió él—. Tal vez fue la champaña lo que te sentó mal, y eso que solo te tomaste una copa. Si nos hubiésemos quedado otra hora, habríamos hecho historia.

—Tú habrías hecho historia si te hubieses quedado —soltó ella, cuando entraban en el estacionamiento delantero de la casa—. Saltar de mí a compartir tu tiempo con unas herederas millonarias, hubiese subido aún más tu status frente a esa sociedad.

—Nooo —expresó divertido, al tiempo que aparcaba el auto—. Me habría dejado como un canalla, alguien con muy poca lealtad, Además, para serte honesto, hoy solo quería estar contigo —reveló eso último dedicándole una mirada que a ella la inquietó.

La intensidad de sus ojos era tan abrumadora, que parecía gritar todos los deseos que palpitaban en su pecho. Jacob no se medía en sus intenciones hacia ella, era directo y trasparente.

Elena se sintió incómoda y abrió la puerta para bajar, pero él la retuvo.

—Espera, ¿por qué en vez de quedarte en esta mansión esta noche, no vienes a mi casa y continuamos la fiesta en un ambiente más privado?

Ella arqueó las cejas, algo asustada.

—¿A tu casa? No puedo. Mañana temprano debo atender a los trillizos.

—¿Mañana domingo? —preguntó con tono de burla.

—Sí, tengo un contrato de trabajo extendido con Adrián, que incluye los fines de semana.

Él se mostró sorprendido al inicio, luego sonrió con decepción y negó con la cabeza. El reproche podía descifrarse en su semblante.

—Así que Adrián te aseguró para toda la semana —dijo como si estuviese aseverando una sospecha.

Elena apretó el ceño, confundida, pero quería salir de ese auto cuanto antes, así que aplicó un poco de fuerza para librarse de su agarre y salir.

—Disculpa, Jacob. De verdad me siento mal del estómago, quiero irme a la cama.

—Lo siento —pidió él, pero no dejó de retenerla—. ¿No tendré un beso de despedida?

Ella se horrorizó por su exigencia, más aún cuando lo vio acercarse con claras intenciones de besarla en los labios. Se inclinó hacia el lado contrario, haciendo algo más de fuerza para soltarse de su agarre, pero él la sostuvo con mayor firmeza, impidiéndolo.

Elena creyó que el beso sería inminente, que no tendría como esquivarlo, pero entonces, la puerta de la mansión se abrió y Charles, el mayordomo, apareció parándose con postura rígida bajo el umbral, como en espera de que ella entrara. No llevaba su uniforme de trabajo, sino ropa normal.

Su presencia obligó a Jacob a alejarse y soltarla. La mujer enseguida bajó del vehículo y cerró la puerta inclinándose para asomarse por la ventanilla.

—Gracias por esta noche —dijo tratando de mostrar una sonrisa de agradecimiento, pero estaba tan inquieta que le salió un poco temblorosa. Luego se apresuró por entrar en la casa, saludando a Charles con una venia.

El mayordomo le dirigió una mirada y una sonrisa cómplice dejándola entrar, después se despidió de Jacob con otra venia y cerró la puerta con llave. Así le dejaba en claro que debía irse y dejarlos en paz.

El alivio que sintió Elena al estar dentro de la mansión fue enorme. Estaba muy agradecida por la repentina salida de Charles, aunque a la vez, confusa.

¿Qué hacía ese hombre levantado a esa hora, esperándola? ¿Cómo fue capaz de aparecer en el momento indicado para salvarla de una situación incómoda?

Se detuvo en el vestíbulo para encararlo y preguntarle, pero al ver aparecer a los trillizos entendió todo.

—¿Qué hacen despiertos a esta hora? —los regañó, apoyando las manos en su cintura.

Ellos se mostraron algo apenados, aunque con un brillo de determinación en sus ojos claros.

—¿Estás bien? ¿Te hicieron algo? —quiso saber Theo.

—Claro que estoy bien. —Allí recordó que Adrián había ido por ella a la mansión de Miles Royce porque ellos lo habían llamado, pidiendo que la rescatara de algo malo que habían escuchado—. ¿Por qué molestaron a su padre pidiéndole que fuera por mí? Les pedí confianza.

Ellos compartieron una mirada preocupada, pero se irguieron, demostrando que no estaban arrepentidos por lo hecho.

—Escuchamos a Jacob decirle a otro hombre que en esa fiesta iban a descubrirte y no tendrías escapatoria. Nos preocupamos —respondió Max muy serio.

—Tuvimos miedo de que algo malo te sucediera —agregó Leo, aferrándose a las muletas para mantener el equilibrio.

Elena sintió miedo por esa confesión. ¿Descubrirla? ¿De qué? ¿Y, por qué? ¿Acaso Jacob sabía quién era ella en realidad y lo que estaba haciendo en esa casa?

Compartió una mirada nerviosa con Charles. Por un momento no supo qué hacer.

—Mejor suban todos a las habitaciones —propuso el mayordomo—, así descansan, porque para todos ha sido un día muy largo. Mañana hablan sobre el tema acompañados por el señor McGrath.

Sus palabras hicieron que ella recordara a Adrián, quien había quedado en la fiesta retenido por Miles Royce. Quizás, siendo víctima de algún tipo de extorsión. Eso la hizo comprimir el rostro en una mueca.

—¿Dónde está papá? —preguntó Max, ceñudo, como si se hubiese percatado de su preocupación.

—¿Por qué no vino contigo? —exigió Theo.

—Nos dijo que te traería a casa —completó Leo.

Ella los miró con inquietud.

—Regresará pronto. Aprovechó la ocasión para conversar con unas personas interesadas en el servicio que ofrece su empresa.

Los niños se observaron entre sí, extrañados.

—¿Te dejó venirte sola con Jacob Pierce, a pesar de lo que le dijimos que había dicho de ti? —soltó Theo con un rastro de decepción en su voz.

Elena no supo qué responder. No quería contarles todo lo sucedido en la fiesta y el motivo por el que ella había salido de allí con Jacob sin que Adrián supiera.

Volvió a compartir una mirada con el mayordomo, esta vez, como una petición de auxilio. Charles pudo notar su ansiedad, así que se apresuró por obligar a los niños a subir a sus habitaciones y dejar aquella charla para el día siguiente, permitiéndole a la mujer descansar.

A regañadientes ellos aceptaron y fueron con él a sus habitaciones.

Elena quedó allí unos minutos, controlando sus nervios y su arrepentimiento. No debió irse de esa mansión dejando solo a Adrián, rodeado por esa jauría de bestias que anhelaba acabar con él.

Ahora no podría estar tranquila hasta que él regresara.