Capítulo 42. La acusación sin relato
Berta fue puesta a disposición judicial dentro del plazo legal.
Su abogado atacó la precisión de la pulsera, el perfil parcial de ADN y la credibilidad de Guillem.
Los primeros informes forenses constaban de forma provisional; las periciales definitivas se incorporarían durante la instrucción.
Ninguna objeción eliminó el conjunto de indicios disponible en aquella comparecencia.
La fiscal expuso que la hora no dependía solo del dispositivo; coincidía con la autopsia, la actividad informática y los accesos.
El contacto no dependía solo del ADN; lo sostenían las fibras, la sangre en la chaqueta y la herida de Berta.
El traslado no dependía solo de Guillem; estaba registrado por el peso, el vehículo, las fotografías y los mensajes recuperados.
El arma contenía sangre protegida dentro de la rosca. La sustitución fue ordenada antes de descubrirse el cuerpo. La cinta encajaba físicamente con el tramo del coche. Berta conocía la denuncia preparada por Alba y recibía dinero mediante Métrica Once Gestión.
La investigada no declaró.
El juzgado acordó prisión provisional. En resoluciones separadas impuso medidas a Calatayud, Valls, Seguí, Soler y Guillem. Leo Cervera quedó sujeto a otra causa por las cargas y la seguridad del acto.
Al salir, Aina preguntó a Mara si el silencio de Berta dificultaría el juicio.
—Tiene derecho a no declarar.
—Entonces nunca sabremos qué le dijo Alba.
—Puede que no.
La investigación podía reconstruir acciones sin apropiarse de las últimas palabras de una víctima. Convertirlas en una frase perfecta habría satisfecho a otros, no a Alba.