La falsa niñera de los trillizos del CEO Capítulo 53. Desconfianza.
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Capítulo 53. Desconfianza.

Desde la aparición de Adrián, Elena sintió que algo había cambiado dentro de ese salón. La atmósfera era diferente.

Las conversaciones bajaban de volumen cuando él pasaba cerca, las miradas se deslizaban con mayor cuidado y, como si fuera inevitable, Jacob apareció de nuevo a su lado cuando ellos salieron de la pista.

—¿Disfrutaron el baile? —preguntó el hombre mirando hacia las manos enlazadas de ellos con recelo y extendiendo hacia Elena la copa de agua que había pedido antes.

Ella agradeció el gesto y aprovechó la ocasión para soltar a Adrián y recibirla, así no levantaba sospechas.

—La música es exquisita —dijo el hombre, enzarzándose con Jacob en un debate silencioso de miradas severas. Hasta que Jacob decidió enfocarse de nuevo en la mujer.

—¿Necesitas otra cosa? Si quieres vamos a comer algo a la mesa de los aperitivos.

Adrián tensó la mandíbula al verlo acercarse mucho a ella y posar una mano de forma casual en su cintura. Elena notó su estado y se acomodó para evitar el contacto.

—Estoy bien —respondió—. Gracias.

Jacob no se rindió.

—Hay una terraza preciosa en la parte norte del salón, mucho más tranquila. Podríamos ir a tomar aire.

La invitación no era inocente. Elena lo sabía y Adrián también. Más aún, al ver que Jacob se mantenía cerca de la mujer buscando cualquier oportunidad para tocarla.

Pero Adrián no se quedó atrás. La forma en que se colocaba con ligereza delante de ella cuando alguien pasaba por su lado y el calor de sus dedos rozando su espalda baja, con naturalidad posesiva, la tenían encendida. El hombre marcaba su territorio con discreción.

Miles Royce, siempre atento a lo que sucedía dentro de su salón, no tardó en notar la tensión y se acercó con paso seguro hacia el trío buscando intervenir.

—Adrián. Justo quería presentarte a unos socios que podrían interesarte.

Él lo observó con expresión alerta.

—¿Socios?

—Inversores de Shanghái —explicó Miles, y señaló con su copa hacia un grupo de hombres elegantes que conversaban cerca de uno de los grandes espejos—.

Están considerando expandir su red logística hacia América, así que requieren hacer una cantidad importante de envíos desde Asia.

Mercancía tecnológica y farmacéutica, muy rentable.

El corazón de Adrián dio un salto profesional. Una oportunidad así no aparecía todos los días. Los chinos no solo serían clientes constantes, sino que ellos solían manejar cargamentos amplios que requerían de una gran inversión, pero también, dejaban grandes ganancias.

—Suena interesante —admitió.

—Lo es —aseguró Miles—. Y están interesados en contactar a empresarios que ya hayan manejado crisis logísticas complejas con éxito. Les acabo de hablar de ti y de lo que sucedió con tu barco y quieren conocerte.

El mensaje fue claro. El asunto del barco perdido y recuperado podía convertirse en una carta de presentación con clientes más importantes.

Adrián miró hacia el grupo donde se encontraban tres hombres de rasgos asiáticos vestidos con traje oscuro, uno de ellos mayor, que lo veía con gesto sereno y mirada afilada. Todos lo observaban desde la distancia con interés. Ir con ellos sería el inicio de una apuesta segura.

Como empresario no podía ignorar esas señales, pero eso implicaba dejar a Elena a solas con Jacob. La tensión le recorrió el pecho.

En ese momento, uno de los chinos más jóvenes, como si hubiese percibido su vacilación, se acercó hacia ellos y extendió la mano.

—Señor McGrath —saludó en un español impecable—. Es un honor conocerlo. Hemos oído opiniones positivas de usted y nos enteramos de su excelente manejo sobre cierta complicación marítima que se le presentó con una mercancía que trasportaba desde Europa.

Adrián no tuvo margen de maniobra. La oportunidad se materializaba frente a él de forma concreta y estratégica. Rechazarla sería absurdo.

Miró a Elena un segundo, recibiendo de ella una sonrisa de comprensión.

