Capítulo 49. Advertencia.
Elena salió del baño un poco más tranquila. Se detuvo un segundo frente a uno de los tantos espejos que habían en el pasillo de camino al salón para recomponerse.
Alisó con los dedos el vestido, respiró hondo y ensayó su expresión neutra, casi elegante. No podía permitirse parecer alterada.
Avanzó un par de pasos hacia el salón principal, pero se detuvo al encontrarse con Jeremy Cohen, quien parecía estar esperándola.
El hombre estaba apoyado con postura despreocupada contra una columna, con una copa en la mano y una sonrisa que no alcanzaba a tocarle los ojos.
—Señorita Reed, no esperé hallarla también en esta fiesta.
Ella sintió un ligero escalofrío, pero se obligó a sostenerle la mirada.
—Señor Cohen. Buenas noches.
Él la recorrió con una mirada breve, evaluadora. Eso la inquietó más.
—Te ves bien. Ese es otro vestido elegante no habitual en las niñeras. Creo que McGrath paga muy bien, aunque no lo veo por aquí.
—Atiende asuntos de trabajo —respondió muy seria.
El hombre sonrió de medio lado.
—En los círculos sociales que habitúo, por días no se habló de otra cosa que no fuese la niñera valiente que puso su vida en riesgo por dos de los trillizos McGrath. Eres toda una celebridad. Supongo que estás orgullosa de tu fama.
—No actué buscando fama, solo hice lo que cualquiera habría hecho. Y lo que volvería a hacer si esos niños llegan a verse de nuevo en peligro —garantizó con tono determinado.
—Veo que eres capaz de hacer lo que sea por los McGrath. ¿No es así?
La pregunta vino acompañada de una mirada tan intensa y escrutadora que Elena no pudo evitar estremecerse.
—Esos niños eran mi responsabilidad en esa fiesta y por mi descuido terminaron metidos en ese problema.
Él mostró de nuevo una sonrisa lobuna y se aproximó a la mujer un paso.
—Dime algo, Isabella. Hace un par de semanas te vi salir de la casa de los Ferguson por el área de servicio, bastante apurada. ¿Eso también fue algo especial que hiciste por los McGrath? —consultó, con expresión desafiante.
Elena perdió los colores del rostro por esa pregunta.
—¿Perdón? —atinó a decir, nerviosa.
—Yo estaba allí por asuntos sociales —dijo desestimando el tema—.
Eugene es un gran amigo de mi familia. Lo esperaba mientras hablaba por teléfono cuando escuché un sonido en el jardín, al mirar por la ventana te vi.
Cojeabas, estabas mal por lo sucedido en la fiesta, sin embargo, allí estabas, haciendo hasta lo imposible por un McGrath.
¿Qué hacías en esa casa? Eugene no esperaba visita, además de la mía.
Elena quedó sin habla por un momento, sin poder disimular los nervios. No podía delatar a los niños, pero aquel hombre no solo podría descubrir con facilidad alguna de sus mentiras, sino que sería capaz de hacerle a Adrián algún comentario que revelaría lo sucedido ese día.
—Fui a… llevar una encomienda de uno de los trillizos para Melany, la hija de Ferguson.
—¿Para Melany?
Jeremy arqueó las cejas, sorprendido.
—Sí es…
Aunque no le gustaba la treta, decidió usar la misma mentira que aplicó con Jacob. Al menos, esa era menos inquietante en caso de que saliera a la luz.
—Uno de los trillizos está interesado en Melany y por la situación ocurrida en la mansión, ellos no pudieron despedirse como era debido y el chico quedó algo angustiado. Me rogó que le llevara una carta explicándole lo que había sucedido.
Jeremy la observó con los ojos muy abiertos, sin poder creerse lo que escuchaba.
—¿Una carta?
Ella comprimió el rostro en una mueca.
—Por favor, no se lo digas a Adrián ni a Eugene. Aunque son cosas de niños, para ellos es una situación muy importante y estresante. Déjalos que vivan tranquilos su romance infantil. ¿Puedes guardarme el secreto?
Jeremy seguía paralizado. Trataba de asimilar aquella información, que no era para nada lo que había imaginado. Luego soltó una risa empañada con cierta decepción.
—Oh, un romance infantil —repitió tratando de internalizar la frase.
—¿Guardarás el secreto?
Ahora el hombre la observó con mayor interés.
—Vaya, tenemos un secreto para compartir, Isabella Reed. Esto sí que es una gran novedad.
A ella le incomodó la forma en que el hombre la veía, muy similar a la usada por Jacob cuando le pidió el favor de guardarle también el secreto. Ambos hombres parecían cortados con la misma tijera.
Antes de que pudiera agregar algo más, una mano firme se posó en la espalda de Elena que la hizo estremecer.
—Aquí estabas —habló Jacob, con una sonrisa que no ocultaba del todo su posesividad—. Te estuve buscando.
Ella se giró hacia él con alivio inmediato. Su aparición la salvaba de seguir hablando con el otro sujeto.
—Iba de regreso, pero me detuve a saludar a Jeremy.
Los hombres se midieron con la mirada antes de saludarse con una venia.
—Estábamos poniéndonos al día con lo sucedido en la anterior fiesta —contestó Jeremy—. Su valentía por ayudar a los trillizos McGrath fue conocida en toda la ciudad.
Jacob sonrió con diplomacia y apretó con ligereza el brazo de ella.
—Sí que fue una acción muy valiente. Isabella es grandiosa en todos los aspectos, pero… nos tendrás que disculpar, Jeremy. Vine para invitarla a bailar.
Jeremy levantó su copa en un gesto casi burlón.
—Por supuesto. Disfruten la noche.
Elena se dejó guiar por Jacob hacia la pista sintiendo todavía el peso de la mirada de Jeremy en la espalda. Cuando por fin estuvieron rodeados de música y cuerpos en movimiento, respiró con más libertad.
—¿Todo bien? —preguntó Jacob acercándose para hablarle al oído—. Te noté tensa.
—No era nada —mintió—. Solo necesitaba un poco de aire.
Él la atrajo más hacia sí, complacido por la cercanía.
—Te ves espectacular esta noche —aseguró—. No dejo de recibir palabras de envidia por haberte traído.
Ella esbozó una sonrisa automática, pero su mente estaba lejos. No podía dejar de pensar en el hecho de que Jeremy la hubiese descubierto en la casa de los Ferguson. Eso le trajo a la mente las palabras que le había escuchado decir en aquella oportunidad:
«Tranquilo, se lo advertiré. Él sabe en lo que está metido».
¿Qué se traía Jeremy Cohen con Eugene Ferguson?
«Jeremy siempre se junta con gente complicada. Sobre todo, con quienes están en contra de Adrián», le había advertido Jacob el día en que hablaron en la clínica, mientras atendían a Leo.
Esa relación de Jeremy con Eugene, ¿tendría algo que ver con Adrián?
Al dirigir por un instante su atención hacia Jeremy, lo descubrió observándola con fijeza aún desde su posición junto a la columna. Elena sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Aquello le pareció una mirada de advertencia.