Capítulo 47. Una calle sin palco
Al marzo siguiente, la comisión del Mirall plantó una falla más pequeña. No hubo zona reservada ni balcón para patrocinadores. Las cuentas estaban expuestas en un tablón junto a la caseta: madera, pintura, seguros, música, pirotecnia y salarios.
La pieza de Pau mostraba un edificio cuyas ventanas eran facturas transparentes.
En la base figuraban los nombres de todas las personas que habían trabajado, desde los artistas hasta quienes montaron las vallas.
La madre de Alba había pedido que el de su hija no se usara como lema ni como reclamo del monumento. La comisión respetó la decisión.
Con parte del presupuesto reservado crearon una plaza remunerada de administración para una persona joven. El contrato publicaba horario, salario y responsable. No llevaba el nombre de Alba. Aina ayudó a redactarlo y se negó a elegir a quien la ocuparía.
Neus envió una fotografía a Roser, y Roser se la reenvió a Mara. No decía si el monumento era bueno. Solo añadía que la empresa pirotécnica autorizada había documentado cada carga y que el servicio de prevención había firmado el acta del dispositivo.
La cremà se celebró a la hora prevista. El fuego comenzó por la base y subió de manera uniforme. Los papeles pintados se curvaron, las ventanas perdieron sus cifras y el edificio cayó hacia dentro. Los bomberos esperaron hasta que no quedó estructura.
No apartaron ninguna pieza antes del encendido. Lo construido para arder ardió. Lo que debía durar estaba en las nóminas abonadas, el contrato nuevo y las cuentas que cualquier vecino podía leer sin pedir permiso.
Mara vio el vídeo sin sonido en Huelva. La cámara no buscó un objeto salvado ni una placa entre la ceniza. Al terminar, Neus enfocó el tablón de gastos y después apagó el teléfono.