—Fue un asunto difícil —expuso hacia el chino—, pero aprendí a no rendirme ante los inconvenientes. Muchas personas dependían de esa mercancía. No iba a permitir que perdieran su inversión ni sus esperanzas.

El chino sonrió con amplitud.

—Me gustaría presentarle a mis socios. ¿Le molestaría acompañarme?

Adrián aceptó con una sonrisa, aunque compartió una última mirada con Elena antes de seguirlo.

A pesar de no querer separarse de ella, resultaría de muy mal gusto invitarla a ir con él. Elena había acudido a esa fiesta con Jacob, sería descortés separarlos sin un motivo aparente, pero les había prometido a sus hijos cuidarla, por eso no quería alejarse.

Con disimulo, ella alzó su pulgar para animarlo a continuar. Él asintió, decidiendo dar el paso. Aunque se mantendría atento desde la distancia, dispuesto a actuar en cualquier momento si fuese necesario.

Finalmente se marchó con el asiático. Miles lo acompañó con gesto satisfecho. En cuestión de segundos, Elena quedó sola frente a Jacob. El vacío que dejó Adrián fue inmediato, sintió una punzada de decepción que la sorprendió.

Jacob aprovechó la grieta para acercarse más.

—Siempre tan ocupado —comentó con suavidad—. Parece que nunca tiene tiempo suficiente para lo que realmente importa.

Elena lo miró con reproche.

—Lo que importa para él no siempre es entendible para los demás.

El hombre alzó las cejar ante su réplica, aunque enseguida contraatacó.

—¿Y tú? —preguntó provocativo—. ¿Qué es lo que importa para ti?

Ella no respondió. Solo miró hacia el grupo donde Adrián conversaba con los socios asiáticos, notando que, a pesar de estar concentrado en la charla, él por momentos desviaba su mirada hacia ella como si necesitara confirmar que seguía allí.

Elena respiró hondo y se obligó a serenarse y recordar su misión de esa noche. No había ido a esa fiesta solo como acompañante, sino a observar, escuchar y entender a los presentes.

Desde la distancia vio como Jeremy y Norman se tensaban por el hecho de que Adrián estuviese conversando con los extranjeros. Eso la obligó a cambiar el enfoque.

—Dime algo, Jacob —preguntó con tono ligero—. ¿Qué opinas en realidad sobre esa posible alianza de Adrián con los socios asiáticos?

Él pareció sorprendido por el giro.

—Depende de quién la controle —respondió—. Si McGrath logra consolidarla, su influencia crecerá demasiado.

—¿Y crees que eso podría ser preocupante para alguien?

El hombre sonrió.

—En los negocios, siempre preocupa cuando alguien se fortalece más rápido que tú. Eso te empuja a volverte agresivo.

Su sinceridad la desconcertó, pero antes de que pudiera profundizar sobre el tema, dos figuras se acercaron con paso calculado. Se trataba de Dairus Cohen y de Ángelo Towsen.

Elena sintió una mezcla de ánimo e inquietud. Ellos eran piezas clave en el entorno de Adrián y también eran parte de las miradas sospechosas de la noche.

—Vaya, Adrián McGrath se decidió a venir a esta fiesta —comentó Dairus con cordialidad forzada y miró a Elena de pies a cabeza con un rastro de reproche.

—Es que resolvió su problema con el barco perdido —habló Jacob con tono de burla.

Tanto Dairus como Ángelo tensaron un instante sus rostros ante la noticia. Ángelo además, lanzó una ojeada hacia el grupo donde Adrián conversaba.

—Impresionante, y veo que además ya está haciendo nuevas amistades.

—Miles lo promocionó entre los asiáticos —reveló Jacob, como si aquello ahora le divirtiera. Parecía mofarse de aquellos dos hombres.

—Los negocios nunca descansan —comentó Ángelo—. En especial cuando hay rutas nuevas en juego —dijo, fijando unos segundos su atención en la mujer.

Dairus hizo un comentario entre dientes que Elena no pudo entender. Creyó que se trataba de maldiciones o gruñidos de insatisfacción, pero no podía asegurarlo.

Seguía evaluando las reacciones de los hombres porque estos se mostraban cada vez más enfadados, parecía que no estaban felices con el giro repentino de los hechos de esa noche.