La falla que no ardió (Casos de Mara Cid 5) Capítulo 41. Lo que hizo Guillem
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Capítulo 41. Lo que hizo Guillem

Guillem Franch aceptó declarar de forma completa con asistencia letrada. La fiscal no le prometió impunidad. Su información sería valorada junto con sus actos.

Contó que Berta lo llamó después de matar a Alba y que él eligió obedecer. Pudo avisar a emergencias, abandonar el almacén o negarse a mover el cuerpo. En cambio, lavó el suelo, ocultó el arma, transportó el módulo y selló la cavidad.

El arma era el contrapeso antiguo que faltaba.

Guillem lo limpió en el fregadero, lo envolvió en plástico y lo dejó dentro de una arqueta de pluviales situada detrás de la nave.

Antes de separarse, Berta le dijo que pediría una pieza idéntica para que el inventario volviera a sumar doce.

Acompañó a los agentes hasta la arqueta.

El paquete seguía bajo la tubería, cubierto de barro.

El laboratorio distinguió las dos piezas sin dificultad.

La nueva no tenía marcas de uso. La recuperada conservaba el número punzonado de Llevant, una muesca compatible con la herida y sangre de Alba protegida en el interior del casquillo roscado, adonde no había llegado el lavado.

Las fibras de papel azul atrapadas en la grasa coincidían en composición con las carpetas del despacho, sin permitir atribución exclusiva.

Guillem explicó también por qué el cuerpo había quedado dentro aunque el fuego no pudiera borrarlo por completo.

Debía incorporarse al equipo oficial de limpieza después de la cremà.

Entre ceniza, agua y estructura caída, retiraría el teléfono, el metal y cualquier resto reconocible que sobreviviera, y los cargaría con los escombros destinados a una cuba controlada por Llevant.

El propósito era degradar la causa de la muerte y mezclar los rastros antes de una inspección, no hacer desaparecer cada hueso.

También había coordinado durante dos años las rutas de tabaco. Sabía qué contenían los dobles fondos y cobraba por cada viaje. Los conductores recibían una parte menor y asumían el riesgo visible.

—Pensé que Calatayud nos sacaría de cualquier cosa —dijo.

—¿También del cadáver? —preguntó Belda.

Guillem tardó en contestar.

—Sobre todo del cadáver.

Entregó una copia de seguridad que había guardado como protección. Incluía órdenes de Berta y Calatayud, tablas de reparto y una fotografía de Mateu Valls recibiendo un sobre durante una cena. La imagen apoyaba las cuentas, aunque no mostraba el contenido.

Su testimonio fortalecía la causa, pero la autoría de Berta ya se sostenía sin él. Esa independencia importaba porque Guillem tenía motivos para reducir su responsabilidad.

Respondió por encubrimiento, ocultación de cadáver, contrabando y pertenencia a organización. No había tocado la cinta durante la agresión. Había hecho posible que el cuerpo llegara hasta el fuego.

Cada paso conservó su propio nombre.